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Crítica de cine: ‘La noche de la expiación’

Actualizado el 14 de octubre de 2013 a las 12:00 am

Todo se puede. Justicia por la libre

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Crítica de cine: ‘La noche de la expiación’

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Tráiler de ‘La noche de la expiación’ (2013).

No es inútil el concepto del filme La noche de la expiación (2013), escrito y dirigido por James DeMonaco, cuando muestra una sociedad violenta que, con perspectiva de economía neoliberal, abre una noche al año para que haya una especie de selección natural de la gente por medio del crimen.

Terror y política.  Película de pretendida denuncia social, narra su crítica dentro del terror, pero le falta valentía para decir lo que debía decir.   Cortesía de Discine
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Terror y política. Película de pretendida denuncia social, narra su crítica dentro del terror, pero le falta valentía para decir lo que debía decir. Cortesía de Discine

El filme sucede en el año 2022, en Estados Unidos, luego de que un prólogo narrativo muestra lo que ha sucedido otras noches de años anteriores, durante la llamada purga, que consiste en lo siguiente: a lo largo de una noche, todas las personas tienen permiso para delinquir como quieran y contra quienes quieran.

Esa noche se acaban las bondades humanas. Ello es parte de un país distópico con un gobierno llamado Nueva Fundación, que proclama la idea de que los Estados Unidos es un país renacido y totalmente bendecido.

Según ese gobierno, para alivianar los instintos agresores de sus ciudadanos (el tánatos social), durante una noche, del 21 al 22 de marzo cada año, se puede asesinar, violar y cometer el crimen que sea.

La película es clara al respecto: los ricos saben protegerse con casas blindadas, ellos tienen con qué. Por eso, quienes se oponen a la medida manifiestan que todo es un pretexto oficial para eliminar a pobres, enfermos y a minorías de cualquier tipo. En realidad, se trata de un gobierno fascista.

Este punto crítico lo pierde rápido el filme y, así, La noche de la expiación termina por ser un juego de suspenso medianamente logrado. Su argumento es de maromero, porque sabe dar vueltas en el aire, aunque luego caiga de nalgas al piso. O sea, el problema de la película está en su tratamiento fácil de un tema difícil.

Por supuesto, de pronto algunos personajes con dinero se ven en la contradicción de ser víctimas de aquello que han apoyado (las purgas sociales); pero aún esto, el filme lo muestra sin el mejor diseño de personajes y sin análisis sustantivo de los polémicos sucesos.

El asunto se reduce a un cine de acción bastante común, con suspenso de ocasionales buenos momentos y con secuencias realmente jaladas del pelo. Hay que aceptar que el filme tiene logros visuales dentro de la violencia que se desata en la casa de una familia adinerada, a la que le violentan su sistema de seguridad.

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Es eficaz el uso de la música; sobre todo, los arreglos de la Suite bergamas que con su Claro de Luna , del compositor francés Claude Debussy. Las actuaciones no están a la altura, es como si no existiese química alguna entre Ethan Hawke y Lena Headey. Tal vez se pueda destacar el trabajo secundario de la joven actriz Adelaide Kane, como Zoey, la hija adolescente.

En resumen, por su tratamiento deficitario, por falta de agudeza crítica o por temor ideológico, esta película desperdicia una buena temática. Le falta percepción del asunto (esto es: unir causas y efectos) y, por ahí, cumple con el dicho aquel de que “ningún mono se ve el rabo”.

Aunque la acción sucede en el futuro, se sabe que hay semejanzas históricas en el pasado; por ejemplo, la vergonzosa Matanza de San Bartolomé, la noche del 23 al 24 de agosto de 1572, en París, cuando –al amparo oficial– los católicos se dieron gusto matando hugonotes (calvinistas).

Lástima que esta película no pase de hacer cine de terror mediano, de ese que dictan los manuales más conservadores del cine.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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