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Crítica de cine: El médico

Actualizado el 03 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

Lo asombroso del filme El médico es la manera en que el director Philipp Stölzl, ¡increíble!, logra articular un relato tan disímil y darle la más justa coherencia.

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Filme valioso. Las actuaciones de Tom Payne y de Emma Rigby no son las mejores, pero ello no evita que la crítica recomiende la película alemana El Médico , de Philipp Stölzl. FOTO CORTESÍA DE ROMALY.

De primera entrada, he de confesarles algo: me encantan los médicos de las películas de vaqueros, esos que sacan balas emborrachando pacientes y alcoholizando la propia herida.

Entonces, el cine no era asunto ético para la profesión médica. También hay médicos a palos, como el pobre y vagabundo de Sganarelle en la conocida comedia de Molière. Imposible no citarlo. El público recuerda mucho a Patch Adams, encarnado por Robin Williams.

De no acabar, pero lo importante es que el cine se ha servido de la medicina y de los médicos para hablar de algo importante: cultura, arte y ciencia, con Frankenstein incluido.

Ahora me ha sorprendido de la mejor manera un filme alemán que nos llega con el escueto título de El médico (2013), dirigido con buen gusto, criterio estético y eficacia por Philipp Stölzl, a quien se le debe la versión fílmica de esa joya epistolar de la literatura romántica, titulada Las desventuras del joven Werther , escrita por Goethe.

Tráiler de la película El médico (Youtube)

Philipp Stölzl retoma otro éxito editorial moderno, escrito por Noah Gordon, y logra verter los distintos aspectos de la novela mediante una muy cuidadosa y casi perfecta puesta en imágenes: con minuciosidad de relojero.

Trama. La historia se ubica en el Londres del siglo XI, época de una Europa decadente, donde para ser médico bastaba con ser barbero. Luego de la muerte de su madre, el joven Rob Cole decide ser médico de los mejores.

Para eso, debe viajar a Persia, a Isfahan, porque en Oriente está lo mejor del conocimiento clínico. El problema es que dicha región se debate en tontas y encarnizadas luchas religiosas entre musulmanes o entre judíos.

El joven Cole es cristiano, lo cual es sentencia de muerte, por lo que se circuncida a sí mismo y se hace pasar por judío. Sus estudios coinciden con la llegada de la peste negra y con su práctica prohibida por todas las religiones: él es cirujano a escondidas. Hay más.

Rob se enamora de la bella castellana Rebeca, traída para casarse con un judío poderoso. Al quedar embarazada de Rob, ella será condenada a la lapidación.

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Buena dirección. Lo asombroso del filme El médico es la manera en que el director Philipp Stölzl, ¡increíble!, logra articular un relato tan disímil y darle la más justa coherencia.

Se llama magia narrativa o, más exactamente, talento para relatar con imágenes.

En ese viaje de factores tan distintos que van uniéndose, Stölzl logra emociones estéticas con la huella de su ojo, la presencia de la fotografía y el arte del subrayado con la música.

Igual es sinergia etérea, cercana a la perfección, la unión de distintos géneros cinematográficos para alcanzar una calidad emocional superior. De aplaudir.

Lástima las actuaciones: no son convincentes a la altura del filme, excepto Stellan Skargard, cuyo personaje es de poco tiempo en escena. También podríamos salvar a Ben Kingsley, pero nunca al resto del elenco.

No sé si será muy académico afirmar que esta película, dentro de su arte, es una arqueología de la mirada médica, según el concepto de Michel Foucault: la primera tarea del médico es política. No se pierdan este filme.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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