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Crítica de cine: ¡Hay magia!

Actualizado el 17 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

El hobbit en cine. Fino sentir plástico

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                         El actor Ian McKellen parece el histrión natural para encarnar al mago Gandalf y este encuentra en el actor la presencia que necesita para el cine.  DISCINE PARA LA NACIÓN.Tal para cual.
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El actor Ian McKellen parece el histrión natural para encarnar al mago Gandalf y este encuentra en el actor la presencia que necesita para el cine. DISCINE PARA LA NACIÓN.Tal para cual.

La literatura y el cine son dos lenguajes absolutamente distintos, aunque ambos se utilicen para narrar. Por eso, para mis críticas, de plano rechazo cualquier comparación de la película con la obra literaria que le sirve de base. Sucede ahora con la película El Hobbit: Un viaje inesperado (2012), dirigida por el neozelandés Peter Jackson, excelente realizador.

Al ver este filme, pronto nos damos cuenta que estamos ante un extendido derroche tecnológico que, en manos de Jackson, se convierte en delicioso festín digno de la mejor plástica en movimiento.

Todo el metraje de la película nos confirma esta observación. Con Peter Jackson, no se trata de un ejercicio tecnológico en morfología digital: ¡no es solo eso! En cada secuencia, plano a plano, hay una vivencia artística de lo visual y, además, inteligencia para aprovechar bien el lenguaje del cine y enriquecer dicho compromiso estético.

El Hobbit: Un viaje inesperado es mucho más que el sincero y abierto compromiso de un autor cinematográfico, como Jackson, con su arte.

En efecto, es también la complicidad creativa de un buen equipo de guionistas para cumplir la tarea difícil de recrear para la pantalla, desde sus instintos, la narrativa literaria de John Ronald Reuel Tolkien.

Ese equipo de guionistas está conformado por Fran Walsh, Philippa Boyens, el propio Jackson y el mexicano Guillermo del Toro. Desde ahí, la película nos ofrece un paquete de secuencias dignas del mejor género fantástico (así llamado), rico en ideas e imágenes.

Se trata de una estética seductora, con composiciones visuales exquisitas, prácticamente todas en movimiento. Así, los movimientos de cámara son capaces de inquietar por sí solos: comunican sensaciones y, a la vez, generan información. Como Gandalf, el mago de la historia, Jackson hechiza desde la pantalla.

En lo narrativo, el filme mantiene su coherencia interna al estructurar un mundo imaginario que nosotros, espectadores, entendemos como real. El problema de esta película, verdad de Perogrullo, es ser parte de una trilogía, por lo que le saltan sus debilidades.

De ahí, la ausencia de un clímax propiamente dicho, de nudos narrativos, de procesos en sus personajes y de indicios que nos lleven hacia un desenlace. El filme resulta una serie de acontecimientos sin la presencia de conceptos enlazadores entre tales sucesos, lo que afecta el buen fluir de la historia.

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Por su inventiva visual y por algunas mañas narrativas (por ejemplo: el buen uso de la voz en off ), Peter Jackson logra que este primer capítulo de su tríptico sea consistente consigo mismo, como lo pregonaba el propio Tolkien al señalar que los mejores cuentos de hadas son válidos por esa consistencia y por lanzar verdades del mundo feérico a la realidad.

¿Qué debió ser una película con menos minutos de duración? No hay duda: habría ganado en intensidad y ritmo. Por dicha, las buenas actuaciones de todo el elenco le dan sostenibilidad al relato, en concordancia con un director de elegantes maneras y fuerte espíritu.

Espero estar con vida para las próximas películas y seguir la aventura de Bilbo Bolsón de derrotar al dragón Smaug, quien se ha apoderado del reino de los enanos. Por ahora, dejo mi recomendación para ver esta primera parte de la trilogía y disfrutarla.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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