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Crítica de cine: Ser invisible

Actualizado el 27 de marzo de 2013 a las 12:00 am

No es tan fácil En tierra de nadie

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                         Sencillo, agradable y sentido estudio sobre la adolescencia con la buenas actuaciones de Emma Watson, Logan Lerman y Ezra Miller. Es cine independiente que merece la atención cinéfila. ROMALY PARA La Nación.Púberes.
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Sencillo, agradable y sentido estudio sobre la adolescencia con la buenas actuaciones de Emma Watson, Logan Lerman y Ezra Miller. Es cine independiente que merece la atención cinéfila. ROMALY PARA La Nación.Púberes.

He aquí otra película sobre adolescentes con actuaciones exclusivas de histriones muy jóvenes y, digámoslo de una vez, muy buenos. Se titula Las ventajas de ser invisible (2012), película escrita y dirigida por Stephen Chbosky, basada en su propio y exitoso libro.

La psicología ha señalado a la adolescencia como tierra de nadie, tales son los trances que enfrenta el propio adolescente, hombre o mujer, y aquellas personas que están en relación directa con quienes “padecen” esa inevitable y necesaria “enfermedad”: la pubescencia.

Hay que reconocerle al guionista y director Stephen Chbosky su interés por darle una reflexión seria a su argumento y por darle, también, un tratamiento igualmente serio a su cinta. Aquí no hay chabacanadas ni chistes de mal gusto, no hay humor escatológico ni sexo gratuito.

Amores y traumas. La película Las ventajas de ser invisible busca indagar adentro de sus personajes, en los pliegues de sus conductas, de sus visiones de vida, de sus alegrías y fracasos, de sus tristezas y amores y hasta de sus traumas. No es simple, y es lo que, al fin y al cabo, se convierte en su talón débil: al guion le falta más complejidad y más profundidad; por eso, se le siente todavía su génesis de best-seller .

Entiéndase bien: su temática con su tratamiento es lo débil del filme y es también su fuerza. Interesante sin ser paradójico. Lo que sí es cierto es que, en términos narrativos, la película se apoya en la estructura lógica de sus ideas. Lo hace de manera fluida, con ritmo pausado para darnos tiempo de interiorizar, como espectadores, lo que viven los personajes en la pantalla grande.

Con buen uso de canciones, con afortunada atmósfera y ambientación de época, el filme se estructura de manera epistolar, a partir de cartas escritas por su joven personaje a un receptor desconocido. Con la música, son puntuales los temas de David Bowie, The Reivers o The Samples, aunque quien asume una importancia casi protagónica es la

canción Asleep , de The Smiths.

Así, desde las letras o cartas de Charlie, sabemos cómo incide –en él– el suicidio de su mejor amigo y su contradictoria relación familiar, con la presencia constante de una tía en su pasado laberíntico.

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El primer sexo. En lo académico, Charlie es un estudiante brillante, pero muy tímido, capaz de aislarse y de pasar como un sujeto “invisible”. Todo cambia cuando conoce a Sam, chica efusiva de quien se enamora, mientras ella tiene su propio novio. Igual, así conoce a Patrick, hermanastro de Sam, joven homosexual del último curso.

De esa manera, se conformará un mundo muy distinto para Charlie, que pasa por fiestas riesgosas, donde se confunden drogas, el primer amor y la primera sexualidad, mientras se ven películas de terror de los años de entonces, como The Rocky Horror Picture Show (de Jim Sharman, 1975).

La tonalidad del color con la fotografía, con buen uso de filtros, ayuda a darnos una sensación de intimidad con lo narrado. Empero, lo mejor del filme son las actuaciones principales, sobre todo la de Ezra Miller, como Patrick, ese joven alegre, enfrentado a la discriminación y al silencio por su naturaleza homosexual.

La actriz Emma Watson se despoja de las magias vividas junto a Harry Potter y encarna a Sam, muchacha generosa e idealista en un medio lleno de contradicciones generacionales. Por último, Logan Lerman vuelve de la televisión al cine por darnos un convincente Charlie introspectivo y, si se quiere, doloroso.

Buen filme, movido desde la acción de los dilemas o galimatías de sus personajes. Hay vitalismo, pese a la sobriedad de su ritmo (cálculo de tiempos): es cine independiente, ojalá usted pueda verlo, porque apenas está en tres salas del país.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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