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Crítica de cine: La gente grita

Actualizado el 03 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Desde un corto La mamá del miedo

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                         Dos niñas, su tío y la novia del tío conforman el cuadro que da lugar al horror en película exitosa por la eficacia del terror, precisamente.  ROMALY PARA lnGriterío.
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Dos niñas, su tío y la novia del tío conforman el cuadro que da lugar al horror en película exitosa por la eficacia del terror, precisamente. ROMALY PARA lnGriterío.

He de contarles, a sala llena vi la película Mamá (2013), dirigida por Andy Muschietti, y me encontré con un público totalmente agarrado por el filme. Los gritos de los espectadores eran un desordenado coro ante ciertas secuencias de terror, alternados con risas nerviosas o de descanso.

Los varones, más pudorosos con sus reacciones, soltaban por ahí expresiones gruesas, eso que algunos llaman dicterios, como para aliviar sus tensiones. Entonces, no me quedó ninguna duda: la película Mamá (con su tramposo y cálido título) cumplía bien con sus propósitos como cine de terror.

Para medir mi reacción, fui a la farmacia más cercana y mi presión marcó 154 / 100, muestra de que mi objetividad como crítico también alcanzó a ser punzada por el suspenso del largometraje, apadrinado este por el mexicano Guillermo del Toro, gran amador del género fantástico.

Lo cierto es que Mamá se basa en un corto de poco más de tres minutos de su director Andy Muschiettti, quien lo filmó en el 2008 con solo dos niñas, una escalera, una puerta y la “presencia” de un espectro. Guillermo del Toro lo animó a llevar ese corto a la cinta que ahora comentamos. No dudo que habría sido todavía más impactante con un rato menos de metraje.

El filme comienza muy bien. Muy bien. Conforme avanza su relato es que va perdiendo fuerza, porque se alarga innecesariamente en secuencias no siempre importantes e, incluso, de manera reiterativa. Esto afecta de tal manera al argumento, que algunos personajes desaparecen por largos ratos, sin saberse el porqué, o aparecen de pronto, de manera caprichosa.

Hay descuidos evidentes, por ejemplo, personajes que llegan al lugar que suscita el horror con plena luz del día, cambia la escena, y cuando el filme vuelve a la situación anterior, ¡es de noche!, solo porque el director (también coguionista) aprovecha mejor las sombras para estimular el pavor o el sobresalto. Las transiciones narrativas van a golpe de tambor.

Así transcurre la historia sobre un papá que mata a su esposa y pretende matar a sus dos hijas en un bosque, pero algo o alguien las protege y entonces las niñas desaparecen. Un tío insiste en buscarlas. Las encuentra tiempo después. Sin embargo, algo extraño, tal vez monstruoso, viene con las niñas.

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Quien sufre de inmediato ese impacto es la novia del tío, joven roquera y guapa, quien descubre las presencias malévolas que se ciernen sobre la casa. Desde este momento, la trama descansa sobre las muy buenas actuaciones de las niñas Megan Charpentier e Isabelle Nélisse, sobre todo la primera.

Junto a ellas, como la tía postiza, vemos a Jessica Chastain, tan buena actriz como la hemos visto siempre, así en La noche más oscura (2012), El árbol de la vida (2011),

Historias cruzadas (2011) y La deuda (2011) para citar sus películas más conocidas como actriz.

Pues sí, pese a sus descuidos narrativos y pese al decaimiento del suspenso que sufre la película (en su último tercio y final), hay razones estimables para recomendar esta ópera prima de su director Muschietti, impecable en lo visual. Lo dije al principio: como cine de terror funciona bastante bien ante las emociones del público, porque lo irreal se nos transmite bien como real.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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