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Crítica de cine: Wakolda: El médico alemán

Actualizado el 05 de mayo de 2014 a las 12:00 am

El médico alemán La muñeca Wakolda

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Crítica de cine: Wakolda: El médico alemán

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Naturaleza. La presencia del paisaje es importante en esta película argentina. La niña Florencia Bado sobresale por una buena actuación. ROMALY para LN

Lo confieso: el cine de la directora argentina Lucía Puenzo me ha sido del todo ajeno. Hija ella del reconocido Luis Puenzo, también cineasta, sé que su película XXY (2007) ha sido aclamada allí donde se ha exhibido. Otros de sus filmes son: Los invisibles (2008), El niño pez (2009), Más adelante (2010) y Wakolda: El médico alemán (2013).

Mi ignorancia sobre la señora Puenzo se deriva más bien de ese aislamiento en que los distribuidores y exhibidores nos tienen con respecto al cine latinoamericano, roto nada más por la Sala Garbo y, ahora, por el cine Magaly. ¡Claro! Luego protestan por una necesaria ley de cine, actualmente en la Asamblea Legislativa. O sea: ni pican leña ni prestan el hacha.

De esa ignorancia también tengo culpa, por mis reservas para ver películas en video casero. En fin, vuelvo a lo que me corresponde: al estreno en el país de la más reciente película de Lucía Puenzo. Hablo de Wakolda: El médico alemán , con guion de la propia directora.

Con una vertebral y seductora presencia del frío paisaje argentino, naturaleza inhóspita en medio de su imponente belleza, el filme nos relata el momento en que un médico alemán, hombre solitario, se encuentra con una cálida familia argentina en un remoto paraje de la Patagonia. Sucede por 1960.

Como el médico no conoce bien el camino a San Carlos de Bariloche, le solicita a la familia el poder seguirlos con su auto. Dicha familia desconoce la identidad del alemán y lo acepta con cierta prudencia. El médico alemán no es otro que Josef Mengele, uno de los tantos genocidas del nazismo hitleriano, practicante criminal con la genética de entonces.

Mengele establece una relación particular con Lilith, niña de 12 años, porque ella es muy pequeña de tamaño para su edad. Además le atrae el embarazo de la madre, Eva, porque tendrá niños gemelos. Para el médico es una oportunidad de continuar con sus crueles ensayos eugenéticos.

También vemos a quienes persiguen a asesinos fugitivos luego de la caída del nazismo. Con ese marco, se estructura un drama valioso y oscilante entre la historia y las emociones humanas.

Por sí sola, la trama es capaz de generar suspenso y de abrir expectativas para, desde ahí, generar sus puntos de giro. Sin embargo, por momentos, la película se contagia de la misma frialdad del paisaje o de la inexpresiva figura de Josef Mengele y narra su historia con menos pasión de la que le corresponde.

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En Auschwitz, campo de concentración, a Mengele se le llamó “El Ángel de la Muerte” (por él, morían más de 50 personas por día). Pregunta: ¿será que Lucía Puenzo quiso darle a su filme el tono de frialdad y elegancia que, se sabe, eran parte de la conducta brutal de Mengele?

Ojalá se deba a eso para entenderlo. Por lo demás, Wakolda: El médico alemán tiene importantes logros, sus méritos: recreación de época, dirección de arte, cruce de capas de un mismo argumento (se le llama “cebolla cinematográfica”), rigor dramático (no hay golpes bajos), la identificación de lo perverso, su fotografía y su música. Como ven, no es poco.

Espero que muchos de ustedes vayan a ver Wakolda : no van a salir defraudados.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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