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Crítica de cine: Los miserables

Actualizado el 17 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Un estilo propio. El ojo de Tom Hooper

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Crítica de cine: Los miserables

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                         La propuesta social se cuela entre lo lírico y lo dramático, lo político y lo picaresco, donde lo marginal tiene en la actriz Helena Bonham-Carter una firme expresión.  ROMALY PARA LA NACIÓN.Denuncia.
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La propuesta social se cuela entre lo lírico y lo dramático, lo político y lo picaresco, donde lo marginal tiene en la actriz Helena Bonham-Carter una firme expresión. ROMALY PARA LA NACIÓN.Denuncia.

En París, en 1980, se estrenó la versión musical de la novela de Victor Hugo, Los miserables . Su autoría se le debe a Claude-Michel Schönberg (música) y a Alain Boublil con Jean-Marc Natel (letra). Fue un éxito y lo sigue siendo. Pues sí, ¡imposible que al cine se le escapara esta oportunidad!

Ahora nos llega la versión cinematográfica bajo la dirección de Tom Hooper, conocido realizador salido de la televisión inglesa y llegado al éxito gracias a su anterior filme, El discurso del rey (2010). Su película Los miserables (2012) ha generado muy dispares reacciones allí donde se ha estrenado.

Pienso que la novela se presta más para ser recreada como ópera que como revista musical, tal su densidad dramática. Los musicales revisteros tienden, más bien, a ser superficiales.

Se me ocurre que esa intención la tiene el director Tom Hooper con su película: la de imprimirle más fuerza dramática y menos acento de revista a la relación entre Valjean y Javert. El primero es un prófugo de la ley traído al bien por el gesto de un sacerdote. El segundo es un representante de esa misma ley, incapaz de ver la realidad más allá de lo blanco y lo negro.

Valjean se hace cargo de la niña Cosette, quien queda huérfana a la muerte de Fantine, su madre, quien se ve obligada a convertirse en prostituta y a morir como tal por sus carencias económicas.

Cosette crecerá en vida errante ante el cotidiano huir de Valjean seguido por Javert; así hasta los hechos políticos de una Francia sacudida desde su Revolución, donde el amor aparecerá entre Cosette y Marius, joven revolucionario y uno de los líderes de la barricadas republicanas de 1832.

Dentro de ese espacio argumental, el director Tom Hooper ha preferido una versión más intimista de los acontecimientos, aún dentro de ciertas grandilocuencias del filme, que las tiene. Parece que esto no le ha gustado a una gran parte de la crítica, más bien acostumbrada a los juegos coreográficos y a la opulencia visual cuando de musicales se trata.

Esa opción de Tom Hopper hay que respetarla y, desde ahí, juzgar a la cinta. Así vista, no hay duda que estamos ante un filme bueno en calidad, incluso en fluidez narrativa, y donde las imágenes van en beneficio de los contenidos expresados por los cantables, sin llegar a ser redundantes. Noble manejo del primer plano.

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Hay secuencias de gran pasión dramática, por ejemplo, cuando la excelente actriz (en este caso) Anne Hathaway nos da su aria I Dreamed a Dream . Igual, el hilo narrativo del guion se enriquece con la exposición visual de coros como Red and Blac k, en tanto se afirma el sentimiento político y la denuncia social con Do You Hear the People Sing?

La dirección actoral es buena, excepto por Amanda Seyfried, superficial como Cosette. Quien se lleva las palmas es Hugh Jackman (Valjean), por la sensibilidad que le da a su personaje. Como Javert, Russell Crowe lo hace bien, pero su voz no lo ayuda para el barítono que se necesita en este caso. Crowe es totalmente disonante, peor en esa honda y magnífica aria que e s Valjean's Confession .

La gramática escogida para esta versión musical en cine puede no gustarles a algunos, pero no quiere decir que sea incorrecta o que esté mal planteada, aunque su final bordea lo más sentimentalón del melodrama, casi un final ‘kitsch’ con respecto al resto de la película.

Para advertencia de los lectores: Los miserables es una película donde no se para de cantar durante dos horas y media. Es una convención que hay que aceptar: se canta en las buenas y en las malas. Entendido esto, el filme seduce y, entre sus pliegues, logra darnos un sentido de actualidad a lo que sucede en el siglo XIX en París.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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