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Crítica de cine: Heredero del diablo

Actualizado el 16 de marzo de 2014 a las 12:00 am

Más anticristos Sustos, nada más

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Crítica de cine: Heredero del diablo

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Dirigida a cuatro manos, nos llega una nueva y mala película con el anticristo como temido personaje. En este caso, son varios anticristos. Se trata del filme titulado El heredero del diablo (2014), firmado por los realizadores Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett.

Hasta el mismo demonio se merece una mejor película que esta (las ha tenido). Cierto, con El heredero del diablo tenemos un filme tan desarmado en su coherencia interna, tanto, que más parece un baile de títeres liberados de los cordeles que los unen a sus manejadores.

El diablo engendra.  Con la técnica del falso documental, del video casero, de cámaras escondidas y cámaras en centros comerciales, el terror busca impactar con otra película de anticristos Cortesía Discine
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El diablo engendra. Con la técnica del falso documental, del video casero, de cámaras escondidas y cámaras en centros comerciales, el terror busca impactar con otra película de anticristos Cortesía Discine

La película no logra manejar bien su concepto, ese de hacernos creer que es una historia acopiada por documentos visuales, sean filmados en video o por distintas cámaras en cualquier lugar. Ello obedece al deseo de darle verosimilitud a un argumento que, en este caso, se disipa muy pronto.

De hecho, lo peor de este filme es el manejo de cámaras, porque se pierde el punto de vista de quién filma en distintas secuencias de la historia. Esto supone una pérdida del narrador o una mezcolanza indefinida de distintos narradores, entiéndase: un revoltijo desafortunado.

Mal manejada, la técnica narrativa (su mirada) deviene un arroz con mango. Es pésimo manejo de lo que ahora llaman “ found-footage ” (bastante usado en el cine de terror). Sin duda, dicho estilo se popularizó con el estreno, en 1999, de El proyecto de la bruja de Blair .

Este tipo de cine supone un manejo constante de la cámara en mano; sin embargo, en El heredero del diablo , esto, en lugar de ayudar a visualizar la historia, nos la pierde a cada momento (sin mencionar que lo marea a uno constantemente).

Si la idea era la de darnos un falso documental, lo que resulta es película falsa que ni siquiera es capaz de moverse bien en el espacio de lo sugerente.

La historia comienza con un hombre acusado de algo ante la policía. Él niega ser el autor. Luego, con larga retrospección, sabemos que se trata del esposo en una pareja feliz. Dicha pareja, de luna de miel, ha de vivir algo que convierte a la esposa en mujer embarazada. De ella nacerá un anticristo.

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El filme se esfuerza para hacernos creer que dicha historia se enlaza con las palabras del propio apóstol Juan: “Ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo” (I Juan 2:18).

El problema de esta película es que mientras más se esfuerza por hacerse creíble, más aparatosa e inorgánica se muestra: es relato incoherente con su lógica interna y es filme impreciso en su expresión formal, incluidas las malas actuaciones de su elenco. Su fotografía resulta vaga, su música es poco eficaz y su montaje se expresa sin dinamismo dramático.

Agréguese la debilidad de los efectos especiales, por lo que solo quedan los sustos de siempre, los que llegan de golpe. ¿Qué hace que este cine tenga tantos espectadores, sin importar la mala calidad de sus filmes? Para muchos, de nada vale decirles que esta mala película es eso: una mala película. Ante ello, me apresuro a ponerle punto final a esta crítica.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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