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Crítica de cine: Más colmillos

Actualizado el 24 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

Otro amanecer La hija del vampiro

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                         Llega a su final una saga exitosa en cine, conde Bella (Kristen Stewart) debe acomodarse a su nueva condición de vampira. Romaly para LNConclusión.
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Llega a su final una saga exitosa en cine, conde Bella (Kristen Stewart) debe acomodarse a su nueva condición de vampira. Romaly para LNConclusión.

Desde mi debilidad humana, la verdad sea dicha: me cansaba esta saga de vampiros, lobos, humanos y demás menesteres para un folletín amoroso sacado con fórceps. Hoy se anuncia el final con la llegada de la película Amanecer: Parte 2 (2012), de la mano del director Bill Condon. ¡Y me alegro!

O sea, este amanecer es el crepúsculo; sin embargo, he de confesar algo: esta es la mejor película de la saga y hay razones para disfrutarla más que las anteriores, excepto por las actuaciones, las que siguen siendo tan inexpresivas como siempre: estólidas, inaguantables y ridículas.

Producto de una serie literaria que nunca leeré, de la escritora Stephenie Meyer, esta saga cinematográfica parte de una situación incoherente: la de unos vampiros con vida eterna y con enorme conocimiento acumulado que un día, en los tiempos actuales, necesitan ir al colegio a sacar un título (¡qué tonto esto!).

Esa premisa no solo es contradictoria, es también risible. Esa situación es la que permite el divertido amor (por tontoneco) entre un vampiro carapálida llamado Edward con una jovencita muy simple llamada Bella. Lo demás es muy conocido por el público. No sé por qué hechizo biológico, del sexo entre la muchachita y el chupasangre nace una niña a la que vemos crecer en este filme que comento hoy.

Con Amanecer: Parte 2, asistimos a dos escenarios en uno; primero: ver cómo Bella debe adaptarse a su nueva condición no humana (no es lo mismo decir “inhumana”). Con su condición vampiresa, ella comporta aún valores humanos. Esto la coloca en una interesante contradicción que el filme sabe mostrar bien en ciertas secuencias (el arte de la maternidad, por ejemplo).

Bien desarrollado por el filme, el otro escenario es la presencia y rápido desarrollo de la niña, temida por los demás ante el desconocimiento de lo que ella podrá ser como cruce humano y vampírico. ¿De qué se trata? Es el temor a lo desconocido, temor que lleva a la ingenuidad o, peor, a la intolerancia.

Esta parte de la película puede entenderse como parábola sobre el conocimiento humano ante la Naturaleza, la ciencia y lo religioso, pero creo que la mayoría de los asistentes al cine no irá más allá del triangular dilema amoroso entre la humana, el vampiro y el hombre-lobo.

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Con un ritmo donde los sucesos van de a poco, se van acumulando hechos y palabras que generan un clímax intenso, sin el tedio de las anteriores cintas de la saga. Cuando ese clímax se da, tenemos una lucha contra castas de poder y hay fuerza dramática en su expresión visual.

Luego se abre tremendo punto de giro en la narración, que consterna –adrede– en términos del relato y del cual no podemos decir ni agua va, al menos dentro de esta crítica. Lo dije antes: es la mejor película de la saga, de convincente puesta en escena y con algún valioso contenido que podemos o no aprovechar.

Solo espero que se termine esta franquicia en este momento. Con el Hollywood de hoy, sabemos que pronto vendrá otra saga comercial a ocupar las boleterías con todo el apoyo mediático del caso. Es cuando los críticos nos convertimos en los malos de la película, sin serlo ni quererlo ser.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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