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Crítica de cine: A la caza del dragón

Actualizado el 19 de septiembre de 2016 a las 12:00 am

Los estudios Disney gustan de reimaginar sus filmes; ayer fue Pedro, hoy es Pete, y el dragón siempre es Elliot

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Un niño y un dragón dan lugar a fábula ecológica y humanista. ROMALY PARA LN.

A la luz de los avances tecnológicos habidos en el cine, los estudios Disney gustan de reciclarse a sí mismos. Ahora toman la historia de su filme Mi amigo el dragón (1977, de don Chaffey), igualmente titulada Pedro y el dragón Elliot , para traerla renovada con el condimento de efectos visuales por computadora.

Así es como nos llega hoy Mi amigo el dragón (2016) con nuevos trajes. Esta vez, la película es dirigida por David Lowery. El dragón no tiene las alas rosadas del anterior de 1977 y el filme deja de ser un musical: acertada decisión. Tampoco están Mickey Rooney ni Shelley Winters, ausencias que no se logran suplir.

Aún con la sólida presencia de Robert Redford, es en el plano actoral donde el nuevo filme pierde solidez y sustancia. Es un elenco sin convicción, sea por una insuficiente dirección de actores o por la poca entereza de estos. Si el elenco no muestra convicción al representar una historia, ya esta va renqueando.

La trama así interpretada –de manera floja– cuenta la historia de un niño huérfano que se pierde en un enorme bosque luego de un accidente de tránsito donde mueren sus padres. Allí es recogido nada menos que por un dragón llamado Elliott. Al tiempo, el niño mira que los humanos, depredadores de la Naturaleza, talan el bosque por razones comerciales y sale de su escondite.

El filme | ES UNA COMEDIA DRAMÁTICA DE FANTASÍA.  ROMALY PARA LN.
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El filme | ES UNA COMEDIA DRAMÁTICA DE FANTASÍA. ROMALY PARA LN.

La presencia del niño pone en peligro la vida del dragón, a quien quieren cazar para convertirlo en mercancía. Lo que sigue es la lucha por sobrevivir del niño y del dragón en un ambiente hostil, donde solo unos pocos están de parte de ellos. La fábula tiene valiosas razones humanistas y ecológicas fáciles de entender.

Con la cofradía Disney, excepto en pocos casos, el problema es su adicción por mudar lo que les llega en folletines sentimentaluchos, donde se pierde cualquier esencia dramática de los acontecimientos. Esta vez, la trama también pierde fuelle por el afán de endulzar secuencias, así cada vez que se pueda.

El filme pudo ser un valioso texto a favor de volver a la naturaleza bondadosa, esa que la humanidad ha dejado atrás a fuerza de ser cada vez más violenta, injusta y estúpida, no solo en la relación de los seres humanos entre sí, sino también de la humanidad con el entorno natural.

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Para esto último, Mi amigo el dragón , 2016, es cine sin lirismo y sin fuerza a la vez; por más valores visuales que tenga, no pasa de la magia visual de los efectos digitales.

El asunto empeora para este filme por el deseo de la música de abarcarlo casi todo, osea, por querer sobreponerse a las imágenes que el pentagrama solo debe acentuar.

En todo caso, la película vale como cine familiar: una mamá o un papá podrían sacarle provecho al filme para tener una conversación positiva con sus hijos, en lugar de dejarlo por ahí con juegos de celular en sus manos.

Ficha técnica.

Título original: Pete’s Dragon

Estados Unidos, 2016

Género: Aventura

Dirección: David Lowery

Elenco: Oakes Fegley, Oona Laurence, Bryce Dallas Howard, Robert Reford

Duración: 102 minutos

Calificación: Dos estrellas de cinco posibles

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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