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Crítica de cine: 12 años esclavo

Actualizado el 25 de febrero de 2014 a las 12:00 am

La piel es castigo Bajeza de lo humano

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Crítica de cine: 12 años esclavo

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Steven Rodney McQueen, nacido en Londres en 1969, de origen afrocaribeño, es fotógrafo y escultor; sin embargo, es más conocido como cineasta y tan solo como Steven McQueen. De él, hicimos referencia elogiosa por su película Shame : Deseos culpables (2011), con el tema de la adicción por el sexo.

Crueldad humana.  La conversión del hombre en mercancía para otros hombres, solo por el tono de su piel, da lugar a un filme tenso.  Cortesía Romaly
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Crueldad humana. La conversión del hombre en mercancía para otros hombres, solo por el tono de su piel, da lugar a un filme tenso. Cortesía Romaly

Ahora, de nuevo, hemos de elogiar a McQueen como cineasta. Esta vez, a propósito de su filme 12 años de esclavitud (así se anuncia, pero en la pantalla se lee 12 años esclavo ). Esta multipremiada película se basa en hechos reales, según la autobiografía escrita por Solomon Northup.

Con dicha historia se describe el drama de un hombre de raza negra, violinista, hombre libre, quien es secuestrado, llevado a Louisiana y vendido como esclavo utilizable en las plantaciones de algodón. Para Solomon Northhup, llamado Platt como esclavo, no es la historia de una vida; más bien, se trata de su lucha por sobrevivir.

De esclavo, Solomon conoció la crueldad del racismo en toda su extensión, desde la explotación laboral hasta el castigo físico. Al igual, fue testigo de las violaciones que sufrían las mujeres negras a manos de los hombres blancos. Doce años después, habría de encontrarse con un abolicionista canadiense.

Ubicable dentro del naturalismo literario, el filme es daguerrotipo intenso de años de esclavitud en Solomon, pero que –igual– fueron muchos años en otros sujetos tan solo por la condición de su piel, incluso con justificaciones de carácter bíblico (la religión como ideología).

12 años de esclavitud tiene secuencias muy rudas; una de ellas con un sensible y bien manejado plano-secuencia para enriquecer la fuerza dramática y conceptual del filme. Se entiende como plano-secuencia la realización de una toma sin que haya cortes ni empalmes de planos durante un tiempo determinado, donde es importante el cómo se mueva la cámara.

La insistencia del filme para mostrar el dolor inhumano presente en la esclavitud, como forma de producción, deviene en algo conceptualmente más vigoroso: los bajos fondos a los que puede llegar la conducta humana cuando la codicia predomina en ella. En este tránsito, la película no escatima imágenes.

Incluso, por tramos, el director McQueen redunda en el innecesario uso del efectismo visual: subraya sin necesidad algunas imágenes dolorosas del filme, sobre todo cuando de mujeres se trata. Está claro que la banda sonora y la fotografía son esenciales para este propósito. Así, refuerzan emociones con el dedo acusador presente en la trama y en las imágenes.

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Sin contar esta sobreexposición del dolor humano, el resto del filme abunda en méritos, no solo con criterio histórico, sino como testimonio de lo que no debería suceder nunca más, donde se ha de destacar el inteligente juego de diálogos pertinentes con silencios más acertados aún.

Las actuaciones brillan por su autenticidad, sobre todo la de Michael Fassbender como el esclavista despótico y, junto a él, Lupita Nyong’o, quien expresa con ardor la tragedia de la mujer esclava.

12 años de esclavitud nos muestra instintos perversos del ser humano, aquí con el racismo, a la vez que nos humedece la garganta reseca con gotas de bondad en otras secuencias. Tal vez algún día se logre que el ser humano deje de ser lobo para el ser humano.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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