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Crítica de cine: ‘El año más violento’

Actualizado el 08 de diciembre de 2015 a las 12:00 am

Agudo estudio sobre la codicia y sobre los circuitos mafiosos de Nueva York en los 80

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Crítica de cine: ‘El año más violento’

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Si hay algo realmente bueno en la película El año más violento (2014), del excelente guionista y director J.C. Chandor, es ese aire de tragedia shakesperiana que respira a lo largo de su metraje, donde los sucesos se acumulan de manera tensa y pausada hacia un final de apariencia infausta.

Como paradoja, esa virtud le es también debilidad y se le escapa la excelencia total al filme: por no ser consecuente consigo mismo y por llevar el elemento trágico hacia otros personajes, quienes aparecían como secundarios. De esa manera, el determinismo aciago pierde fuerza y la película también.

Aún así, exactamente al final, El año más violento sugiere que los hilos mafiosos de la corrupción bien pueden pasar del campo de los negocios al de la política. No digo más porque estamos al filo de la espada, esto es, en el tramo último de un cine valioso y bien llevado.

La trama sucede en Nueva York. Corre el año de 1981, que, según las estadísticas, ha sido el año neoyorquino con más crímenes. Es cuando un emigrante hispano, Abel Morales, comienza a triunfar con sus negocios, no tan limpios del todo, pero sin caer en la rudeza de la mafia de entonces.

Morales maneja la venta de gasóleo con escrúpulos tales que –para él– lo mejor es creer como bueno incluso lo que no es así. Para eso cuenta con la ayuda de su esposa Anna, menos escrupulosa y muy bella. También él es un galán y lo sabe. Sin embargo, a punto de poner la pieza clave de su dominó, para Abel y Anna comienzan los problemas y el drama.

Alguien dijo que esta película, con su guion, es algo así como el Macbeth escrito por Shakespeare, pero al revés: es interesante esa acotación. J.C. Chandor se permite un agudo estudio sobre la avaricia, la competencia, el afán de poder y la relación de pareja como pocas veces se ve en el cine industrial.

Dicho director lo hace con la misma entereza de su película anterior, El precio de la codicia (2011) y, de nuevo, sabe coger al toro por los cuernos y al gallo por la cresta. Otra vez, la supuesta frialdad de la película es reflejo de los elementos en juego: hay mesura en la tensión y tensión en la mesura.

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Confieso que aún no he visto un tercer título de Chandor titulado Cuando todo está perdido (2013), con un solo actor –Robert Redford– y con tan solo cinco minutos de diálogos, al estilo de El viejo y el mar , novela de Ernest Hemingway, cuya versión más conocida en cine es la de John Sturges, de 1958.

Retomemos el hilo: una cosa está muy clara con El año más violento y es que mucha de su entereza dramática y de su sentido trágico descansan en las formidables actuaciones de Oscar Isaac y de Jessica Chastain: ¡tremendo tándem actoral!

Igual de importante es la dirección de arte para, con la fotografía, componer una época: los años 80. Y si hay algo que sorprende por su exquisitez y sentido de oportunidad, ello es la música de Alex Ebert. Este filme estará pocos días en cartelera; ojalá alcancen a verlo.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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