Entretenimiento

Comedia que no funciona

Crítica de cine: ‘Tiempos felices’

Actualizado el 29 de junio de 2015 a las 12:00 am

¿Con ella o sin ella? He ahí el dilema de una comedia que fracasa como tal

Entretenimiento

Crítica de cine: ‘Tiempos felices’

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Cuando uno se detiene a pensar si ama a alguien, ¡óigase!, es que ya uno dejó de amar a esa otra persona. Esta es la guía temática de una comedia mexicana con el título de Tiempos felices (2014), dirigida de manera no tan feliz, ¡para nada!, por Luis Javier M. Henaine.

Dicho director es nieto del cómico mexicano Gaspar Henaine, mejor conocido como Capulina (1927-2011), “el rey del humorismo blanco” por su humor aséptico. En esto, su nieto prefiere otro estilo y no le teme a situaciones que las censuras definen para adultos.

Tiempos felices es película abrigada por la cadena Cinépolis. Esto permite su exhibición en Costa Rica.

Bien. La historia es la de un sujeto llamado Max, quien tiene serias dudas de su amor por su novia Mónica. Él desea terminar esa relación de una vez, pero cada vez que lo intenta sucede algo que se lo impide.

No hay manera. El carácter de Max no da para lastimar a su novia. Este joven tiene dos amigos, compinches del todo, barberos ambos, que lo secundan en sus intentos; sin embargo, ¡nada!, “la vida sigue igual”.

Es cuando alguien le hace llegar a Max la solución: contratar a una empresa especialista en relaciones humanas, para que haga lo que él no logra cumplir. Dicha empresa es bastante extraña. Se llama Abaddon, como el ángel exterminador o del abismo del que se habla en el libro del Apocalipsis.

Se supone que, de aquí en adelante, habrá suficientes enredos para darle cuerpo a una comedia de este tipo, pero no sucede de esa manera: los chistes son ocasionales y las situaciones humorosas escasean tanto como los aguacates en la Antártida. Más bien el filme cansa por reiterativo con sus situaciones.

Así es, los acontecimientos pasan por el mismo giro, es como darle vuelta y vuelta a un trompo, matices más, matices menos.

Incluso el carácter atemporal mostrado por la dirección de arte, entre billetes del tiempo del presidente Lázaro Cárdenas, discos de vinilo, cámaras digitales o barberías modernas ayuda poco para salir de la fatiga que tiene esta película.

No todo tiempo es feliz. Las peripecias del amor, entre un sí o un no, se dan en una comedia mexicana no muy bien recibida por la crítica. Cinépolis
ampliar
No todo tiempo es feliz. Las peripecias del amor, entre un sí o un no, se dan en una comedia mexicana no muy bien recibida por la crítica. Cinépolis

Se debe reconocer el esfuerzo del elenco para darle cuerpo al humor sin sal y a la narración más bien sosa.

PUBLICIDAD

La pareja actoral compuesta por Luis Arrieta y Cassandra Ciangherotti les da credibilidad a muchas situaciones y simpatía a sus personajes bipolares.

Bárbara de Regil llena el triángulo como la hermana de Mónica, como la chica peligrosa con su comprobada belleza (¡que sí!), de quien también se enamora Max, al estilo de aquel conocido filme de Woody Allen: Hannah y sus hermanas (1986).

Tiempos felices no oculta su simetría con alguna estética del cine de Wes Anderson; igual, parece la otra cara de la moneda de aquella comedia mala y dulcete que es Cómo perder a un hombre en 10 días (2003), de Donald Petrie, a la vez que nos recuerda mundos orwelianos con la empresa Abaddon (el Gran Hermano).

Lo peor de Tiempos felices, sin que uno pueda hacer nada, es que pierde su dinamismo y su virtud cómica muy pronto.

Ante la falta de intensidad, las incongruencias asoman a cada rato, por lo que la trama no solo es redundante, sino incoherente en sí misma. De poco le sirve el cobijo de Cinépolis.

  • Comparta este artículo
Entretenimiento

Crítica de cine: ‘Tiempos felices’

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

Ver comentarios
Regresar a la nota