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Crítica de cine: Terremoto, la falla de San Andrés

Actualizado el 01 de junio de 2015 a las 12:00 am

Vino viejo en botellas nuevas que son pura tecnología y envoltorio

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Crítica de cine: Terremoto, la falla de San Andrés

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Caos. Vuelve el cine de desastres naturales. Mucha destrucción física, pero poca emoción que le corresponda. Le ha ido mal con los críticos. ROLA PARA LN

Allá, por 1974, tuvo su momento de seducción el llamado sonido sensorround . Para aprovecharlo, se estrenó un filme de poca monta titulado Terremoto , con un reparto internacional de lujo encabezado por Charlton Heston y Ava Gardner, con la dirección de Mark Robson.

Era una película de manual dentro de lo que se llama cine de catástrofes o de desastres naturales. Hoy, según el signo de los tiempos, está en boga la tercera dimensión (3D) para favorecer al cine en serie: el más comercial.

Aún más, ahora se habla de cuarta dimensión (4D) y se hacen películas que le caigan como anillo al dedo, tal el caso de Terremoto: La falla de San Andrés (2015), dirigida por Brad Peyton, y con amplio elenco encabezado por el siempre inexpresivo y mal actor Dwayne Johnson.

En efecto, usted puede ver esta película en sillas que se mueven de aquí para allá y de allá para acá. Salen humos como en discoteca. También hay rocíos, olores, corrientes de aire y otras ocurrencias. Ahora se queda corto el sonido sensorround de la versión de 1974.

Eso no es cine, pero si quieren llamarlo de esa manera, que lo disfruten. Es como estar en un parque de diversiones. Planteado así, no es la calidad de la película lo que interesa a sus hacedores. Interesa solo la taquilla.

La fuerte industria cinematográfica ni se inmuta por la opinión de la crítica, para qué. Felices como los sapos cuando los empujan al agua, decir que su filme es pésimo en calidad, le entra flojo a la gran industria fílmica e, incluso, a muchos de los asistentes al evento.

En Terremoto: La falla de San Andrés , con su (casi) trama, lo que se muestra es cada vez más “terremoteado”: debe comenzar pronto de modo suave para finalizar de manera violentísima. En tanto, por ahí ocurren tres o cuatro asuntos, donde los personajes están más nerviosos que una pareja de recién casados.

Los edificios caen, los puentes se hunden, las aguas revientan, explota todo lo que debe explotar, la gente corre y grita, pero los superhéroes de otras películas no aparecen. Lo más raro: con tal ambiente apocalíptico, usted no ve un solo cadáver, así de aséptica se ofrece la muerte en esta cinta.

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La truculencia es el sujeto protagónico, porque los personajes están apenas perfilados y los actores cumplen con presentarse y poner cara de susto. Con el avance tecnológico actual, asistimos a un filme que es reciclaje del cine de catástrofes muy en boga allá por los años 70.

Mejor dicho, Terremoto: La falla de San Andrés es vino viejo dentro de botellas con nuevas formas. Cine efímero, eso sí, porque las imágenes tan solo envuelven ideas erosionadas, diálogos simplones y la más arbitraria banalización de personajes o de situaciones, con estulta fascinación por la aparatosa juguetería desplegada.

En un filme como este no hay ninguna búsqueda de autenticidad y todo asunto parece metido con calzador, a la fuerza, sin importar la coherencia narrativa ni el menor sentido común de un relato que se autorrespete.

Terremoto: La falla de San Andrés es filme hueco en lo emocional y plano en lo cinematográfico, se le vea en 2D, en 3D o en risible 4D: una prueba más de que el exceso de culto a la técnica lleva al vacío intelectual.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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