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Crítica de cine: “Space-opera”

Actualizado el 14 de abril de 2013 a las 12:00 am

‘Oblivion’ en cine Laberintos del futuro

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Crítica de cine: “Space-opera”

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El director Joseph Kosinski es conocido por sus trabajos con imágenes generadas desde computadora y, en cine, por la secuela de la película Tron, seguidilla estrenada en el 2010. Ahora, Kosinski echa mano a su experiencia para darnos un filme ampuloso, de gran factura visual y muy buena ambientación futurista titulado Oblivion: El tiempo del olvido (2013).

Es una historia de la que se debe contar poco o nada, ambientada en el 2077, cuando la guerra nuclear contra un vasto poder alienígena ha destrozado al planeta Tierra y a su Luna, aunque –al final– la raza humana ha ganado la guerra sobre sus propias ruinas. Es una victoria pírrica.

Se supone que los humanos sobrevivientes han emigrado a un astro llamada Titán, mientras controlan lo poco que queda en la Tierra desde el espacio.

Sin embargo, alguien llamado Jack tiene sueños recurrentes que le serán portal a una realidad sorpresiva, capaz de desdoblarse en más y más sorpresas.

En el papel de Jack, tenemos a Tom Cruise, amo y señor de la pantalla, porque muy pocas secuencias son sin su presencia. Todo el filme se desprende y, a la vez, mira al rostro del señor Cruise, por lo que el resto del elenco solo le es comparsa, incluyendo a Morgan Freeman y a las dos mujeres que lo acompañan: Olga Kurylenko y Andrea Riseborough. Con música más bien monocorde, el filme nos lleva poco a poco a la esencia o contenido principal de la trama, que aquí no podemos develar. El asunto es que el director Kosinski se sumerge en esa expresión del género fantástico, concretamente, de la ciencia-ficción, llamada en inglés space-opera .

Se trata de la formulación de una realidad del todo imaginaria (fantaciencia) dentro de la clásica estructura del cine de aventuras con una espectacular factura visual. Es algo así como una novela histórica, pero colocada en el futuro, y donde la tecnología digital se muestra obsequiosa, que ni siquiera la soñó Méliès, creador del género fantástico con su película El viaje a la Luna (1902).

En Oblivion , lo espectacular predomina sobre el núcleo temático. Su operática variedad formal ayuda poco a dilucidar la maraña que se forma con el argumento. Es película complicada, que no compleja. El refinamiento visual es un fin en sí mismo, de ahí que sea elegante, funcional y bien logrado.

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Con todo, Oblivion no es película para ser mirada de reojo. El filme arriesga con lo suyo y se atreve con la languidez narrativa. Amén de una extraordinaria fotografía de Claudio Miranda. No será un clásico, pero tampoco es cinta para pasarla por alto, al menos dentro de la ciencia-ficción.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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