Entretenimiento

Crítica de cine

Crítica de cine: Sombras con Ryan

Actualizado el 04 de febrero de 2014 a las 12:00 am

La caída del dólar en un filme mediocre

Entretenimiento

Crítica de cine: Sombras con Ryan

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

De nuevo, el personaje Jack Ryan está en pantalla grande, venido de las novelas escritas por Tom Clancy, quien murió el pasado 2 de octubre del 2013, a los 66 años de edad. Sus novelas son mezcla de acción, política conservadora y espionaje. Jack Ryan es el típico héroe de acción que Clancy lleva a Presidente de Estados Unidos.

El filme que ahora lo contiene se titula Jack Ryan: Código Sombra (2013), y cuenta con la dirección del buen actor y realizador británico Kenneth Branagh, no tan certero esta vez en ninguno de esos dos campos. Como el héroe, tenemos a un abúlico Chris Pine, muy aniñado para el caso, quien sigue mal los pasos de actores que antes le dieron vida a Ryan.

Dentro de esos actores que han encarnado a este héroe prototípico, tenemos a Alec Baldwin con La caza del Octubre Rojo (1990) y a Harrison Ford en dos películas: Juego de patriotas (1992) y Peligro inminente (1994). Cierra el ciclo anterior el actor Ben Affleck con La suma de todos los miedos (2002).

Hoy, el guion de Jack Ryan: Código Sombra lo escribe David Koepp, quien gusta de enredar la trama sin hacerla compleja, de jugar arbitrariamente con el desarrollo de la tecnología en el espionaje, pero sin aclarar nada: da por un hecho que las cosas son así y punto, allá el espectador si las entiende.

Ahora, el agente de la CIA, Jack Ryan, viaja a Moscú para evitar un ataque terrorista contra Estados Unidos. En esas, el actor Chris Pine no da la talla como espía.  |  FOTO: CORTESÍA DE ROMALY
ampliar
Ahora, el agente de la CIA, Jack Ryan, viaja a Moscú para evitar un ataque terrorista contra Estados Unidos. En esas, el actor Chris Pine no da la talla como espía. | FOTO: CORTESÍA DE ROMALY

Luego de tener a Jack Ryan herido en Afganistán y enamorado de la mujer encargada de su rehabilitación, lo vemos convertido en agente muy especial de la CIA y en Moscú, donde se enfrenta a un ruso corrupto y psicópata, de los que se enriquecieron a la sombra del anterior poder en el Kremlin, quien monta un bursátil ataque terrorista contra Estados Unidos.

Si hemos señalado como deficitaria la actuación del joven Chris Pine como Ryan, la verdad es que la de Kenneth Branagh como su antagonista, Viktor Cherevin, peca de ridícula, falsa y de ser poco convincente a fuerza de exagerar su personaje. El acento ruso que Branagh le da al inglés de Cherevin es tal vez lo único salvable.

Lo de las actuaciones no acaba ahí: Keira Knightley nos ofrece un abanico de muecas que más nos llaman a la risa que al drama, sus mohínes como la pareja de Ryan dan pena ajena. Finalmente, Kevin Costner, como el mentor del héroe, se limita a estar ahí, a posar más bien, sin pena ni gloria.

PUBLICIDAD

¡Tanto elenco para nada! Luego, la acción pasa por distintos sitios geográficos con intensidad febril, a puro meco, persecuciones, balazos y adelantos tecnológicos, sin creatividad visual y sin organicidad narrativa. Es cine de consumo instantáneo, capaz de entretener (cierto), pero olvidable mientras se está viendo.

Todo se muestra muy apresurado y dictaminado por esa paranoia de Hollywood de sentir a Estados Unidos como la víctima de cuanto loco haya en el mundo o fuera de él. Aún así, hay que reconocerle el buen trabajo en la sala de montaje (edición) para darle ese ritmo sostenido.

Hay cine que puede entretener y ser bueno; hay otro que entretiene sin lograr mejor calidad. Jack Ryan: Código Sombra está en esa segunda lista. Eso sí, tiene un plus: la mostración de lo que es el espionaje cibernético y de cómo se puede unir la acción con el asunto de los juegos económicos para provocar una caída fatal del dólar. Nada más.

  • Comparta este artículo
Entretenimiento

Crítica de cine: Sombras con Ryan

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

Ver comentarios
Regresar a la nota