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Crítica de cine: Ronda sexuada

Actualizado el 27 de mayo de 2014 a las 12:00 am

Cine superficial Con el deseo perdido

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Crítica de cine: Ronda sexuada

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El amor puede durar o no en las relaciones de pareja, pero el sexo es más proclive a mantenerse en el interés de los emparejados. Es solo que el sexo escandaliza más entre más mojigata sea la sociedad. Por ahí va la procesión de la película mexicana Deseo (2011), que llega a Costa Rica con bombos y platillos.

Dicho filme viene de la mano del director Antonio Zavala Kugler. Zavala muestra buen oficio con el lenguaje cinematográfico para lograr buenas secuencias, solo que esto no le es suficiente para articular una narración que profundice mejor dentro de sus elementos críticos.

Ronda erótica.  Distintas reacciones emocionales se dan ante el sexo como una forma de expresión amorosa en el filme   Deseo .   Cortesía de Romaly.
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Ronda erótica. Distintas reacciones emocionales se dan ante el sexo como una forma de expresión amorosa en el filme Deseo . Cortesía de Romaly.

A esta película le es difícil mantener un buen punto de equilibrio ante el público, debido a la irregularidad narrativa entre sus diferentes escenas y a la estética de folletín que, a cada momento, asume. Por algunos ratos (más de la cuenta) no podemos menos que pensar en las telenovelas tradicionales.

Antonio Zavala es también guionista. Precisamente, por ahí andan las fallas sustanciales de la película; sobre todo por su debilidad para enhebrar distintos acontecimientos dentro de un círculo de sexualidad constante. Esa debilidad es la que nos hace pensar que estamos ante una película superficial con sus conceptos.

Deseo pretende ser versión tropical de la conocida pieza teatral La ronda , autoría del austriaco Arthur Schnitzler (1862 – 1931). Esa controversial obra, con sus diez segmentos dramáticos en un solo acto, es señalada como una especie de “danza de los emparejamientos sexuales” (justamente lo que no logra ser, ni por asomo, el filme de Zavala, aunque no deban darse estas comparaciones).

En La ronda , en cada cuadro, hay una pareja y al siguiente cuadro se mantiene uno de los personajes de la pareja anterior.

Este teatro fue llevado al cine por el alemán nacionalizado francés Max Ophüls, película homónima de 1950, donde un personaje, subido a un carrusel, nos lleva en la narrativa circular del filme. Esa es la estructura básica.

Con menos talento que Max Ophüls, el francés Roger Vadim intentó otra recreación en cine, en 1964 (digamos que un fracaso, pese a tener como guionista al dramaturgo Jean Anouilh). Lo que nos llega ahora, con Deseo , es simple mexicanización de la dinámica dramática de Arthur Schnitzler.

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Al usar el adjetivo “simple”, la idea es evidenciar determinada vulgarización de los acontecimientos (sexo en ronda) dentro de un porno suave ( softporn ). Ahí es donde se pierde la habilidad del director Antonio Zavala con el lenguaje cinematográfico. En eso y con el manejo de humor fácil.

Así, por obvio, nos percatamos que lo telenovelero del filme se nos ofrece con tomas inteligentes, pero reiterativas (piernas, nalgas, pechos de mujer, desnudos frontales, desnudos sugeridos, etc.).

Las actuaciones ofrecen poco (no hay rigurosidad histriónica) y la música peca por excesiva y por sobreponerse a las propias imágenes, amén de ser un arroz con mango que va desde Vivaldi hasta cualquier cosa en asuntos populacheros.

En fin, con mucha publicidad, Deseo es película que se puede pasar por alto. A lo sumo, puede ser motivación para llegarle a un cine mejor como La ronda de Max Ophüls.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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