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Crítica de cine: Pasado imborrable

Actualizado el 16 de septiembre de 2014 a las 12:00 am

Herida bélica La trama va y viene

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Crítica de cine: Pasado imborrable

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Hay películas que se presentan como documentos basados en la vida real de alguien; sin embargo, no siempre resultan tan creíbles: se siente el peso de la mano en aquello que se enfatiza y, también, en lo que se quiere ocultar.

Esto sucede con el filme Un pasado imborrable (2013, Australia), bajo la dirección del también australiano Jonathan Teplitzky. Dirección irregular. El guion se basa en el libro escrito por el propio personaje de la historia: Eric Lomax.

Dicha trama muestra los horrores de la guerra, convertida en explosión insensata de los instintos destructores de la humanidad. Por aquí está bien el filme y logra su propósito. Son los momentos más tensos de la película: bien logrados.

Ahí, el filme trasciende el carácter biográfico y el del drama para ser fábula tormentosa, cuya moraleja en contra de la guerra debiéramos repetir para darle chance a la paz, según la expresión de John Lennon.

Es la historia de Eric Lomax, oficial británico cuya admiración por la vida pasaba por su asombro ante la industria ferrocarrilera.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Lomax fue capturado por los japoneses y enviado a un campo de trabajo en la línea férrea entre Birmania y Tailandia.

Los japoneses exhibieron tanta crueldad, que aún hoy nos parece inverosímil. Lomax y sus compañeros fueron esclavos en condiciones extremas de tortura de sus captores. En esta parte, sin duda, se debe recalcar la muy buena actuación de Jeremy Irvine, quien encarna a Eric Lomax joven.

Pasada la guerra, Lomax vivirá en el norte de Inglaterra. Su vida se llena de silencio. Es silencio colectivo con sus excompañeros de guerra. El pasado los abruma. Es cuando se casa con Patricia, quien marcará un giro en su vida.

En estos momentos, se descubre que uno de los soldados japoneses, partícipe como torturador, está vivo y se sabe dónde trabaja.

Tales hechos marcan otros dos momentos del filme. Uno resulta más manipulador de vivencias: es la relación amorosa entre Lomax y Patricia (con una lágrima de más). El otro, abúlico e inexpresivo, es la relación entre los amigos en su condición de veteranos de guerra.

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El montaje intercala bien esas tres confluencias de la trama, pero no así la dirección, que parece estar ante tres cortos y no ante un solo filme. La música no es la mejor siempre y las actuaciones de Colin Firth y de Nicole Kidman son del todo pétreas, inexpresivas y hasta cursis.

Un pasado imborrable borra la crueldad inglesa durante su expansión neocolonial en esa zona geográfica. Es parte del discurso borroso. Es grave el olvido, pero también es grave no lograr un buen filme con material interesante. Sin recomendar.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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