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Crítica de cine: Noche oscura

Actualizado el 05 de marzo de 2013 a las 12:00 am

¡Maten a Bin Laden! La guerra y la política

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Crítica de cine: Noche oscura

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                         Una nueva película de tema bélico, sobre la muerte de Bin Laden, le da la oportunidad a la actriz Jessica Chastain de demostrar su gran categoría histriónica. ROMALY PARA LNEn la noche.
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Una nueva película de tema bélico, sobre la muerte de Bin Laden, le da la oportunidad a la actriz Jessica Chastain de demostrar su gran categoría histriónica. ROMALY PARA LNEn la noche.

Luego de haber visto la película Zona de miedo (2008), a la que definí como ejercicio de cine bélico con pólvora mojada en sus resultados, no tenía las mejores expectativas ante el nuevo filme de Kathryn Bigelow: La noche más oscura (2012).

Esta vez, la señora Bigelow se conecta mejor con el relato ofrecido por el guion de Mark Boal (también guionista en Zona de miedo ) y logra una narración intensa que sabe avanzar desde sus propios hitos. Es más vehemente.

Al basarse en hechos presuntamente reales, La noche más oscura tiene la desventaja de contar con un final conocido: la muerte de Osama Bin Laden, asesinado por fuerzas especiales del ejército de EE. UU., luego de una misión ultrasecreta preparada por agentes de la Central de Inteligencia del país.

El título original de la película, Zero Dark Thirty , se refiere a la hora de la madrugada del día 1.° de mayo del 2011, cuando los soldados estadounidenses entraron a la residencia de Bin Laden en Pakistán para eliminarlo. Son las mejores secuencias de la cinta, porque la oscuridad densa y tensa le permite a la directora Bigelow mostrar una aguda estética nocturnal.

El filme logra mantener acucioso suspenso en dichas escenas, gracias a su meritoria puesta visual, a sabiendas de que conocemos los resultados de la narración. Estos momentos finales se sostienen sobre base sólida, cual es el agudo ritmo que la película ofrece desde antes para mostrar los tejidos y pliegues de una investigación llena de contradicciones.

En ese afán, el argumento nos lleva al propio corazón del poder político y militar en Washington. La guerra también se cuece con distintos ingredientes, personajes e intereses en sitios diferentes al campo de batalla. La noche más oscura se afina para mostrarnos con solvencia esa otra cara de la guerra. De aquí saldrá la decisión de asaltar la residencia de Bin Laden.

Más antes, Bigelow nos muestra con mucha habilidad el salvajismo bélico, ese que convierte en sujetos sanguinarios y atroces a soldados que torturan, según creen, por sentido patriótico. La crueldad y el patriotismo se conjugan en una enfermiza bandera de brutalidad y engaño ideológico.

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Con agallas, el filme habla de los escondidos campos de concentración y tortura que el ejército de Estados Unidos mantiene en distintas partes de Europa y en Guantánamo, Cuba. Es el primer tercio de la película y lo que se exhibe pretende asquearnos, mientras por un televisor vemos al presidente del país de dicho ejército, quien niega la práctica de la tortura. ¡Waooo!

No solo es decidida la película con sus imágenes. Igual se muestra seria y cuidadosa con todos los aspectos técnicos que le conciernen: la sintaxis cinematográfica, asuntos como la composición del plano, el montaje de secuencias, la creación de atmósfera, el ritmo de la narración, el papel importante de la música, el de la fotografía y el hacer creíbles a los personajes.

Las buenas actuaciones colaboran a lo último, sobre todo la de Jessica Chastain (¡soberbia!). Empero, hay momentos en que la narración va a trompicones, como si se la comiera el tiempo con urgencia para llegar al buen final, pero no le hace mella en lo total a La noche más oscura , porque la película viene desde el interior de su historia.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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