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Crítica de cine: Mundo amarillo

Actualizado el 08 de julio de 2013 a las 12:00 am

El otro villano Más cine animado

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Villanías. El bien y el mal se identifican por lo que los sujetos hagan con sus conductas y es parte de la fábula. Romaly para LN

En cine nos ha tocado ver villanos que, por alguna razón, se convierten en buenos o en aliados de los buenos dentro de la misma película. Es lo que en términos de un análisis estructural se llama proceso de mejoramiento del personaje. Esto le sucede ahora al antes perverso Gru, de una película a otra.

Gru ya no piensa robarse la Luna. Para eso, está muy ocupado con asuntos buenos. Así lo vemos desde el comienzo del filme animado Mi villano favorito 2 (2013), dirigido por Pierre Coffin y Chris Renaud, quienes, igualmente, ya habían dirigido la primera película de esta serie, en el 2010.

Con las primeras imágenes, vemos a Gru comportándose como buen papá y alineándose a toda costa como personaje simpático. Con sus humores, dentro de su familia siguen los infatigables minions (cómplices, secuaces o adláteres de Gru, en las buenas y en las malas) y el doctor Nefario, quien ahora se siente alguillo incómodo al lado de los buenos.

Todo es apacibilidad. La fábrica del mal es ahora una empresa de mermeladas; sin embargo, quien siembra vientos ha de recoger tempestades y, de nuevo, nuestros personajes se verán en agitadas aventuras, solo que esta vez al lado del bien, de la justicia y hasta del romance, pues sí, que para Gru y también para su hija mayor han llegado los síntomas del primer amor. A cada quien, de manera distinta.

La trama gira alrededor del villano convertido al honor, pero lo cierto es que el público se identifica más con esos personajes peloncitos y amarillentos, capaces de hablar con trabalenguas (al menos, para nosotros) y quienes manifiestan costumbres propias de las comedias del cine mudo.

Imagen sin titulo - GN
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Imagen sin titulo - GN

Ahí está uno de los problemas de este filme, porque no logra conjugar bien la trama principal de Gru, hoy en contra del mal, con las distintas situaciones vividas por la hermandad de los minions: hay momentos en que uno siente que se está ante dos películas que corren de manera paralela.

Mi villano favorito 2 concentra su historia en nuestro amigo Gru, más que en los traviesos personajes parecidos al maní en cáscara; pero los minions no dejan de ser la atracción, por lo que la película se falsea narrativamente y resulta especie de “ spin-off ” (derivado) donde el personaje secundario es el principal.

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Aunque ahora los pequeños amarillentos sean transformados en bichos raros azulados (color pitufero), lo cierto es que a esta película le falta gracia, salero y otras pimientas o condimentos. Se siente como película frenada en sí misma, demasiado simple y con excesivas alusiones a otros filmes para atraer al público adulto.

La película tampoco está bien lograda en asuntos técnico-formales. En Illumination Entertainment aún se ven cortos en destrezas, tal vez no para colorear, pero esto no es suficiente. Lo otro es que su 3D no se necesita para nada, como en tantos filmes, y menos si es un 3D tan deficitario.

Los clichés abundan, hasta con la música de Bob Marley en una playa amarillada por los minions. En fin, así como al picado de serpiente cualquier mecate lo asusta, también es cierto –con otra perspectiva– que para la generosidad infantil cualquier película animada es bien vista. Sin embargo, esto no quiere decir que sea buen filme: es lo que le corresponde dilucidar al crítico.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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