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Crítica de cine: Muerte a distancia

Actualizado el 04 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

Hay un discurso mediático sobre la guerra, pero un filme denuncia su hipocresía

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La industria de Hollywood ha dado cualquier cantidad de películas donde la guerra es espectáculo visual. Como otra cara de la misma moneda, Hollywood ha dado también excelentes filmes en contra de las guerras.

Pareciera que a la segunda lista quiere agregarse de nuevo el realizador neozelandés Andrew Niccol con su más reciente película Máxima precisión (2014), lo que ya había intentado con Hombre peligroso (2005).

Con Máxima precisión , el problema es que la trama no es fácil. Es un tema que el gobierno de Estados Unidos y alguna prensa niegan como hecho cierto. Se trata del acto de matar a enemigos por medio de aviones no tripulados, conocidos como drones. Así, desde Las Vegas, con toda su fastuosidad, se lanzan dichas armas contra objetivos en Afganistán, Pakistán, Yemen o donde sea necesario.

Buen asesino.  No solo la denuncia, sino también la actuación de Ethan Hawke le da valor a una película. ROMALY PARA LN.
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Buen asesino. No solo la denuncia, sino también la actuación de Ethan Hawke le da valor a una película. ROMALY PARA LN.

El despropósito de esa actitud es que, muy rápido, se pierden escrúpulos y se comienzan a bombardear sitios solo por suposiciones: tal vez esté o no un talibán, pero es mejor bombardear sin pensar en lo colateral. No importa si hay ancianos, mujeres, niños, sean hospitales o cuarteles.

Por aquí, el filme no deja pelos en el alambre: denuncia que se trata de órdenes que los soldados deben cumplir de manera obligatoria. Luego, se ordena usar drones dos veces: el segundo momento para cuando llegan a recoger los muertos. Es una espiral terrible que nos asombra o nos da rabia.

El filme se basa en la historia de dos soldados, una mujer y un hombre, quienes llegan a sentir culpa por lo que hacen. Cuestionan. “Estamos peor que talibanes”, dice uno. El problema del filme es que se mete a escudriñar la vida familiar del personaje principal, hasta el lecho mismo del sexo, y pierde fuerza en su trámite político.

Eso produce vacíos narrativos o pérdidas de intensidad. El ritmo afloja. La denuncia decae y se debilita la totalidad de la película. Eso sí, Ethan Hawke demuestra que es actor de los buenos y nos hace creíble su personaje, movido entre la propia bondad y la perversidad ajena. El filme queda recomendado.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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