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Crítica de cine: Jugar güija

Actualizado el 11 de enero de 2015 a las 12:00 am

Filme adolescente

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Crítica de cine: Jugar güija

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Alrededor de esa tablita llamada güija, juego que provoca temores en algunas personas, se entretejen historias y mentiras de todo tipo. La tablita en cuestión ha llegado a ser signo visual en muchos filmes de terror. Ahora es protagónica y le da nombre a una película dirigida por Stiles White: Ouija (2014).

Con este filme, Stiles White llega al fin a dirigir su primera película, luego de comenzar en cine como encargado de efectos especiales. Sin embargo, una cosa es que un filme se tome en serio y otra es que logre ser tomado en serio.

Más bien, por secuencias, la película Ouija deviene historia irrisoria sin proponérselo, tales son los ánimos ridículos en que cae por querer ser cine de terror a la fuerza y por querer calzar, también a la fuerza, con el llamado cine slasher , donde las víctimas son adolescentes para morir en determinado orden.

Con una tablita que parece un juego, las almas de los muertos llegan a una casa, pero el terror es liviano en cine. |  ROMALY PARA LN.
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Con una tablita que parece un juego, las almas de los muertos llegan a una casa, pero el terror es liviano en cine. | ROMALY PARA LN.

Al filme Ouija le sucede lo peor con su narración: siempre arrastra los pies porque le cuesta redondear sus distintos momentos. Sí, sus secuencias se alargan hacia la parálisis del relato, hasta la presencia de un nuevo momento al que le ocurre lo mismo, mientras algunos sustos pretenden subsanar la ausencia de un suspenso real o convincente. Esto se repite.

Los momentos oscuros en una casa habitada por espíritus son forzados: ¿por qué nadie prende luces?, ¿por qué los muchachos andan con linternas en lugar de darle clic a un botón en la pared? Ah, pero cuando el filme necesita producir chispazos para asustar, entonces sí hay luz.

En una casa moderna no faltan las velas que, encendidas, buscan dar un falso sentido gótico al relato. Tampoco es categórico ni entendible el afán de los adolescentes para ir a esa casa en las noches, solo de noche, mientras los adultos no existen en tales situaciones.

Los personajes están mal diseñados entre la estupidez, la majadería, la valentía y los temores adolescentes, por lo que resultan difusos. De ahí, las actuaciones vienen a menos, con actores jóvenes incapaces de convencernos de nada.

En un filme cuyos acontecimientos arrastran los pies, como dije antes, el ritmo resulta plúmbeo. Lo curioso es que con su clímax, Ouija es película que se atropella a sí misma para luego no hallar bien su final. Cuando termina, lo hace como le da la gana, como si el final fuese –por sí solo– otra película.

Total, Ouija , como cine, es paquete erosionado de imágenes e ideas, de composiciones visuales innecesarias, con movimientos de cámara ausentes de información y con una estructura narrativa que no comunica sensaciones.

Narrada y resuelta sin interés ni garra, la película puede satisfacer a aquellos amantes del género del terror nada exigentes. El guion es ridículo e incoherente siempre, los personajes son monigotes (aunque sean adolescentes) y la narración es poco nutritiva (oligotrófica).

Ouija es película coproducida por la compañía de juguetes Hasbro (dueña del juego de mesa en que se basa la historia), pero ni así sale un filme con entidad terrorífica. No se debe recomendar este filme. Es mejor quedarse viendo a Scooby-Doo por televisión.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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