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Crítica de cine: Juego de Ender

Actualizado el 12 de enero de 2014 a las 12:00 am

Filme pesimista Sofismas de la guerra

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Crítica de cine: Juego de Ender

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De nuevo el cine incursiona en la literatura de ciencia-ficción y diseña otra saga de filmes para adolescentes que guste a mucho público. Es cine industrial. El autor literario es el estadounidense Orson Scott Card , misionero mormón y militante a favor de leyes en contra de la homosexualidad.

Desempeño.  El veterano actor Harrison Ford se muestra del todo desganado a lo largo del filme   El juego de Ender , mientras que el actor  Asa Butterfield, el joven héroe, se le ve muy rígido siempre. Cortesía Romaly
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Desempeño. El veterano actor Harrison Ford se muestra del todo desganado a lo largo del filme El juego de Ender , mientras que el actor Asa Butterfield, el joven héroe, se le ve muy rígido siempre. Cortesía Romaly

El encargado de llevar su novela a la pantalla grande es Gavin Hood , como guionista y director. Se exhibe, así, el filme El juego de Ender (2013), relato futurista, donde una generación de adolescentes es preparada con rigor militar para desarrollar una guerra preventiva contra cierta raza alienígena.

Este pesimismo futurista cansa: siempre plantea un universo en guerra, donde no hay lugar para la paz. Ahora es peor, porque el gobierno humano desarrolla una guerra preventiva contra otro planeta con el cuento de evitar guerras futuras. Es sofisma militar con valor de presente.

En escena. Hailee Steinfeld (izquierda), en el papel de Petra, es parte del grupo de jóvenes que se preparan para una guerra preventiva. Cortesía  Romaly
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En escena. Hailee Steinfeld (izquierda), en el papel de Petra, es parte del grupo de jóvenes que se preparan para una guerra preventiva. Cortesía Romaly

Por ahí es válido el carácter crítico del filme, propio del género fantástico. El problema es que para llegar a los conceptos más importantes, tenemos que esperar mucho tiempo con secuencias que visualizan lo mismo: el entrenamiento duro y manipulador de los adolescentes que irán a la guerra.

Es cierto que la expresión visual de la película aprovecha muy bien las posibilidades reales de la tecnología digital. Es lo mejor, aunque tienda a ser asunto repetitivo. Es bueno el diseño de la planificación visual y mejor su realización, capaz de asombrar al espectador, aunque sea solo en la epidermis.

Lo que resulta superficial es la falta de desarrollo de los asuntos éticos presentes en el relato, o sea, falla con los conceptos sobre la validez o no de las guerras preventivas, el engaño mediático y la manipulación de los soldados.

Dentro de su burumbún, este filme necesita de silencios oportunos: juega demasiado a romper oídos y retinas más que a desdoblar ideas. Las actuaciones también pasan a segundo plano. Así, sentimos a Harrison Ford del todo desganado y a Asa Butterfield (como el joven héroe) muy rígido siempre.

En su último tramo, El juego de Ender resulta buena película, muy por encima de todo lo que hemos tenido que ver antes. Dicen que nunca es tarde cuando la dicha llega; pero el riesgo es que estemos cansados o aburridos para ese momento. Ojalá no les suceda a ustedes.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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