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Crítica de cine: Jobs en biopic

Actualizado el 27 de octubre de 2013 a las 12:00 am

Con sabor a nada. La manzana de Jobs

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Crítica de cine: Jobs en biopic

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Es difícil saber a cuántas personas, en Costa Rica, les puede interesar la vida de Steve Jobs, nombre ligado a la revolución tecnológica actual por su compañía Apple, la de la manzana como logotipo. Lo cierto es que ahora su vida es traída a la pantalla grande, a dos años de su muerte, con la película titulada Jobs (2013), dirigida por Joshua Michael Stern.

El filme está muy cerca de ser un producto para aprovechar comercialmente la muerte del señor Jobs, sobre todo en Estados Unidos. Por eso, se le siente como película que se improvisa a sí misma y que tan solo junta distintos momentos, los más importantes, vividos por su personaje.

A este tipo de cine, de corte biográfico, se le conoce ahora con el nombre de biopic . Incluso, se le considera un género con características propias dentro del cine, como dramatización de la vida de un sujeto, algo que la literatura ha forjado desde hace mucho tiempo (valga el nombre de Walter Scott).

En inglés, la palabra biopic viene de abreviar el concepto “biographical motion picture”. Este tipo de cine biográfico busca ir más allá de la simple anécdota para tomar el drama de un personaje y analizar el contexto histórico y los hechos materiales que lo conforman.

El cine biográfico toma el dato para trabajarlo a lo amplio y a lo interno del personaje; así, crea una historia. Por aquí anda la falla de la película Jobs con su metraje: se limita a describir los berrinches, las reacciones y el oportunismo de Steve Jobs, para medio entretejer un relato si acaso interesante.

Es una película no solo desabrida, con sabor a nada, sino también poco inquietante y tremendamente superficial, que se repite a sí misma conforme remacha los estados emocionales y cierto desequilibrio de su personaje, como un tipo egoísta, terco, mal amigo, pragmático y nada solidario.

Según la película, Steve Jobs es de esas personas que piensan que no se puede ser pobre por ningún motivo. Su afán de triunfar es el deseo único de ganar dinero, de tener a su empresa Apple en el punto más alto de utilidades económicas dentro de la maraña atroz del capitalismo actual.

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El problema es que también eso se le escapa a la película dentro de su superficialidad; si lo dice es porque los hechos son obvios o muy evidentes para ignorarlos. Sin que se lo proponga, el filme nos recuerda las palabras del actual papa Francisco, cuando señala que si el dinero se convierte en centro de la vida o se apodera de nosotros, perdemos nuestra identidad humana.

A quien le falta maña es al director para darle alguna vibración especial a un guion flojo en su construcción dramática, que repite sucesos sin prácticamente desarrollar ninguno. El filme se concentra en la hoguera de vanidades en la que se quema el señor Jobs, por lo que igual apuesta con el actor principal.

En esto hay que ser claros: Ashton Kutcher ha sido siempre un mal actor; sin embargo; se le podría dar una medalla de hojalata por ser este el mejor trabajo que le hemos visto. Empero, ¡cómo hace falta un actor de verdad en este filme!

Sin nada valioso que destacar de la gramática formal de este biopic , con una malsana y pretendida sensación de obra importante –sin serla–, no hay razón alguna para invitar a ver Jobs , filme incapaz de encontrar sorpresa donde todo es previsible.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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