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Crítica de cine: ‘Elysium’

Actualizado el 13 de octubre de 2013 a las 12:00 am

La otra Tierra. Poder de los ricos

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Crítica de cine: ‘Elysium’

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Tráiler de ‘Elysium’, protagonizada por Matt Damon.

La verdad es que sí, como ciencia-ficción, era de esperar más de la película Elysium (2013). Esto por el nombre de su director: el sudafricano Neill Blomkamp. Sobre todo por su anterior título Sector 9 (2009).

Estación elísea.  Matt Damon protagoniza   Elysium .   Cortesía de  Discine
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Estación elísea. Matt Damon protagoniza Elysium . Cortesía de Discine

En ese filme, el director trabajó el tema de la discriminación por racismo o por xenofobia. Dicha cinta entrevera lo narrado con el texto socio-político, cuando una nave alienígena queda suspendida sobre Johannesburgo, en Sudáfrica.

Ahora, con Elysium , este realizador narra una historia donde, otra vez, se mezclan la fantaciencia con el texto político. Él mismo escribe el guion, solo que no lo presenta de manera ucrónica (como en Sector 9 ), sino dentro de un concepto futurista más habitual: los hechos se dan en el año 2154.

Dentro del pesimismo propio de la ciencia-ficción y con visión transgresora del mundo y del ser humano, la verdad es que Elysium se inicia bien al mostrar un futuro agotado por la contaminación ambiental y por el crecimiento ilógico de la población (o sea, dos temores muy presentes hoy).

En esa realidad, según el filme, los ricos construyeron un mundo aparte en el espacio, una estación grande y toroidal, donde disfrutan de los más logrados avances tecnológicos, sobre todo en salud y placer. Abajo queda el resto humano, especie de proletariado donde campean los vicios, los crímenes y lo que degrada al ser humano.

En esa estación llamada Elysium , por asociación con cualquier sitio elíseo, lo elegante es hablar en francés. Los de abajo, como titula Mariano Azuela su novela, hablan en español con acento mexicano.

Por ahí va el tono político; empero, los hispanos se muestran de manera tal en el filme, que uno duda de sus mejores intenciones al respecto del tema de la igualdad ante la vida. El héroe, eso sí, sufre un proceso de mejora ante sí mismo, aunque hable muy mal el español (encarnado por Matt Damon, la única buena actuación; como antagonista, Jodie Foster es un desastre).

Como ven, el paradigma es sugerente. Sin embargo, el filme no desarrolla bien su trama y pierde la esencia del género fantástico para devenir en película de acción bastante rutinaria. Dentro de sus debilidades formales tiene esa pedante neurosis por la imagen, donde más bien desaparece el arte de la dirección artística.

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Consecuencia de lo anterior y con exageración febril, el ritmo del relato va a saltos y trompicones, con una seguidilla constante de secuencias cortas, lo que le es dado por un montaje plagado de cortes. Entonces, la historia también se difumina: todo en el filme es intenso, sin pausas.

Lo peor de la película es su falta de lógica interna. En esto, su guion se evidencia del todo descuidado. Así, sus incoherencias son constantes, pero es difícil señalarlas aquí, so pena de adelantar la trama. Son tantas las discrepancias o incoherencias del relato que sería vacilón ir a ver este filme solo para irlas enumerando.

Es tan grave esa ausencia de conexión interna del guion que, incluso, puede molestar al espectador exigente. Ni tan tontos que fuéramos. Es lo que le impide al crítico, en este caso, recomendar la película y lo obliga, más bien, a señalarla como un filme malo, de mínima calificación.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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