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Comentario de William Venegas

Crítica de cine: Drama político

Actualizado el 09 de febrero de 2014 a las 12:00 am

Para decir ¡No! Al fin se exhibe…

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Crítica de cine: Drama político

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T’tulo original: No

Chile, 2012

GÉnero: Drama

DirecciÓn: Pablo Larraín

Elenco: Gael García Bernal (René Saavedra), Luis Gnecco (Urrutia), Néstor Cantillana (Fernando), Antonia Zegers (Verónica)

DuraciÓn: 110 minutos

Cines: Sala Garbo

Después de varios meses de anunciar la película titulada No (2012), dirigida por Pablo Larraín en coproducción chileno-mexicana, al fin la Sala Garbo la estrena y el público cinéfilo debe congratularse por ello. Se trata de un filme excelente. Sus más distintos premios lo demuestran.

Con altura de arte. Gael García Bernal (izquierda) y Luis Gnecco comparten drama fílmico sobre la caída de Pinochet en Chile y la campaña de la alegría que lo hizo renunciar. Cortesía de Sala Garbo.
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Con altura de arte. Gael García Bernal (izquierda) y Luis Gnecco comparten drama fílmico sobre la caída de Pinochet en Chile y la campaña de la alegría que lo hizo renunciar. Cortesía de Sala Garbo.

Sucede en Chile, durante la dictadura de Augusto Pinochet, quien lleva 15 años en el poder (había derrocado a Salvador Allende en 1973). Obligado por la lucha de fuerzas democráticas y por la presión internacional (incluso de quienes lo llevaron al poder), Pinochet se ve obligado a llamar a un plebiscito.

En 1988, dicho sufragio marcará la continuación o no del poder militar en el gobierno y, a la vez, de manera directa, la campaña publicitaria afectará la vida de quienes están al frente de ella. La película nos muestra esa confrontación desde el espacio de quienes estaban por el “No”.

Cuando todo indica que los del “No” harán su campaña sobre la base de recordar las atrocidades de la dictadura (sobre todo el genocidio y la tortura), he aquí que aparece René Saavedra (encarnado por Gael García Bernal), agudo ejecutivo de publicidad, quien regresa a Chile tras su exilio en México.

Renuente al principio por inmiscuirse, Saavedra termina por diseñar una ingeniosa y optimista campaña que propugna el “No” de una manera distinta a lo pensado (no sin antes vencer prejuicios políticos de los suyos). Saavedra está convencido de que esa es la ruta para poner fin a la era de Pinochet.

Por supuesto que la decisión afectará su vida de manera radical, por lo que Saavedra pasará de una existencia cómoda a verse perseguido o acosado en su vida familiar y laboral.

Con determinación narrativa, la película va mostrando ambos asuntos como portales en comunicación: el proceso de la campaña del “No” en la vida chilena y el de Saavedra visto por sí mismo.

Ello es lo mejor del filme: su voz intensa para narrar dos dramas en uno solo, sin fisuras de telenovela y con compromiso político, pero sin caer en el arrebato ideológico que llegue a dañar lo propiamente narrativo.

El corte directo o neto de un plano al siguiente, enlazado solo por los diálogos, es la mejor contribución del montaje a dicha propuesta. Se trata de un empalme interesante y creativo que le funciona muy bien al unir distintos planos de la película y dotarla de un ritmo con suspenso (aún cuando el final nos sea conocido).

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De esa manera, No –el filme– señala de manera acertada el paso del tiempo y bien nos ubica en sitios distintos. No solo eso. También logra condensar secuencias y unificar personajes, lo que le permite desarrollar conceptos políticos (sobre todo) sin que nos sintamos ante un discurso de tarima. Lo visual se convierte en expresión simbólica que refuerzan los diálogos.

De alguna manera, el director Pablo Larraín nos recuerda el buen cine político del griego Costa-Gavras, incluso con ese aire documental presente en el filme (imágenes de archivo). No es un modo de entender la política; sobre todo, es la mejor manera de entender el cine como arte.

La dirección de actores es estupenda, donde Gael García Bernal se muestra eximio y, alrededor de él, solo hay excelencia histriónica. El título del filme es el adverbio “No”, pero su significado es positivo, es texto por la tolerancia y el buen humor, porque la alegría es enemiga de las dictaduras. No se pierdan esta película.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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