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Crítica de cine de Magic Mike XXL: 'Se repite la historia de Narciso'

Actualizado el 14 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

Se repite la historia de Narciso con el arte del físico casi desnudo en baile

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Crítica de cine de Magic Mike XXL: 'Se repite la historia de Narciso'

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En una sala con si acaso diez espectadores, sin contarme, me tocó ver la secuela titulada Magic Mike XXL (2015), dirigida por Gregory Jacobs, precisamente el asistente del realizador Steven Soderbergh, quien dirigió la película anterior, titulada Magic Mike (2012).

Recuerdo que, para entonces, Steven Soderbergh había anunciado su retiro anticipado del cine, lo que no cumplió para daño de su propia imagen, por culpa de la mala calidad de Magic Mike , aunque fue éxito de taquilla en Estados Unidos.

Por lo visto, esta vez Soderbergh prefirió hacerse a un lado y le cedió su silla de director a su ordenanza Gregory Jacobs. Pero no hay que tragarse el cuento: esta secuela imita tanto al primer filme que se sienten las orejas de Steven Soderbergh, como conejo en su madriguera. ¿Qué madriguera?

Simple. Soderbergh se dejó la dirección de fotografía. ¿Saben? Es fácil darse cuenta que dicha cinematografía es lo peor de la película: sin personalidad, descuidada y con muy mal manejo de lo oscuro y lo claro. Es lo peor, dije; agrego que lo es junto a la pésima actuación de Channing Tatum.

Dicho actor se limita a adorarse a sí mismo, como versión moderna de Narciso, quien se enamoró de su propia imagen reflejada en una fuente, por lo que terminó lanzándose, chupulún, al agua. Donde él murió creció una flor: el narciso.

Channing Tatum actúa como si lo hiciera ante un espejo, de manera tan resbalosa como la belleza efímera de su propio cuerpo. No creo que se haya lanzado contra el espejo ni que haya nacido una flor: lo malo es que su actuación no da pie en bola y el filme pierde en credibilidad, aunque gana en ridiculez.

En el guion ha participado el propio Tatum, quien no ha dudado en escribirse para él la mayor parte de secuencias, a tal punto que el resto del elenco, todo, parece un solo actor secundario.

Ni qué decirlo, la ausencia esta vez del actor Matthew McConaughey es herida abierta que no la cierra nada ni nadie, aunque se menciona bastante el nombre de su personaje.

En fin, esta historia de estríperes (como se escribe de manera castellanizada) se diluye es su propia dispersión narrativa y resulta llena de contradicciones.

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Solo dos salvavidas: uno es su final y el otro es más temático. Sobre el final, se debe decir que muestra un interesante punto de vista hedonista: culto a la sensualidad, visto desde la admiración femenina al cuerpo masculino.

Por eso, su final no es coreografía colectiva esta vez, sino que va de uno en uno, por cada estríper, y cada uno enseña una faceta distinta de ese hedonismo y la reacción casi zoológica de las mujeres del caso.

Lo otro que hace Magic Mike XXL es mostrar el rostro no divulgado de una sociedad que oculta sus instintos, o sea, esa sociedad es gazmoña y moralista: en público, finge ser muy correcta o devota, religiosa, modesta o cuidadosa en cuestiones de moral, pero apenas puede se destapa como olla con agua hirviendo.

Tales son salvavidas para la mediocre calidad del filme, escribí antes; empero, resumo, lo que queda es un típico mainstream en onda de hedonismo pop: cine de boleterías que, de ninguna manera, me atrevo a recomendar.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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