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Crítica de cine: Conducta es cine total

Actualizado el 16 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

El valor de un filme que se luce no solo con lo que dice, sino también cómo lo dice

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Crítica de cine: Conducta es cine total

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Lo mejor del cine cubano es su capacidad para ser relato y hacer crítica social a la vez, siempre con logradas metáforas. El filme Conducta (2014), con la precisa dirección de Ernesto Daranas, se suma a ese hábito donde tanto la función estética como la social son aquí sinergia.

En otros tiempos, gracias a la Sala Garbo, el cine cubano nos llegaba de manera más regular. Eso se acabó de manera injusta para todos y, como sucede con la mayor parte del cine latinoamericano, acabamos por verlo en videos caseros.

La oportunidad es valiosa ahora con la exhibición de Conducta en dos salas del país y en medio del silencio mediático, cuando el medio busca concentrarse en el megacine que nos inunda desde Hollywood, una y otra vez.

Conducta es drama sentimental, que logra conjugar –de manera admirable– el valor de las ideas, el desarrollo de ellas, su pensamiento, o sea, sus conceptos, con su sincera e inteligente forma de narrar (tratamiento). Contenido y forma, todo ello expresado con talento narrativo y con solidaridad visual.

Como en la escultura La Piedad.  Alina Rodríguez y Armando Valdés dan  lugar a excelente filme  Conducta . ROMALY PARA LN
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Como en la escultura La Piedad. Alina Rodríguez y Armando Valdés dan lugar a excelente filme Conducta . ROMALY PARA LN

Es curiosa esta habilidad del cine cubano y de sus directores, quienes son los primeros críticos del orden social con el cual conviven y al que, al final de cuentas, respaldan. Es el cine metido dentro de cierto juego profético.

Aunque Conducta tenga algunas pocas secuencias un tanto machaconas con su lirismo melodramático, el resultado final es el de una película no solamente seria y contundente, sino también amorosa con sus personajes, sujetos que viven al margen de una sociedad cuyas égidas o estandartes son la justicia social y la paz.

De esa manera, la historia tensa y sensible (a la vez) de una maestra que asume con gran amor su vocación y quien se supera a sí misma ante niños o niñas que viven situaciones humanas desfavorables, cala en el espectador con asombrosa probidad.

La excelente fotografía y la música se incorporan con arte y argucia al relato mismo: con estilo coherente. Es admirable este trabajo de simbiosis dramática para beneficio del proceso narrativo. Le da cuerpo de excelencia al filme.

De manera análoga hemos de hablar de las actuaciones, de todo el equipo histriónico y no solo de los principales: ¡excelentes!, son ellos quienes nos sumergen en ese tejido complejo de la sociedad cubana, pero que igual podría darse en otros países distintos: es el carácter universal de Conducta.

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La película evita juzgar a sus personajes. Los ve cómo sujetos de una historia dialéctica, de una historia capaz de desarrollarse siempre, aunque cambie de formas. Es cine con fervor humanista si pensamos en ese hombre cubano y continental: José Martí. O sea, es filme martiano al señalar el valor de la educación y de la escuela.

Cierro con la ensayista costarricense Nuria Rodríguez Gonzalo. Ella escribió en su artículo titulado Viaje a la isla de los cronopios este concepto: “ Conducta es película fuerte, dramática, las historias de sus protagonistas son tragedias que nos producen catarsis. No ahorra críticas al sistema educativo ni a la sociedad que describe; sin embargo, también es una obra plena de ternura, profundo afecto e indiscutible belleza”.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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