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Coraje invencible como el acero, corazón noble como kryptoniano

Christopher Reeve heredó la capa más pesada de llevar

Actualizado el 13 de junio de 2013 a las 12:00 am

El ya fallecido actor es referencia obligatoria al hablar de Superman. Su invencible parecido vislumbró al mundo

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Christopher Reeve heredó la capa más pesada de llevar

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¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡No, es Christopher Reeve! El nombre del actor neoyorquino de ojos azules, piel blanca, un mechón rizado sobre la frente y 1,93 metros de estatura es, hasta hoy, el mejor sinónimo de Superman.

Reeve era tan perfecto para el papel que incluso volaba, aunque no gracias a sus superpoderes y una capa roja. Aparte de actor, era piloto; pasearse por los cielos era una de sus grandes pasiones.

Solo había un detalle: no soñaba con enfundarse en el apretado traje de licra azul. Así lo confesó durante una entrevista a inicios de los 90 en el programa inglés This Morning .

“Rechacé algunas oportunidades para representar a Superman. No era la clase de material en el que estaba interesado. Era muy falso”.

“Quizá no se sentía cómodo, pero no lo reflejaba, entonces eso es parte de su buena actuación”, considera el crítico nacional de cine Érik Fallas.

Lynn Stalmaster, director de castin de Superman (1978), le había puesto su buen ojo a Reeve, quien, hasta entonces, solo tenía experiencia en la actuación teatral, pero había compartido tablas en Broadway con la mismísima Katharine Hepburn.

El gran parecido con el personaje, hizo que Stalmaster colocara, en tres ocasiones, el expediente de Reeve de primero sobre el escritorio de los productores.

Reeve, entonces de 24 años, audicionó para encarnar al hombre de acero. Dos años después, en 1978, se convirtió en el actor más joven en interpretar a Superman, pues le ganó la partida a Robert Redford (cobró mucho dinero), Clint Eastwood (tenía otros compromisos), Steve McQueen (pasado de peso) y Sylvester Stallone, quien reflejaba a leguas su procedencia italiana.

Superman no sería el ídolo kryptoniano de la cultura pop sin su voluptuosa musculatura. En cuanto consiguió el papel, el actor se rehusó a usar músculos falsos bajo el traje y comenzó una estricta rutina de ejercicios bajo las órdenes de David Prowse —el hombre tras la máscara de Darth Vader en Star Wars .

El entrenamiento consistía en salir a correr durante las mañanas, dos horas de levantamiento de pesas y hora y media en el trampolín.

Luego de dos meses de intenso trabajo, Reeve le añadió a su cuerpo 14 kilogramos de músculos. Ahora sí, era perfecto, una copia casi calcada del cómic de 1938.

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“Cuando le hicieron la prueba, los directores dijeron que el tipo era Superman”, asegura Fallas. Tras filmar las dos primeras cintas –vanagloriadas como los mejores clásicos de Superman –, Reeve dijo que los filmes de acción son pobres y fáciles de interpretar para cualquier sujeto con un físico fuerte. Aún así, su rostro es el de la saga completa, de cuatro producciones.

El actor declinó participar en películas como Gigoló americano (1980). En su lugar, prefirió papeles de menos fama, como En algún lugar del tiempo (1980), El reportero de la calle 42 (1987) , y Libre de sospecha , lanzada tan solo seis días antes del accidente que, en mayo de 1995, le cambiaría la vida.

Fue el tercer salto en una competencia ecuestre el que demostró que este Superman no era de acero y que su verdadero poder era más bien la actitud frente a la vida. Reeve cayó de su caballo, Buck, y una lesión en la médula espinal lo dejó paralizado del cuello hacia abajo.

El neoyorquino abrió una fundación para investigar células madre y así ayudar a otras personas tetrapléjicas. El programa fue cerrado por George Bush en el 2001.

Pese al accidente, Reeve debutó en 1997 como director de la serie Al caer la noche y protagonizó un año después el remake del filme La ventana indiscreta , la cual se amoldaba a su condición.

Inigualable. “Reeve será por siempre Superman para la mayoría de nosotros”, sentenció el crítico Luke Y. Tompson, del Dallas Observer , en 19 78. Esa frase marcaría una bendición y una maldición para el actor neoyorquino.

“Reeve nunca hizo otro personaje que fuera muy fuerte o que se igualara; lo encasillaron. Cuando Superman murió, ya él estaba en un plano secundario”, dijo el crítico de cine nacional Érik Fallas.

Tal fue el descenso de la carrera de Reeve, que en 1992 apareció en el video de Heroína solitaria , del dúo argentino Pimpinela.

“Él no es un actor muy dotado, lo que tenía era como presencia. Fue contratado por su parecido, pero nunca salió de eso, talvez no tenía con qué”, opinó el crítico costarricense Bértold Salas.

Pese a que nunca pudo volver a alucinar al cine, quedó inmortalizado como todo lo que un director de Superman podía soñar: Reeve era un tipo noble, valiente, lleno de ideales, un ícono de la época.

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“Nadie podía haber interpretado el papel de la manera en la que lo hizo. A estas alturas, es imposible encontrar a alguien que lo haga de la misma forma. Sea quien sea, tendría que hacerlo de una forma distinta”, dijo al Los Angeles Times el director Donner, quien admitió que su carrera se la debe a la estrella.

El mismo Reeve lo reconoció días antes de su accidente: “Toda generación debería tener un Superman para su propia época. Fui el Superman correcto para los 70 y finales de los 80. Si quisieran hacerlo de nuevo, tendrían que hallar al Superman para este tiempo”.

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Gloriana Corrales

gloriana.corrales@nacion.com

Periodista de Revista Dominical

Periodista en la Revista Dominical de La Nación. Es graduada de Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo de la UCR. 

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