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¿De Cartago o de Krypton?

Actualizado el 13 de junio de 2013 a las 12:00 am

Hace 25 años se vistió por primera vez del hombre de acero; ese mismo día, sintió en carne propia el encanto que aparece con tan solo personificar a uno de los superhéroes más queridos de todos los tiempos. No es un pájaro ni un avión... ¡es un cartaginés!

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Superman anda en moto. Lo hace desde Barrio Nuevo del Guarco, en Tejar de Cartago y hasta donde lo llamen. Tiene una Suzuki de 250 centímetros cúbicos y un casco cuyo color se ha ido destiñendo.

Cuando Superman hace el oficio esporádico de mensajero no tiene el pelo tan engominado como cuando está disfrazado de superhéroe; esos días hace hasta lo imposible para acomodarse “el colochillo” como el del famoso personaje salvavidas de Ciudad Metrópolis.

Mientras tanto, en la Vieja Metrópoli, este Superman de 65 años de edad y piel morena no salva vidas pero, al menos, le anima el día a más de un curioso.

Gerardo Vargas Ramírez se ha hecho célebre a punta de apariciones esporádicas en actividades masivas de diversa índole: festejos de la ‘Sele’, manifestaciones en contra del TLC, huelgas de empleados del MEP y, más recientemente, una celebración anticipada por un ‘Cartaguito campeón’.

“Es que Superman siempre ha estado a favor de la justicia, por eso yo voy a ciertas marchas. No me gano nada con esto, aunque a veces hay quienes me regalan algo después de tomarse una foto conmigo”, comenta Vargas, un conserje pensionado.

Este hombre no es de acero ni nació en Krypton pero tampoco es que él crea tener superpoderes, aunque desde pequeño sus compañeros de la escuela Winston Churchill le pusieron el apodo “Superman”. Todo porque cuando era un chiquillo dibujaba al superhéroe encapotado en la pizarra cada vez que podía.

Más tarde, hace casi 25 años, se hizo un traje del personaje para celebrar un triunfo de la selección y desde entonces parece que la capa, el escudo y el uniforme bicolor han sabido ajustarse a su cuerpo.

En su trayectoria personificando al héroe ha tenido tres trajes confeccionados por su hermana Yamileth. El último le salió en ¢30.000 por la tela “estirable” y la mano de obra, pero sin incluir el costo del par de botas rojas.

Altibajos. La vida no le sale barata a este cartaginés. Por eso, además de ser mensajero y Superman, también es San Nicolás cada diciembre, y payaso cada vez que lo llaman a presentaciones privadas.

“Ahora la cosa está fea y no contratan mucho; a veces intento vender globos pero me cae la policía”.

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Lo informal es lo suyo, ya que sus estudios llegaron hasta octavo año y se pensionó a los 50 por un parte médico que advertía de su desgaste físico.

“Yo lloré el día en que me pensioné y entré en depresión, pero disfrazarme me ayuda a salir del estado depresivo porque siento que la gente se alegra cuando me ve y eso es suficiente para mí”, comenta sentado en una banca, a un costado de las Ruinas de Cartago mientras lo saludan los locales que lo reconocen.

Sin embargo, no a todos les simpatiza este cartaginés que personifica al hombre de acero y, más bien, las críticas lo han ido desmotivando, al punto en que ya ha valorado la posibilidad de colgar la capa.

“Hay gente que se burla, se me queda viendo raro y me hace sentirme ridículo; por eso, me he echado para atrás un poco pero igual voy a hacer esto hasta que pueda, porque soy un personaje del público”, cuenta el padre de Gerardo, Pedro y Robert, esposo de Mayra Cubero, con quien se casó a los 21 años.

El Superman tico también canta y toca guitarra; además, procura mantenerse en buenas condiciones con entrenamientos que consisten en nadar en ríos. Sin embargo, nunca ha pasado más allá del Sixaola; de hecho, él acepta que nunca ha sobrevolado el territorio nacional: “Hay chiquitos que me piden que vuele pero yo les explico que solo vuelo en las películas”.

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