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Ahí viene Ralph

Actualizado el 25 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

Todo lo destruye Peor que el fin del mundo

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                         El mundo interno de los videojuegos y el mundo externo de quienes los juegan se unifican para darnos una entretenida película animada. ROMALY PARA LNAnimada.
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El mundo interno de los videojuegos y el mundo externo de quienes los juegan se unifican para darnos una entretenida película animada. ROMALY PARA LNAnimada.

Esta vez sí se luce la cofradía Disney con la película animada Ralph el demoledor (2012), dirigida por Rich Moore, no solo por su explosiva y juguetona expresión visual, significativamente colorida, sino también por el buen pulso que le mantiene dicho director a la agilidad narrativa.

Se trata de una historia donde su realidad, con personajes de videojuegos, alterna de manera bien amarradita, como tamal navideño, con otra realidad que le sirve de referente: la de quienes juegan tales videojuegos en una tienda. Tal es el universo recreado por la trama, prácticamente sin fisuras de ningún tipo.

Dentro de dicho mundo, vemos cómo Ralph se cansa de ser el malo de un juego, donde él destruye todo y Félix recompone con su martillo mágico, muy distinto al mazo de Thor. Ralph es parte de un juego de arcade y este es el término genérico dado a máquinas dispuestas en sitios públicos para la diversión. Son videojuegos distintos a los de azar con su concepto.

Un día, Ralph decide emigrar al mundo para demostrar que él también puede ser bueno y, como tal, ganarse una medalla.

Para Ralph, “emigrar al mundo” es salirse de su juego y andar por ahí, por otros. Ello ocasiona serios problemas en los juegos, incluso para los jugadores de las máquinas que los contienen.

Es interesante el argumento. Interesante y entretenido. Entretenido y fabulador. Vemos el proceso dramático de Ralph, quien descubre que para encontrarse a sí mismo y aceptarse como tal, primero hay que encontrarse y aceptar a los demás como ellos son con sus ideas y características.

Este concepto va a contracorriente de lo que, normalmente, se predica dentro del cine de la escudería Disney y va a contrapelo del individualismo actual, como el que predica Paulo Coelho con sus libros tan vendidos.

Cuando Ralph libera a un enemigo peligroso de los juegos, la película se pone más entretenida. El filme bien planteado desde el diseño de la producción y, además, la caracterización de sus personajes define claramente la filosofía de la trama, o sea, su carácter fabulador para descubrir y valorar su moraleja.

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Los diálogos son también ágiles. Son inteligentes y graciosos, finos y puntuales. Por sí solos, los diálogos valen para ir al cine a ver este filme. El planteamiento de situaciones es igualmente preciso, importante para que Ralph el demoledor no pierda su interés argumental.

Buen ritmo: acelerado, pero con pausas oportunas y bien musicalizado. El núcleo argumental es entretenido y colorido. Insisto en la importancia del color. El filme tiene exitosa expresión visual gracias al creativo manejo de gamas dentro de la animación. Por esa ruta, los colores vivaces adquieren valor significativo.

Ergo, con sobrada razón, no les recomiendo que vean esta película en 3D, porque tales anteojos oscurecen lo visual. Esta vez es preferible perderse la profundidad de campo y no estar viendo cosas en la nariz de uno para, en cambio, disfrutar del colorido de la cinta.

Sé que cuando digo estas cosas, se molestan algunos exhibidores y distribuidores de cine en el país; sin embargo, mi fidelidad es para con los espectadores y por eso les recomiendo ir a ver Ralph el demoledor , pero no en 3D.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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