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La aventura lo espera bajo las estrellas

Actualizado el 26 de octubre de 2012 a las 12:00 am

Practicar canopy en la noche es una propuesta que dejará satisfechos a quienes disfrutan sentir la adrenalina en su cuerpo. La propuesta lo lleva a internarse en uno de los cerros de La Carpintera, por espacio de tres horas. ¡Anímese!

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Los ojos intentaban divisar el punto de llegada, pero en esa noche negra como el carbón, fue inútil. Gritar era una forma de decirle a la montaña “¡estoy aquí!”, pero creo que era más fuerte el latido del corazón. ¿Miedo? Sí, un poco.

Sin embargo, resultó más poderosa la adrenalina que recorría el cuerpo, al viajar a casi 70 kilómetros por hora, entre los árboles de los cerros de La Carpintera.

Aunque el practicar canopy nocturno puede ser una propuesta de turismo de aventura que sonaría algo extraña, esta viene acompañada de muchas emociones y de la oportunidad de exponerse a la naturaleza de una forma distinta.

Esta idea del tour de Canopy Nocturno, en el proyecto Aventuras Carpintera, en San Diego de La Unión, lleva varios meses tentando a ticos y extranjeros, y como aseguró el guía Pablo Herrera, los cero accidentes que tienen son muestra de la forma responsable como se realiza.

Lo importante para vivir esta experiencia es estar dispuesto a la aventura y ver la naturaleza con otra luz.

A la aventura. Para disfrutar de este tour , es necesario llevar cierto tipo de indumentaria. Los zapatos ideales son los de caminar en la montaña, pero si no tiene, lleve esas tenis viejas que estaba por tirar a la basura o algún par al que no le tenga mucho cariño, porque se le ensuciarán en cada centímetro cuadrado disponible.

Es importante que el pantalón de mezclilla o para caminatas que tenga disponible, le quede cómodo pero no muy flojo. También se recomienda utilizar una prenda que lo abrigue, de preferencia una sudadera sin cremallera, y por la que no tenga un afecto especial, ya que, de lo contrario, le dolerá verla cuando descubra que tiene salpicaduras de barro y otras sustancias de la naturaleza.

El recorrido comienza en un camión que lo hace sentir que se viaja en la tagada con ruedas. Luego de esos 15 minutos iniciales, el grupo llega al punto donde la única forma de avanzar es con las piernas.

Antes de continuar, los guías le entregan una lámpara para la cabeza y un maletín donde cada persona llevará el equipo para el canopy .

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Al principio, uno puede tener dudas: no es de todos los días tener que decidir adentrarse por un trillo en la montaña, con solo una luz led para guiarlo. No obstante, si llegamos hasta ese punto, fue porque la aventura tiene un poderoso llamado, así que luego de reflexionar un minuto, uno avanza con entusiasmo.

La oscuridad obliga al visitante a abrir más los ojos, prestar atención a cada paso y, con suerte, ver alguna de las 25 especies de mamíferos que habitan la zona, como los perezosos de dos dedos o mapaches.

La aventura comienza luego de una breve charla, donde se explican los métodos para que la experiencia sea tan placentera como segura.

El primero de 13 cables es corto, busca que el visitante se acostumbre a la sensación de viajar con poca visibilidad. En este punto es posible ver a la distancia la luz del guía que aguarda al otro lado.

La distancia es mayor conforme se avanza entre cable y cable, hasta llegar al punto en el que es imposible ver dónde finaliza el recorrido.

Los primeros minutos se hace un esfuerzo –bastante inútil por cierto– de tratar de ver la distancia que se recorrerá. Luego de eso se entiende que, simplemente, hay que dejarse llevar, disfrutar esa extraña mezcla de velocidad, viento frío en el rostro y ansiedad por saber cuánto faltará para llegar al final del cable.

Al final de las tres horas de recorrido, el valiente aventurero queda contento. Gabriela Oviedo, herediana de 20 años quien hizo el recorrido un viernes de octubre, aseguró que el canopy nocturno le pareció una experiencia llena de adrenalina.

Jimmy Díaz, cartaginés de 29 años, calificó la experiencia como una aventura innovadora que desde que lo descubrió le interesó.

Por experiencia como la de ellos es que el guía Pablo Herrera conoce a varias personas que luego de la primera vez regresan por más, mientras que otros lo hacen en el día para ver cuán diferente es el recorrido con luz natural.

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