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La vida (casi) secreta de las ilustraciones en Costa Rica

Actualizado el 01 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

En Costa Rica, la ilustración de libros logra un alto nivel artístico y aparece en cuidadas ediciones, pero aún no se la valora como el arte que es

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El trío de los miedosos. Ilustración de Héctor Gamboa.

Héctor Gamboa. grafimapas@gmail.com

Algo está pasando en el mundo del libro costarricense. Sin hacer ruido, la recién pasada Feria Internacional del Libro ha servido para confirmar el tardío, difícil y silencioso –aunque inexorable– encuen-tro de los costarricenses con los libros ilustrados.

Hace dos siglos, los libros con ilustraciones empezaron a migrar de los estantes de las bibliotecas aristocráticas e irrumpieron en la cultura popular de la mano de la clase media.

Los libros ilustrados conquistaron un espacio determinante en la cultura bibliófila del mundo desarrollado-porque-lee pues el hábito lector y el desarrollo son indisolubles.

En el mundo desarrollado, desde la infancia temprana, las ilustraciones rodean a los niños y se comprende el inmenso rol del libro ilustrado en la formación del hábito de leer, la imaginación, la educación estética y el desarrollo del pensamiento abstracto.

Han apareciendo joyas ilustradas, como Don Quijote,La divina comedia y La Bibli a, de Doré; Alicia en el país de las maravillas , de Tenniel, y los Cuentos de los hermanos Grimm y el Peter Pan , de Rackham. Genios de la talla de Sendak, Innocenti, Van Allsburg, Shaun Tan, Dr. Seuss, Moebius, Uderzo, Dautremer, Corben, Sempè, Quino, Fontanarrosa, Breccia, Pratt y muchos más han dejado huella en la imaginación de generaciones de lectores.

Desgraciadamente, ese auge no ocurría aquí –por lo menos no con libros de autoría tica–. Siendo el nuestro un país que lee muy poco pero publica bastante, llevábamos un enorme atraso en materia de libros ilustrados. Una caricatura en un periódico estaba bien, pero, en los libros, un dibujo o una viñeta en colores solo “adornaba”.

Tres cuentos cortos para viajes largos. Ilustración de Adián González.
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Tres cuentos cortos para viajes largos. Ilustración de Adián González.

Durante largo tiempo, apenas la pionera labor de Carmen Lyra, Carlos Luis Sáenz y Adela Ferreto hizo posible que la obra de Juan Manuel Sánchez alumbrara las bibliotecas con su audacia y su sencillez. Eso sí, en Costa Rica, el oficio de ilustrar páginas parecía una blasfemia a menos que el material bibliográfico fuera para menores de doce años.

No es que nuestras editoriales no lo intentasen. Desde la década de 1970, se ha publicado material ilustrado de gran calidad. Hubo esporádicas obras de arte firmadas por maestros emblemáticos, como Félix Arburola, Hugo Díaz, Xiomara Blanco, Fernando Carballo, Álvaro Borrasé, Ana Griselda Hine y Vicky Ramos: ellos dejaron constancia de que la semilla del Indio Sánchez había caído en tierra fértil.

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A finales del pasado siglo y a principios de este, la Editorial Costa Rica (ECR), Farben-Norma, INBIO, la EUNED, Alfaguara y el tristemente extinto suplemento Zurquí , de La Nación , fueron osados defensores de los libros con dibujos, pero vieron su oferta languidecer o desaparecer en el reacomodo de la globalización.

Por fortuna, el nuevo siglo trajo también una nueva mentalidad. Bajo el auspicio de Vicky Ramos y Carlos Rubio , verdaderos padrinos de la ilustración hecha en Costa Rica, se fundó el Foro GAMA de Ilustradores. Esta organización informal de locos por el dibujo se reunía para hacer exposiciones, libros-arte y foros sobre la ilustración de libros.

Mi cuento fantástico. Ilustración de Ruth Angulo.
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Mi cuento fantástico. Ilustración de Ruth Angulo.

GAMA sirvió como catalizador de innumerables proyectos particulares y contactó a los artistas con gente interesada en producir libros ilustrados. El grupo permitió que varias generaciones de ilustradores dialogaran, comparasen estilos, descubrieran técnicas y posibilidades, y entablasen amistades y sinergias.

Agitaron el ambiente nuevos proyectos de editoriales jóvenes, como La Jirafa y Yo , Pachanga Kids y, algo más tarde, Club de Libros . Recordemos también las editoriales regionales Amanuense, de Guatemala, y Libros para Niños (LPN), de Nicaragua.

En nuestro país, han conseguido publicar los talentos emergentes Fernando Zeledón, Ruth Angulo , Wen Hsu , Marianela Marín, Rodmi Cordero , Adián González, Olga Anáskina, Isabel Fargas, Raúl Angulo , Rolando Angulo, Jeaninna Carranza, Mary Anne Ellis y muchos más; se han sumado a autores consagrados de la “vieja guardia” para poner en efervescencia las estanterías.

En los últimos quince años, el trabajo de los ilustradores nacionales ha producido muchos libros imprescindibles, conmovedores por su belleza, para niños y para grandes.

El único y notable lunar es que muchos –casi la mitad– de los títulos de la lista adjunta (véase el recuadro) son ignorados por las más importantes cadenas de distribución. Su presencia es escasa o están del todo ausentes en las librerías. Durante la Feria Internacional del Libro y otros encuentros similares, aquellos libros se venden como rosquillas, pero ocupan el último y más oscuro rincón en las grandes cadenas, y son el patito feo de la crítica, las actividades literarias y los estudios académicos, con honrosas excepciones.

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Algo está pasando en el mundo editorial costarricense a pesar del ostracismo de los distribuidores. Algo mágico ha permitido que, incluso con dotes tan modestas como las mías, uno encuentre editorial y el público vuelva, año con año, a la Feria a buscar las novedades que produjimos.

Mi amigo el dragón. Ilustración de Wen Hsu.
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Mi amigo el dragón. Ilustración de Wen Hsu.

Hay libros ilustrados ticos en el mercado mexicano y brasileño, libros de ilustradores costarricenses son traducidos al tailandés, el japonés y el coreano; algunos consiguen que bibliotecas escolares de Chile, Guatemala y Argentina adquirieran las creaciones costarricenses.

Una ilustradora costarricense, Wen Hsu, obtiene una mención de honor en la célebre bienal de Bratislava (Eslovaquia). Todo esto ocurre silenciosamente. Ya es tiempo de hacerle ruido.

....

Lista para recordarEn esta  lista corta –que se queda corta– de libros notables, debemos incluir Historia de un árbol, El cuento fantasma y Mi amigo el dragón, de Wen Hsu, para la Editorial Amanuense, de Guatemala, y para Libros para Niños (LPN), de Nicaragua;  La delirante familia Tosco y La máquina de los sueños, de Rodmi Cordero para la Editorial Costa Rica (ECR).

Recordemos las ilustraciones de  Tres cuentos cortos para viajes largos, Lorca: la luz inagotable y el monumental ABC de Josefina, del cubano-costarricense Adián González para La Jirafa y Yo; El mono paparazzi (ECR), Sibö y los sapitos traviesos (Pachanga) y Los cuentos de mi tía Panchita, de Ruth Angulo (Uruk).

Añadamos Entresijos de San José, de Olga Anáskina, para La Jirafa y Yo; Gonzalo el cocodrilo e Historia de dos sapos, de Álvaro Borrasé (LPN); el fabuloso “El niño radio” y otros cuentos, de Marianela Marín (LPN); Bienvenido, Donnie, El príncipe teje tapices y “Epigramas” de Ernesto Cardenal, de Vicky Ramos (ECR y LPN), y las increíbles guías de aves e insectos del INBIO que firmó el talentoso y malogrado Fernando Zeledón.

Señalemos dos creaciones colectivas que tienen el  mérito de reflejar la sensibilidad de esta generación: El libro de la Navidad, obra fundacional del Foro GAMA y Carlos Rubio, editada por Norma, y el raro y estupendo Bestiario, de GAMA, editado por la desaparecida Robin Books.

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