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Marionetas y teatro

Los títeres de S. O. S. Titelles recorren Latinoamérica

Actualizado el 16 de junio de 2013 a las 12:00 am

El Laboratorio Titinerante enseña un viejo arte popular

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Los títeres de S. O. S. Titelles recorren Latinoamérica

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“De aldea en aldea, / el viento lo lleva / siguiendo el sendero. / Su patria es el mundo. / como un vagabundo / va el titiritero”, les cantó el español Joan Manuel Serrat a los artistas que llevaban el encanto de los títeres a cada rincón. La melodía calza perfectamente con Carlos López y su compañía de títeres S. O. S Titelles, que recorre América Latina con el arte de las marionetas.

Este maestro titiritero ha llegado a Costa Rica por dos motivos: el primero es participar del Festival y Encuentro Centroamericano de Teatro en Costa Rica, que se realiza del 6 al 23 de junio; además, el colectivo S. O. S. Titelles ha creado El Laboratorio Titinerante , con el cual pretende enseñar la técnica de confección y manejo de marionetas a los participantes interesados.

Vida a través de los hilos. Carlos López nació en Tolosa, en el País Vasco, y, en 1983, se dejó encantar por el mundo de lo títeres, tras vivir años de experiencia como actor, director y profesor de teatro. Actualmente forma parte del Taller de Marionetas de Pepe Otal , situado en Barcelona. “Es un espacio mágico donde nos reunimos titiriteros de todo el mundo”, explica Carlos.

Después de 30 años, la principal herramienta de López es su experiencia, que lo ha traído a Costa Rica para dictar el taller “Entre hilos”. Justamente, antes de comenzar el taller, el titiritero aprovechó un espacio de aquella tarde lluviosa y ajetreada para conversar con Áncora sobre su trabajo con estas inquietantes figuras.

–¿Cuál es el origen de los títeres?

–Yo lo situaría antes que el origen del teatro porque la gente, cuando aún no utilizaba el lenguaje, de alguna forma habría debido comunicarse, y lo más lógico es que agarrase algún objeto y con este objeto representara lo que quería decir: ahí ya se utilizaban títeres.

–¿Existe una distinción entre las marionetas y los títeres?

–Nosotros hacemos esa diferenciación; sin embargo, en Francia no se hace y se llama marioneta a todos esos mecanismos. En el ámbito hispano sí se suele hacer esa distinción: se denomina “el mundo de los títeres” al “mundo grande”, y al que va manejado por hilos se lo llama marioneta.

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López nos explica la gran variedad de títeres que existen: las marionetas son aquellas manipulada con hilos y un sistema de mando. El que ellos utilizan ha sido creado por el ingeniero alemán Fritz Herbert Bross y está especialmente diseñado para trabajar en escenarios al nivel de la calle.

Asimismo, existen los títeres de guante, una especie de “traje” para las manos que simula seres humanos o animales. También se utilizan los “fantoches”, cuyas cabezas o algunas extremidades son del cuerpo del titiritero.

Un tipo de teatro. Ya sea que se utilicen fantoches, guantes o marionetas, la finalidad de los títeres es tomar vida en el escenario. Por este motivo, el arte de los títeres y el teatro van de la mano.

Según Carlos López, el teatro puede verse desde la óptica del director teatral –detrás del escenario– o desde la actuación, que exige a los actores ser visibles por el público. En cambio, los títeres obligan a estar detrás y dentro de la representación a la vez. “En el mundo del títere se puede ser un poco dios porque se tiene la capacidad de hacerlo todo”, expresa el artista.

Por esa razón, el taller “Entre hilos” se dirigió a los estudiantes y a los profesionales en teatro. Minutos antes de empezar la primera clase, algunos ya habían llegado a la Compañía Nacional de Teatro, donde se realizó el taller, y observaban, curiosos, las cabecitas y las extremidades de madera que podrían convertirse en un títere.

–¿Cómo se relaciona el mundo de los títeres con el teatro?

–Los títeres están dentro de lo que es esa gran madre de la escena. Llevan los mismos prolegómenos y las mismas formas que el teatro. La única diferencia es que, en vez de representarlo con personajes vivos o reales, se trabaja con otros elementos. Tampoco deben ser necesariamente figuras que representen al ser humano: pueden ser objetos y casi cualquier cosa.

–¿Qué ofrece un función de títeres que no brinde una representación en la que actúan personas?

–Los títeres ofrecen esa sensación inquietante de ver moverse a un elemento extraño. Puede entenderse el movimiento de una persona, pero es más difícil comprenderlo en un objeto. A la figura creada se le da la vida a través de los hilos, y eso le resulta mágico al espectador.

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”A la vez, aparecen dificultades con el uso de una marioneta; por ejemplo, estas figuras no tienen gestos y carecen de muchos movimientos que ofrece un actor. En cambio, una marioneta la tiene muy fácil para volar. A una marioneta incluso se le puede quitar un brazo y se le puede salir la cabeza”, explica Carlos López riendo.

Una voz para las marionetas. Esa posibilidad de las marionetas de perder una extremidad en medio de la representación es explotada en una de las obras de S. O. S. Titelles : El paracirco , en la cual los personajes principales son las marionetas olvidadas porque se les ha roto algo y han acabado en un cajón.

Esas marionetas dañadas se rebelan ya que desean volver a sentirse protagonistas, así que montan un circo con personajes discapacitados. La obra pretende ser una metáfora de nuestra vida y nuestra sociedad; es apta para los niños, pero también pretende llevar un mensaje al público adulto.

–¿Qué piensa de quienes restringen el uso de las marionetas al teatro infantil?

–Esa es una idea que rechazo totalmente; se ha infiltrado desde hace muy poco: a la marioneta se le da ese rango desde los años 50. Hasta entonces era todo lo contrario: se la utilizaba para sacar el teatro de sus cuatro paredes, al que solo podían acceder personas de ciertas clases sociales.

López cuenta que, a principios del siglo XX, los clásicos del teatro se representaban con marionetas en las tabernas, las calles y las plazas de los pueblos. De esta manera, sin necesidad de una gran infraestructura, se creaban escenas en miniatura que se convertían en un medio de expresión hacia las clases populares.

“El títere siempre ha sido un elemento transgresor y bastante incómodo porque tenía una gran capacidad pedagógica, y el mensaje que podían dejar llegaba a ser molesto para algunos”, relata Carlos.

Los títeres pueden desempeñar una importante labor social y pedagógica, y el Laboratorio Titinerante busca difundir esta posibilidad cultivando la “técnica de hilo” –como se la llama– en Latinoamérica. El colectivo también pretende evitar que este maravilloso mundo del teatro se extinga: este es el motor que los lleva, tal y como interpretó Serrat “de aldea en aldea”.

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