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¿Quién le teme a Eunice Odio?

Actualizado el 03 de septiembre de 2017 a las 12:00 am

Zona en territorio del alba . El rescate de este libro de Eunice Odio, por parte de la Euned, permite seguir revalorando su legado poético, pero sobre todo estudiarlo en diálogo con el presente

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“Ahora, ya nadie podrá tenerte en nada, ni negarte más”

Rima de Vallbona

U n día de marzo de 1974, después de más de una semana de muerta, se descubre el cadáver, ya descompuesto, de Eunice Odio. ¿Qué sucedió en la vida de la mejor poeta costarricense de todos los tiempos para desembocar en un cuadro tan triste y desolado? No quisiera concentrarme en la biografía y menos leer su obra a la luz de esta, pero no podemos pasar por alto la historia de ignominia a la que fue sometida.

Si dijese que los escritores costarricenses más importantes son Fabián Dobles o Joaquín Gutiérrez nadie diría nada, pero qué diferente cuando nos enfrentamos a otra posibilidad. Traigo esto a colación por dos razones. Primero, resulta destacable de qué modo la estatura artística e intelectual de Yolanda Oreamuno y de Eunice Odio opaca al resto de autores nacionales, más aún por la época que vivieron y por sus historias personales, marcadas por todos los signos de una cultura patriarcal (y punitiva, como señala Carlos Villalobos). No solo fueron excluidas antes, aún escucha uno a autores varones afirmar que están sobrevaloradas.

54 años.  Eunice Odio nació el 18 de octubre de 1919, en San José,  y murió 23 de marzo de 1974, en Ciudad de México.
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54 años. Eunice Odio nació el 18 de octubre de 1919, en San José, y murió 23 de marzo de 1974, en Ciudad de México.

Además, enfatizo su proyección internacional: ¿por qué razón no fue igual para otros autores, especialmente después de los años 60? Lamentablemente este espacio no es el indicado para investigar las causas ni para equiparar esta situación con el declive de la labor editorial y crítica durante el mismo periodo, pero sirve como acicate para quien busque trazar el mapa de las letras costarricenses.

La historia de Eunice es trágica, sin más, y solo podemos consolarnos con su enorme legado, como si esto pudiese resarcirla. Su poesía, místico-metafísica, es la cumbre de un estilo; su prosa, acerada y contundente, supo lanzar polémicos dardos (a ella debemos el término “costarrisible”).

Si la posteridad de verdad adquiere deudas, hoy le corresponde colocar a Eunice en un lugar central, no para petrificarla con la materia muerta de los monumentos, sino para que pueda seguir dialogando con nosotros.

La nueva edición de Zona en territorio del alba

Pocas tareas resultan tan gratificantes para un editor como enfrentarse a un texto canónico pero relativamente oscuro, armarse de paciencia para reconstruir su ruta literaria y decidir sobre la versión final. He tenido ese raro privilegio en algunas ocasiones: la edición de Bar Roma , novela inconclusa de Marco Retana y ahora la primera edición costarricense completa de Zona en territorio del alba. Poesía: 1946-1948 (en adelante Zona ).

Gracias a la incansable labor de la escritora y académica Rima de Vallbona –la mayor especialista euniciana– llegó a la Euned la edición príncipe de Zona , publicada en Argentina por Brigadas Líricas en 1953.

El texto fue escogido aquel año para representar a Centroamérica. Este hecho no es menor. Significa que desde su primera obra y hasta el final de su carrera Eunice tuvo proyección internacional. Recordemos que Los elementos terrestres ganó el Premio Centroamericano de Poesía 15 de setiembre en 1947 y fue publicado en Guatemala. Por su parte, a Tránsito de fuego , enviado al Certamen de Cultura de El Salvador, el jurado le otorgó un reconocimiento en metálico y lo publicó en 1957.

Quizá parezca razonable que entre dos obras tan importantes, las dimensiones y el alcance de Zona no le permitieran brillar adecuadamente.

Sumado a esto, la confusión que se genera con la antología preparada por la misma Eunice, Territorio del alba y otros poemas (Educa, 1974), dificulta la comprensión del corpus euniciano. Los detalles de esta situación aparecen explicados en el prólogo que para esta edición íntegra preparó de Vallbona.

Los poemas de Zona

Un epígrafe de la propia autora, que en esta edición queda como poema independiente, es el pórtico de esa “zona” a la que nos invita a pasar: “Un tallo de marfil te subía / por el alba, y por dentro / del aire ascendías / a todos / sus linajes” (3). Continúa con uno de los textos excluidos de las obras completas, Dos prolegómenos para una canción (5), cuyo motivo es la idea del canto como sonido íntimo.

¿Quién le teme a Eunice Odio?
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¿Quién le teme a Eunice Odio?

La clase de matemáticas conjuga en un solo texto el lenguaje concreto de los números con un universo barroco, que culmina con un verso que lo resume: “¡Qué sueño tan metódico el del caos!” (9). Por su parte, Esta mañana he amanecido alegre (11) resulta no solo un poema fresco como su título sino que efectivamente estamos frente a uno de los textos más diáfanos de Eunice.

Contrario a la mayor parte de su obra, la estética de Zona se mueve en un terreno donde se permite lo coloquial a la vez que la metáfora aurático-esencialista (“Ángeles de cuatro sílabas / llevaban tu corazón”, 13), para usar un concepto de Francisco Rodríguez Cascante.

En efecto, las imágenes que construye Eunice se mueven entre dos posibilidades expresivas. El elemento conversacional se evidencia en ocasiones por el uso del octosílabo, metro de la tradición popular y recurso de la poesía infantil: “Lin lan, cantaba la alondra / lin lan, en torre de albahaca […] y el árbol sueña que sueña / alondras sobre sus ramas” (15).

Sin embargo, de un poema como el anterior, saltamos a uno de atmósfera más densa y hondo sentido existencial, donde una ciudad anónima toma el lugar central. La hablante sabe que algo la espera en esa ciudad, pero hay un rechazo hacia sus improbables bondades: “Es casi imposible no amarla desde lejos. / De cerca es otra cosa” (20). De Vallbona lee el poema en clave autobiográfica y sugiere que es San José, la ciudad que la expatrió.

El libro fluctúa entre poemas descriptivos e intimistas. De Pequeña recepción de un amigo a su llegada a Panamá (21) pasamos a un Recuerdo de mi infancia privada (23), una de las entradas más conmovedoras. Lo mismo podría decirse de los dos últimos poemas, A Natalia, la niña del pintor Granell (27-30) y la Suite de la bailarina iluminada (31-35).

Zona , a pesar de su brevedad, nos ofrece todo el repertorio de recursos de Eunice. Su título podría leerse como referencia a un estado intermedio, primero entre estilos, y luego, entre Los elementos terrestres y Tránsito de fuego ; como el momento previo al despertar, antes de esa sinfonía épico-dramática que supera las 400 páginas y que debería ser el poema central de nuestro canon.

Eunice, ¿la hermana mayor?

Año con año, la figura de Eunice adquiere mayor relevancia. Aún está pendiente un cuarto tomo de sus obras completas, compuesto por cartas, y como podemos aventurar, una indispensable revisión de dichas obras.

Porque más que convertirla en la “hermana mayor”, incontestable, como lo es hoy –lastimosamente– Debravo, la estatura estética de Eunice exige un diálogo vigoroso, una conversación íntima y pública que trace el camino desde sus poemas hasta nuestros días.

Hay que devolver a Eunice la lozanía, la frescura y el vigor de sus letras, celebrar con ella, y por ella, su ética férrea, su canto a la libertad y a la creación, su épica interpretación del universo.

Nueva edición

Título: Zona en territorio del alba. Poesía: 1946-1948

Autora: Eunice Odio

Sello: Euned

Género: Poesía

Prólogo: Rima de Vallbona

Números de páginas: XX

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