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Los pueblos indígenas en Nicaragua y Nicoya en el siglo XVI

Actualizado el 25 de enero de 2015 a las 12:00 am

Eugenia Ibarra Rojas

Pueblos indígenas del Pacífico

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Los pueblos indígenas en Nicaragua y Nicoya en el siglo XVI

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Mauricio Murillo Herrera

La historiadora y antropóloga Eugenia Ibarra pertenece a un muy exclusivo grupo de académicos que han demostrado, a través de su trayectoria, que poseen de manera innata una aptitud –con “p”– hacia la investigación. Sus ideas no se quedan en conversaciones de pasillo, de aula o de oficina, sino que las materializa en obras fundamentales para la investigación etnohistórica en Costa Rica y América Central. De allí proviene su importante trayectoria académica, reconocida tanto a en nuestro país como en el extranjero.

Entre el dominio y la resistencia: Los pueblos indígenas del Pacíifico de Nicaragua y Nicoya en el siglo XVI es fruto de un prolongado interés de la autora en temas relacionados con fronteras y regiones. Por razones de espacio no me referiré a toda la obra, sino a algunos aspectos particulares que, como arqueólogo, llamaron más mi interés.

La obra es un esfuerzo por entender el Pacífico de Nicaragua y Nicoya como una región, centrándose en el siglo XVI, pero utilizando información precolombina y de siglos posteriores. Su enfoque es eminentemente etnohistórico e interdisciplinario.

En la introducción, Eugenia Ibarra expone su concepto de región como un constructo social en un espacio y un tiempo determinados, pero, siguiendo al historiador Arturo Taracena, con un fundamento histórico de larga data.

La autora concibe las regiones como hipótesis de trabajo; es decir, algo que hay que demostrar a partir de evidencia histórica, arqueológica, biológica y geográfica.

Citado por Ibarra, Taracena afirma que, “para entender las regiones más recientes, metodológicamente se deben tomar en cuenta fenómenos históricos de origen prehispánico”.

Aquí hay algunos aspectos dignos de considerar. Primero, ciertamente, todo fenómeno social se produce en un contexto histórico; no obstante podemos ir tan atrás como hasta el origen mismo de la humanidad rastreando cada elemento social que investiguemos.

Incluso, la misma autora señala que “las regiones no son innatas ni eternas, sino construidas por sujetos sociales en un espacio y un tiempo determinados”.

No obstante, concuerdo con Ibarra y Taracena en la necesidad de tomar en cuenta la profundidad histórica en historias regionales, dado que, dentro de un territorio que se definió como región, hay elementos sociales de muy larga data y otros muy recientes, y esto es lo que los historiadores y arqueólogos deben dilucidar.

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En el capítulo dos de la obra la autora discute el concepto de Gran Nicoya a la luz de recientes investigaciones. En este apartado concuerdo plenamente con Ibarra con que la obsesión de definir áreas o regiones culturales ha llevado a que frecuentemente nos desviemos de las preguntas realmente importantes: aquellas que tratan ya no de descripciones e inventarios artefactuales y tipológicos, sino de reconstrucciones de dinámicas sociales.

En el caso particular de los arqueólogos, uno podría preguntarse si se está mirando algo distinto de similitudes entre artefactual y entre rasgos; es decir, si se consideran otras variables arqueológicas.

La autora señala la importancia de poder distinguir entre distintos tamaños de población, así como entre diferentes densidades poblacionales y entre distintas entidades políticas, para lo cual se necesitan las otras dos.

Además de todo el aporte documental y el rico análisis que Ibarra ofrece al lector en los otros capítulos, la obra plantea, de manera directa o indirecta, interrogantes muy sugerentes, en particular para los arqueólogos.

Por ejemplo, sabemos que las migraciones mesoamericanas hacia el Pacífico nicaragüense y hacia Guanacaste ejercieron un impacto en las lenguas locales, en el material genético de los pobladores y en los diseños artísticos presentes en el material cultural.

Ahora bien, desde el punto de vista arqueológico, ¿cuánto impacto tuvieron dichas inmigraciones sobre las configuraciones políticas locales, sobre sus sistemas económicos y sobre su organización ritual? ¿Fue homogéneo el impacto sobre todo el territorio? ¿Dónde y cuándo fue mayor? ¿Dónde hubo más resistencia cultural y dónde menos? Estas preguntas son retos importantes para los historiadores y los arqueólogos.

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