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Fuimos niños ‘Tambor’

Actualizado el 26 de febrero de 2017 a las 12:00 am

Nueva niñez. Los pequeños de la década de 1980 leyeron una revista en especial

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Con sus entrevistas a Cocorí o a He-Man, con sus cuentos y poesía, con las historia de jóvenes ejemplares y con sus enseñanzas en los más variados tema, la revista Tambor marcó a los niños de la década de los años 80, se metió en su vida cotidiana y reflejó su identidad.

El 23 de marzo de 1986, la revista infantil publicó su primer número. El proyecto era propiedad de La Nación S. A. y una realización y producción de Globo Asesoría y Medios de Comunicación; sus creadoras y directoras fueron Patricia Brenes y Ana Victoria Fernández.

Pretendía publicar un número cada 15 días y se podía comprar al pregón o por suscripción. Su formato era muy atractivo y buscaba combinar secciones educativas, científicas y culturales, con otras de diversión, pasatiempos, lectura y caricaturas.

Estando al día con los programas televisivos de la época, Tambor logró insertarse en el mundo cotidiano de los niños costarricenses.

En sus páginas, realizó imaginarias entrevistas a personajes como He-Man, Papá Pitufo, el Hombre Araña, Mister Ed, la pequeña Lulú, Ulises 31, a cantantes juveniles de moda como Menudo y a jugadores de la Copa del Mundo México 1986 como Maradona, Zico, Michel Platini o Karl-Heinz Rummenigge.

De vez en cuando, escogía un protagonista de la literatura costarricense como Cocorí o Marcos Ramírez para su sección de personajes favoritos.

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Fuimos niños ‘Tambor’

Asimismo, publicaba pequeños ensayos sobre geografía, historia, tradiciones populares y ciencia, siempre escritos en un lenguaje adaptado a su principal audiencia y cargado de caricaturas que exponían de forma visual las ideas principales de los textos.

Niño Tambor

¿Qué tipo de niño construía Tambor en la década de 1980? Una revisión de los números (100 en total) que publicó entre marzo de 1986 y diciembre de 1989 nos da varias respuestas a esa interrogante.

Una constante es la del niño cantante y artista. Desde el primer número de la revista se insistió en que el pequeño talentoso podía participar en los concursos de música y los programas de televisión nacionales ( Recreo grande , Fabulosos sábados , Fantástico ) e internacionales (particularmente el mexicano Siempre en domingo ).

El sueño que se pintaba en el firmamento era convertirse en jóvenes cantantes que gozaban de éxito en el mundo latinoamericano como Luis Miguel, Lucero o Chayanne.

El talento, sin embargo, también se buscaba en reportajes sobre los deseos de una chiquita por volverse escritora ( Tambor le publicó un cuento), o al enseñar el gusto y la práctica disciplinada de ballet por dos niñas.

Incluso se organizó un concurso infantil para escribir poemas en el marco del día de la madre de 1986, que obtuvo muy buenos resultados.

Ciertamente, la revista impulsaba la creatividad literaria entre los niños, algo a lo que contribuía la reproducción que hacía periódicamente de clásicos internacionales y nacionales de la literatura infantil.

El chico saludable y limpio fue otra de las representaciones de Tambor . La revista fomentó el ejercicio físico y los juegos al aire libre y bajo el sol.

Los artículos sobre ejemplos de niños deportistas y triunfadores resultaban también provechosos para la revista en ese empeño. En setiembre de 1988, Tambor incluso promovió, junto con el Parque Nacional de Diversiones y la Coca Cola, una carrera de niños a la que llamaron “Mi primera meta”.

También alentaba la lucha contra el consumo de drogas y desarrollaba secciones en las que explicaba sobre el crecimiento y los cambios asociados a él.

A partir de junio de 1988, junto con el Ministerio de Salud y la Universidad Estatal a Distancia, la publicación desarrolló una sección denominada Defendamos nuestra casa y que consistía en poner a los niños “en contacto con los diferentes aspectos relacionados con nuestro medio ambiente”.

Ciudadano y consumidor

El niño como futuro ciudadano apareció también.

La revista impulsó muy tempranamente un enfrentamiento con las actitudes de rechazo o discriminación en las escuelas y publicó notas contra el matonismo ( bullying ).

Por eso, daba instrucciones a los chiquitos para ayudar a sus compañeros de “aula diferenciada” a integrarse a los juegos y sesiones de estudio, y a llamar la atención a aquellos que insistieran en remarcar las diferencias con burlas.

Asimismo, invitaba a celebrar las tradiciones del país, a ser agradecido, a compartir y a pasar tiempo en familia. Incluso, se proporcionaba material didáctico y práctico para las conmemoraciones patrias de cada año, particularmente las del 11 de abril y las del 15 de setiembre.

El niño consumidor aparece claramente en cada número de Tambor . La publicidad que incluí era básicamente de comida rápida, snacks , helados, chocolates y gaseosas.

La cadena de comida rápida McDonald’s pautó muy a menudo. La imagen del payaso Ronald competía con las ofertas de productos de maíz de Tosty y su lagartito. Ese lagarto se convirtió en un éxito al aparecer en postales.

Junto al payaso y el lagarto, ofrecían sus productos los helados Borden, los caramelos y chocolates Gallito, el yogurt Pops, Colgate Junior, Fanta y las galletas Pozuelo, pero también el Instituto Nacional de Seguros, el Banco Infantil del Banco de Costa Rica y la Caja Costarricense de Seguro Social.

Éxito

La revista se recreó como espacio para que los menores costarricenses publicaran cartas, mensajes y dibujos.

Si se tuviera que medir el éxito de la revista con base en esa sección, se ve que logró una amplia difusión en términos geográficos, atrajo la atención de estudiantes de instituciones públicas y privadas y creó una intensa comunicación con su audiencia.

Le escribían niños de todas las provincias del país para agradecer la información que les era útil para la escuela, felicitarlo por sus secciones, solicitar entrevistas o temas en los siguientes números y dar cuenta de cómo habían salido experimentos o recetas de cocina.

El impulso imaginativo que les daba Tambor los llevaba también a enviar ensayos, cuentos, poemas y dibujos.

Las páginas iniciales y finales se adornaron con esas cartas y creaciones, lo cual, no hay duda, volvió a la revista mucho más cercana a su público meta.

Realmente, Tambor jugó un papel importante como herramienta para la recreación de los niños costarricenses de la década de 1980.

En su producción alentó espacios fundamentales para que los niños se identificaran en sus páginas y transmitió tanto la idea de un mundo que había que recordar (el de los padres y abuelos), de tradiciones que había que continuar, como ámbitos nuevos por explorar con el desarrollo de la computación.

Los niños interactuaron con la revista y sus personajes y, sin duda, en ella vieron reflejada parte de su identidad.

El autor es catedrático de Historia en la Universidad de Costa Rica

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