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Tres museos de arte precolombino, tres íconos

Actualizado el 08 de julio de 2017 a las 11:30 pm

Un acercamiento a objetos indígenas. Los museos de Jade, Nacional y de Oro Precolombino exhiben tesoros creados por nuestros ancestros. En esta ocasión les contamos las historias de tres piezas.

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Este metate de panel colgante o calado está exhibido en la Sala Precolombina del Museo Nacional. (Jorge Rendón)

Los museos de Jade, Nacional y de Oro Precolombino exhiben tesoros creados por nuestros ancestros. En esta ocasión les contamos las historias de tres piezas emblemáticas de estas instituciones, que promueven conocer mejor nuestro pasado indígena.

Consentida ave de jade

D e cariño, y solo entre sus cuidadores, le dicen “Milory”; para el resto, para los visitantes, es un bello y gran colgante de jade, en forma de hacha y con talla de ave.

Es uno de los emblemas de la colección del Museo del Jade y la Cultura Precolombina (costado oeste de la plaza de la Democracia en San José), que pertenece al Instituto Nacional de Seguros (INS).

¿Por qué es tan destacada? Es una de las piezas de jade más grandes que posee la institución: mide 21,3 cm de largo y 4,9 cm de ancho. Tiene un color verde muy oscuro, tanto que se le denomina “jade azul”.

Esta ave de fina factura fue hallada en Tibás, de San José, en el área funeraria de un sitio arqueológico conocido como Talamanca. “Fue encontrada por huaquerismo durante la construcción de una urbanización en la zona, de esta forma llegó a manos del coleccionista, quien luego la vendió al INS, para su resguardo hasta el momento”, según detalló Virginia Novoa Espinoza, curadora de Arqueología del Museo del Jade y Cultura Precolombina.

Está catalogada con el número 6.665.

De acuerdo a la ficha técnica, el INS se la compró a los coleccionistas Hernán y Carlos Páez en 1981. En aquel momento, la ley N.° 5176, de 1973, promovía que las instituciones autónomas adquiriesen piezas arqueológicas; el objetivo era que estos bienes se quedaran en Costa Rica, como parte del patrimonio cultural custodiado por Estado, y que no se vendieran en el extranjero, explicó Novoa.

En lo que hoy conocemos como Costa Rica, nuestros antepasados trabajaron el jade entre el 500 a. C y el 800 d. C. No se puede precisar cuándo se hizo esta joya; sin embargo, es posible que fuera en la etapa de mayor auge en la producción de jade, alrededor del 300 al 700 d. C., precisó Novoa.

El mineral de esta pieza es jadeíta. Museo del Jade y la Cultura Precolombina  para La Nación.
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El mineral de esta pieza es jadeíta. Museo del Jade y la Cultura Precolombina para La Nación. (Museo del Jade y la Cultura Precolombina para La Nación.)

Trabajo muy cuidado

Esta ave de jade es una muestra más del detallado y buen trabajo de nuestros antepasados indígenas.

“Si bien no se conoce el contexto arqueológico preciso del que provino la pieza, debido a que no fue recuperada de manera científica por arqueólogos, el objeto presenta una talla y un pulido que destaca la destreza de los artesanos precolombinos para trabajar un mineral que tiene una gran dureza (dentro de la escala de Mohs, se encuentra entre 5 y 6 en el rango de dureza), por lo que se estima pudo requerir de varios meses de trabajo para lograr su acabado final”, explicó la curadora de Arqueología del Museo.

No cualquiera usaba un trabajo como este en aquella época. Novoa fue clara: “Eran bienes de prestigio, usados por líderes o jefes importantes dentro del grupo social al que pertenecían, y tenían una carga simbólica importante dentro de sus creencias chamánicas, de tipo animista”.

Esta obra puede ser admirada en la exposición del Museo del Jade, que posee la colección más grande de jade precolombino en América, con más de 2.000 piezas.

En total, el INS tiene más de 7.000 objetos precolombinos, que incluyen, además de jade, piedra, cerámica, oro, hueso y madera, entre otros.

Una maravilla esculpida en piedra

Este metate de panel colgante o calado, hallado en San Rafael de San Isidro de la Arenilla (actualmente Coronado), es uno de los tesoros que exhibe el Museo Nacional de Costa Rica. Sin duda, es una obra compite, en calidad y dominio técnico, con esculturas destacadas de siglos recientes.

Mide 70 cm de alto, 85 cm de ancho y 77 cm de largo, y tiene entre 1.500 y 2.000 años de antigüedad. “Es una pieza muy interesante. Su exquisito acabado y enorme dificultad técnica lo hacen uno de los objetos destacados”, afirmó el arqueólogo Ricardo Vázquez Leiva.

No solo sobresale en Costa Rica, sino en todo el continente; de hecho, este trabajo precolombino ha sido exhibido en varias ocasiones, como préstamo, en exposiciones fuera del país.

En este metate, en la parte central, debajo de la losa o plato, se observa un ser humano desnudo, con los brazos –de una extensión exagerada– levantados, a los lados, y parado sobre un cocodrilo de dos cabezas. Lleva una máscara de cocodrilo o jaguar, la cual muestra cabezas de felinos. Se ven, también, monos con largas colas en los soportes, posados sobre efigies de felinos que sostienen cabezas humanas en sus patas.

“Ilustra una especie de cosmogonía”, agrega el especialista del Museo Nacional. El personaje central representa a aquel que comunica los diferentes planos del mundo; es decir, el chamán en situación ritual, según agrega un artículo publicado por el arqueólogo en 1997 en el Boletín del Museo.

Aunque se le llama metate, este objeto de piedra no tiene evidencia de haber sido usado para moler alimentos. Se cree que pudo haber sido utilizado, de forma ceremonial, como un asiento entre la élite indígena, según Vázquez Leiva. “No es un asiento cotidiano, sino muy ceremonial. Quien lo usaba estaba sentado en el cosmograma; tiene una altísima significación: era sentarse sobre el universo”, afirma.

Fascinante entrega

¿Cómo acabó esta joya de piedra en el Museo Nacional? La historia es fascinante.

El campesino Juan Corrales llegó con una carreta llena de fragmentos de piezas indígenas al Museo Nacional en 1899 y se los entregó a Juan Fernández Ferraz, su director. En ese momento, la institución estaba en una casona en El Laberinto (calle 3, avenida 18 de la capital).

Corrales halló aquellos vestigios al cavar en busca de las raíces de una mata de chayote junto a su casa, en San Rafael de San Isidro de la Arenilla. El director le dio un poco de dinero y, posteriormente, le pidió a la Tesorería Nacional que le pagara una recompensa de ¢100. A los especialistas los sigue sorprendiendo la voluntad de protección que movió al campesino.

Con los fragmentos, Fernández Ferraz logró reconstruir este metate ceremonial de roca volcánica y otros nueve metates trípodes, rectangulares y poco decorados.

El director quedó tan impresionado por esta pieza que escribió acerca de su posible significado. Dicha investigación fue acompañada por un dibujo del objeto realizado por el artista español Tomás Povedano, quien dirigía la recién fundada Escuela Nacional de Bellas Artes.

El trabajo de restauración que tiene este metate de panel colgante es “impecable”.

Puede admirar este trabajo en la Sala Precolombina del Museo Nacional.

El colgante de chamán está es la exposición permanente del Museo de Oro Precolombino, uno de los ubicados bajo la plaza e la Cultura.
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El colgante de chamán está es la exposición permanente del Museo de Oro Precolombino, uno de los ubicados bajo la plaza e la Cultura. (Museos del Banco Central para LN.)

El famoso chamán dorado

Este colgante mediano (12,3 por 7,5 cm) es uno de los gigantes de la colección de piezas de oro precolombino de los Museos del Banco Central. Se ha convertido en un símbolo de esta institución y su estampa es muy reconocida por el público y los expertos.

Representa a un chamán o especialista dotado de cualidades sobrehumanas. Es un objeto proveniente del Pacífico Sur, entre el 700-1550 d. C.

Muestra una máscara de lagarto, con dos espirales sujetadas de los brazos y tiene nariz tubular, de la cual emergen dos serpientes. En el tocado hay un animal rodeado por dos cintillos.

Los brazos están extendidos hacia arriba y en cada uno hay un animal. Las piernas están semiflexionadas, con tobilleras a modo de plumas; en la parte inferior, se despliegan dos decoraciones de medias lunas suspendidas con cordoncillos .

“La simbología presentada en esta pieza muestra gran dinamismo, sobre todo si se toma en cuenta la posición de las rodillas y de los brazos, lo que advierte movimiento”, detalla la información suministrada por el departamento de Comunicación de los Museos del Banco Central.

Se cree que el tocado y los animales en la cabeza de este objeto podrían ser los espíritus tutelares del chamán.

También se observa que una cabeza de ave sustituye el órgano sexual, lo cual es símbolo de fertilidad y de poder sexual.

“Este gran chamán ostenta su capacidad transformadora y la estrecha relación entre el mundo humano y el de los animales, además del dinamismo religioso de las costumbres indígenas precolombinas”, agrega la información del Museo.

Esta joya de oro no ha sido restaurada; lo único que se le hace es limpieza superficial.

Compradas por el banco

Este colgante forma parte de la colección arqueológica del Banco Central de Costa Rica (BCCR), la cual se empezó a reunir en 1950. ¿Por qué le interesó a una entidad bancaria comprar arte precolombino? Para evitar que aquellos objetos salieran de Costa Rica.

Entre los años 70 y 80, la adquisición de piezas se hizo con base en la ley N.° 5176 de 1973. El BCCR se las compró a coleccionistas.

Con la promulgación de la ley N.° 6703 de 1982, que impide la comercialización de bienes arqueológicos, el Banco Central paró de adquirir estos ejemplares.

Así la colección está formada por 3.567 objetos de oro, cerámica, piedra y jade.

El conjunto más emblemático es el de 1.586 piezas de oro; se trata de la colección de metales precolombinos más grande del país y una de las más destacadas del continente, “no tanto por la cantidad de objetos sino por la variabilidad temática y particularidades técnicas”, según detalló la arqueóloga Patricia Fernández Esquivel, en el libro Museos del Banco Central: Sus tesoros .

“(...) es una colección que rescata diversidad temática y cronológica. Se cuenta con ejemplares cerámicos que datan desde el 500 a. C. hasta objetos de oro y cerámica del 1500 d. C., situación que ha permitido su exhibición desde la creación del Banco Central”, agrega en esta publicación.

Paseo de los Museos, un tiquete

La iniciativa Paseo de los Museos, en su tercera edición, les permite a los visitantes conocer las maravillas en jade, piedra, cerámica y oro, que se encuentran en los museos Nacional, del Banco Central y del Jade, con solo un tiquete; el boleto cuesta ¢5.000 para nacionales y $31 para extranjeros. Es un precio especial para promover que la gente disfrute de las colecciones de estas instituciones, que abordan nuestra herencia precolombina y están ubicadas tan cerca.

Museo Nacional: Se encuentra entre las avenidas central y segunda, sobre cuesta de Moras, al costado este de la plaza de la Democracia. Su horario es de martes a sábado de 8:30 a. m. a 4:30 p. m. y los domingos de 9 a. m. a 4:30 p. m. Teléfono: 2257-1433.

Museo del Jade y de la Cultura Precolombina: Está ubicado en la avenida central, entre calles 13 y 13 bis, al costado oeste de la plaza de la Democracia en San José. El horario es de lunes a domingo de 10 a. m. a 5 p. m. Teléfono: 2521-6610.

Museos del Banco Central: Se ubica en los bajos de la plaza de la Cultura, en San José. Abren sus puertas al público todos los días de 9:15 a. m. a 5 p. m. Teléfono: 2243-4202.

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