Entretenimiento

Otras disquisiciones

La incertidumbre de los astros

Actualizado el 21 de septiembre de 2014 a las 12:00 am

"La teoría del caos no estudia los meses finales de los gobiernos, sino explica este hecho: es imposible prever con exactitud los movimientos de todos los componentes de un fenómeno si cambian los factores iniciales, aunque sea levemente."

Entretenimiento

La incertidumbre de los astros

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

La teoría del caos es la disciplina científica que procura entender los dormitorios de los adolescentes. Cuando un adolescente promete ordenar su dormitorio, empieza a regir el principio de la incertidumbre. Dadas estas experiencias, tan cercanas, no comprendemos aún por qué alguna gente supone que es difícil entender la física actual.

Un inventor de la teoría del caos fue el actor Cantinflas , a quien en sus ratos libres llamaban Mario Moreno Reyes . Como algunos ministros, el señor Moreno se pasaba la vida sin terminar las cosas: en realidad, las frases. Empezaba una y no la concluía; comenzaba otra y no la acababa, y así sucesivamente. De tal modo, el único vicio conocido de Cantinflas fue el anacoluto , falla de la expresión consistente en manifestar tales incoherencias.

Claro está, no faltan las injusticias: otros también vivimos de manifestar incoherencias, y no por esto nos han llamado al cine. Cometer anacolutos es una manera de ser inconsecuente sin entrar en política.

La teoría del caos no estudia los meses finales de los gobiernos, sino explica este hecho: es imposible prever con exactitud los movimientos de todos los componentes de un fenómeno si cambian los factores iniciales, aunque sea levemente.

Así, se ha dicho hasta el cansancio de la mariposa, que el aleteo de una mariposa en el Japón puede causar una tormenta en el Caribe.

Muy teóricamente, es posible prever los movimientos de todos los átomos del aire, pero no hay máquina alguna que pueda hacerlo.

Recreación artística del sistema solar publicada por la NASA.
ampliar
Recreación artística del sistema solar publicada por la NASA. (NASA para LN)

En 1814, el matemático francés Pierre Laplace imaginó una inteligencia capaz de prever todos los cambios del universo, y algún ateo practicante llamó Demonio de Laplace a aquel ser imaginario. (Para los griegos, el daímon [demonio] podía ser un espíritu benéfico.)

Llevado por el entusiasmo hacia el mal camino, don Pierre Laplace escribió: “La curva descrita por una molécula del aire está determinada de una manera tan exacta como las órbitas de los planetas”.

Empero, las líneas curvas que trazan los planetas no son perfectas: sufren “vibraciones” por influjos leves de otros astros. Un golpe de un asteroide sobre Saturno puede alterar su órbita de modo que, sumando luego su atracción a la del Sol y la de Júpiter, podría lanzar asteroides como el que escribió el obituario de los lagartos terribles.

Sin embargo, esa tragedia es improbable, como siempre decimos antes de que ocurra. Los regulares cambios del firmamento nos enseñaron qué es el tiempo y para qué sirven los relojes: el primero de todos, nuestro pulso; mas el propio corazón sufre alteraciones eléctricas que causan arritmias.

Hacia 1610, Andrés Fernández de Andrada escribió el bello poema senequista Epístola moral a Fabio , cuyos versos finales son: “Ven y sabrás al grande fin que aspiro / antes que tiempo muera en nuestros brazos”. El crítico Francisco Rico dice: el tiempo equivale aquí al pulso.

Las medidas del tiempo cósmico (el giro de los astros) y las del tiempo humano (el pulso) comparten la incertidumbre. Nosotros estamos en el medio: de la vida a la muerte.

  • Comparta este artículo
Entretenimiento

La incertidumbre de los astros

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota