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La historia de un cuento premiado de Myriam Bustos

Actualizado el 24 de febrero de 2013 a las 12:00 am

¿Cómo escribe? Sabremos hoy qué hubo detrás de un cuento ganador de un ‘Aquileo’

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La historia de un cuento premiado de Myriam Bustos

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Myriam Bustos Arratia logró la rara proeza de ganar (en el año 2005) el Premio Nacional de Cuento Aquileo J. Echeverría por un libro de cuentos de un solo cuento: Los ruidos y Julia , publicado con un estudio del poeta Antidio Cabal. Este domingo, Myriam Bustos –“narradora excepcional” la ha llamado Uriel Quesada– nos narra también el cuento de ese libro.

––¿Cómo creó la trama de su cuento “Los ruidos y Julia”?

–Una amiga que vive sola en un condominio me manifestó su incomodidad porque desde su departamento escuchaba, noche tras noche, los ruidos eróticos que producía su vecina del piso de arriba. Esa información me bastó para imaginar la situación de un hombre solitario cuya vida se ve perturbada por la actividad amorosa audible de una vecina a quien nunca ha visto.

–¿Hay continuidad entre este libro y sus obras anteriores?

–La continuidad propia de la obra de un mismo autor en materia de lenguaje, estilo, técnica narrativa, visión del mundo, preferencia por lo que sucede en el interior de cada personaje, empeño por desarrollar una situación capaz de despertar la curiosidad de cualquier tipo de lector, búsqueda de un asunto creíble desde el punto de vista de las reacciones humanas y esfuerzo por relatar la historia de una manera distinta de la tradicional.

–¿En qué se diferencia este libro de otros que ha publicado?

–En que la trama es absolutamente distinta de cualquiera otra de mis narraciones relacionadas con el amor y el sexo.

–¿Cuáles influencias sintió en la creación del cuento?

–No tengo conciencia de haber tenido otro influjo que no sea el de las situaciones que pasan por mi imaginación, que es muy dada a pensar en lo que puede ocurrir en las vidas de los otros cuando la gente se encuentra protegida por cuatro paredes y creyéndose a salvo de miradas y oídos ajenos.

–¿Tiene usted un lector imaginario para el que escribe?

–No: siempre que escribo, me abstraigo en tal forma con lo que imagino y convierto en texto, que no hay lugar en mi mente para pensar en un lector equis. Sin embargo, una vez terminada la escritura, me pregunto si la obra le irá a gustar a fulano, a perengano o a cualquier otro de mis lectores conocidos.

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–¿Presenta los originales a amigos antes de publicar un libro?

–No, jamás; pero debo confesar que sí lo hice antes, cuando comenzaba a escribir y sentía un enorme entusiasmo cada vez que terminaba de elaborar un cuento y me parecía que tenía algún valor. Sin embargo, nunca recurrí a un amigo o una amiga para someter mi trabajo a su opinión, sino únicamente a mi marido y a la sobrina que vivía con nosotros en Chile.

–¿Cuándo escribe?

–Cuando puedo: siempre he estado colmada por las obligaciones de todo tipo, de manera que debo robarles tiempo a estas para dedicarlo a mi literatura.

–¿Puede evitar la distracción?

–No, y ese es un problema: requiero soledad absoluta para escribir, y solo puedo hacerlo en mi casa y cuando están allí únicamente mis amados tres perros, que son muy respetuosos conmigo y no chistan siquiera en la tarde, horas que de vez en cuando puedo dedicarlas a esta delicada tarea.

–¿Rehízo partes del cuento?

–No. Probablemente sea este el único caso en que el relato salió como yo quería al primer intento. En él únicamente hice las necesarias correcciones formales.

–¿Cuándo y cómo corrige?

–Corrijo cada vez que releo partes o la totalidad del texto, a medida que voy escribiendo primero a mano, y luego durante el traslado a la computadora; en seguida, una vez, otra vez, otra, releyendo cuantas veces sea necesario. Cuando la obra se encuentra en proceso de edición, continúo perfeccionándola, y después, ya impresa, lamento no haber reparado oportunamente en algún detalle más.

–¿Cómo deben hablar los personajes?

–En este libro, porque el relato fluye en primera persona y el narrador sólo transcribe conversaciones en los capítulos finales, los personajes hablan como suele hacerlo la gente en las situaciones corrientes. Porque yo imagino el aspecto físico y hasta la manera de expresarse de mis personajes, los hice hablar, igualmente, de acuerdo con la experiencia que tengo acerca de los intercambios verbales comunes.

–¿Qué cambiaría en el libro si debiera escribirlo otra vez?

–Nada.

–¿Le interesan las críticas –favorables o desfavorables– que suscitan sus libros?

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–Por supuesto: la retroalimentación es siempre valiosa.

–¿Cuáles son sus libros?

–Mis libros son de tres clases: obras literarias, obras de crítica literaria y obras didácticas. Anotaré aquí únicamente las obras literarias, que pertenecen a tres géneros: cuentos, novelas y microficciones.

Los libros de cuentos son: Las otras personas y algunas más (1973, 1978), Tribilín prohibido y otras vedas (1978), Que Dios protege a los malos (1979), Del Mapocho y del Virilla (1981), Rechazo de la rosa (1984, 2008), Reiterándome (1988), El regreso de O. R. (1993), Cuentos para almas diáfanas (1995, 2003), De pluma y de plomo (1997), Aprendiz de investigador (1998, 2005), Una ponencia y otras soledades (1999), Objetos interiores (2000), Temas recurrentes (2002), Inefable animal humano (2003), Los ruidos y Julia (2004)

Las novelas son: Las otras personas, La tierra del Edén, Tábula rasa (1983); Traspié entre dos estrellas (segunda parte de “Los ruidos y Julia”) (2009). Las microficciones son: Cuentas, cuentos y descuentos (1995); Recuentos: más cuentas, cuentos y descuentos (1996); Microficciones (2002); Microvagancias (2005); Esto no tiene nombre: Microrrecurrencias (2007); Las cosas no son tan simples (2010); El mundo no es lo que parece (2012).

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