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Los hermanos Coen: cineastas del hombre común

Actualizado el 14 de febrero de 2016 a las 12:00 am

El cine de los hermanos Coen reconstruye los géneros cinematográficos y rinde homenaje al hombre común.

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Cambio constante. El cine de Joel y Ethan Coen se caracteriza por la maleabilidad con la que presentan cada historia y la facilidad para ir mutando de género fílmico. (New York Times para La Nación)

Para su primer largometraje, Joel y Ethan Coen realizaron un falso avance con miras a obtener el dinero para el financiamiento. Ese inicio truculento de su carrera como directores se convertiría en el sello distintivo de su filmografía. Diecisiete películas después –la más reciente, ¡

Ave, César !, se estrenará este año–, siguen deconstruyendo su obra a través de la desviación como recurso narrativo.

Nada en su cine es lo que parece, pues toda situación está abierta a ser reconstruida e interpretada conforme la historia avanza y el espectador no sabe qué sucederá.

Herederos de un nuevo cine estadounidense que forjaron nombres como Scorsese, Coppola o Malick y contemporáneos de David Lynch o Jim Jarmusch, los hermanos Coen supieron forjar su camino dentro y fuera de Hollywood. Su talento no está solo en la dirección, han coescrito todos sus guiones y editado la mayoría, bajo el seudónimo de Roderick Jaynes.

Su cine se nutre de constantes referencias cinematográficas, desde Busby Berkeley y Billy Wilder hasta Stanley Kubrick o Akira Kurosawa.

Reconstruir los géneros

El cine de los Coen se caracteriza por la maleabilidad con la que presentan cada historia y la facilidad para ir mutando de género fílmico, no solo de una película a otra, sino que también lo largo de una misma cinta.

En Simplemente sangre (1984) hacen una revisión al género noir, partiendo de la novela Red Harvest (1929), de Dashiell Hammett. La historia de un triángulo amoroso que deviene en varios crímenes, en la cual profundizan en la psicología y moral de los personajes, a través de una serie de equívocos que el espectador reconoce, pero los protagonistas no.

Barton Fink (1991), su tercer largometraje, enfatiza esta posición estética. La historia de un escritor de Broadway que es seducido, como si fuera Fausto, por un contrato en Hollywood; muta del cine negro a la comedia satírica y, luego, al cine de horror, con tintes surrealistas, al mejor estilo de Polanski o Lynch.

Barton (John Turturro) es un joven escritor recluido en su mente; tiene poco contacto con el mundo que lo rodea; esto se expresa visualmente en el hotel en que reside, donde solo se ve a otro huésped, el carismático Charlie (John Goodman). Sus problemas para escribir el guion que le han encomendado, hace que empiece a tener extrañas experiencias que parten desde el hotel en sí: un espacio alienante para hacer énfasis en su soledad; la habitación es un símil de su cerebro, reforzando la noción de estar dentro de sí mismo. Este aislamiento que acontece como una aparente locura, dialoga, conceptualmente con El inquilino (1976), de Roman Polanski.

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Mientras el espectador sigue la vida de Barton, el filme va cambiando de forma. Los Coen, mediante un travelling, conducen al espectador por un desagüe, solo para que descubra que los motivos noir dan paso al misterio hasta llegar al horror.

El gran Lebowski (1998), su comedia mejor lograda, es otro ejemplo del cambio estilístico en su cine y de la vocación para reconstruir los géneros. Parten de la estructura novelística de Raymond Chandler, lo parodian desde el título que refiere a su novela The big sleep (1939), para desplegar una historia hiperbólica, con personajes estrambóticos y situaciones hilarantes.

De forma similar filman El hombre que no estaba ahí (2001), la historia de un parco barbero (Billy Bob Thornton), narrada con voz en off, al estilo del cine detectivesco, pero que da espacio al humor absurdo y al crimen, con constantes giros argumentales que descolocan al espectador.

Sin lugar para los débiles (2007) es, en apariencia, más tradicional en su desarrollo, pero es solo un velo que pronto los directores corren. La ambientación, escenarios y vestuario remiten al western , aunque con la presencia de Anton (Javier Bardem), un impasible asesino, la película se mueve en el terreno del thriller .

El hombre común

Los personajes en el cine de los hermanos Coen son hombres comunes: cantinero, escritor, barbero, cazador, vendedor de seguros, comisario, músico, ladrones, prisioneros o el inclasificable The Dude.

Por medio de ellos, los realizadores exploran el territorio estadounidense en diferentes épocas “con la intención de buscar el sentido oculto tras las apariencias y desvelar la cara amarga del sueño americano que el cine de su país se encargó de alimentar” escribe Antonio Santamarina en su libro Joel y Ethan Coen editado por Cátedra.

Esta disección de la sociedad norteamericana va desde el Viejo Oeste a finales del siglo XIX en Valor de ley (2010), Mississipi en O brother , where art thou ? (2000) en los años 30; California en los años 40 en El hombre que no estaba ahí y Barton Fink , y en los 90 en El gran Lebowski . También Nueva York en los 50 en El gran salto (1994) y en los 60 en Balada de un hombre común (2013); Minesota en los 60 en Un tipo serio (2009) y en los 80 en Fargo (1996), o Texas en los 80 en Sin lugar para los débiles.

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La ubicación temporal de las historias también suele coincidir con eventos que han marcado la historia de Estados Unidos: la ley seca, el ataque a Pearl Harbor, la guerra del Golfo, la Gran Depresión, entre otros.

En esa coyuntura, el hombre común ve perturbada su cotidianidad y lo extraordinario invade su vida.

Esto se expresa mediante el recurso de la violencia, siempre presente en el cine de los Coen. Lo extraño no solo sorprende a los protagonistas, sino que también al espectador; en esto, los directores logran tejer una unión entre lo que ocurre en la ficción con los posibles paralelismos que hay del otro lado de la pantalla, gracias a que previamente el público empatizó con los personajes.

El cambio en el diario vivir coincide con la mutabilidad del género cinematográfico, estableciéndose una concordancia estética y argumental, en la que tanto la violencia como el humor negro son elementos que buscan enfatizar las problemáticas con las que se enfrenta el hombre común, víctima de la utopía del sueño americano.

Otro elemento que da unidad a la filmografía de los Coen, es el uso de un narrador en sus películas: un personaje dentro del filme que a veces coincide con el protagonista, como el barbero en El hombre que no estaba ahí . Puede ser también un secundario: el extraño en El gran Lebowski o el comisario en Sin lugar para los débiles . Todos son hombres comunes, testigos de los eventos que narran.

Entre las influencias que tienen los Coen no se pueden dejar de mencionar aquellas que se refieren al viaje: la Odisea de Homero y el Ulises de James Joyce. Y es que en su cine, los personajes terminan desplazándose, sea en busca de algo o de alguien, o huyendo de un destino que inexorablemente alcanzará.

Durante el mes de febrero, el proyecto Preámbulo estará realizando una retrospectiva sobre los hermanos Coen (véase recuadro). Todas las funciones son gratuitas.

Préambulo

El hombre que no estaba ahí se presentará este domingo 14, a las 7 p. m.; El gran Lebowski , el 18, a las 7 p. m.; Sin lugar para los débiles, el 20, a las 4 p. m.; Simplemente sangre , el 27, a las 4 p. m. Esta última tendrá un cineforo. Las proyecciones son en la Sala Gómez Miralles, en el Centro de Cine, detrás del INS, y la entrada es gratuita.

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