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Chat con el Premio Nacional Pío Víquez 2011

‘A mí me gusta la gente que no está de acuerdo conmigo’

Actualizado el 01 de febrero de 2012 a las 12:00 am

El periodista y escritor departió ayer con lectores por más de una hora

Contó anécdotas y respondió preguntas sobre periodismo, cultura y libros

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‘A mí me gusta la gente que no está de acuerdo conmigo’

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                         El también abogado y político atendió ayer preguntas durante más de una hora. Exalumnos suyos, colegas y hasta sus hijos se conectaron a La Naciónen Internet  para expresarle cariño y admiración. | JORGE CASTILLO.
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El también abogado y político atendió ayer preguntas durante más de una hora. Exalumnos suyos, colegas y hasta sus hijos se conectaron a La Naciónen Internet para expresarle cariño y admiración. | JORGE CASTILLO.

Se atrasó unos minutos y, aun así, un centenar de personas esperaron a Alberto Cañas Escalante.

Cañas visitó ayer La Nación para conversar con los lectores del periódico en un chat con motivo de su designación como Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez 2011.

“El periodismo no se puede dejar en manos de analfabetos. Lo que el país necesita son periodistas preparados, inteligentes y cultos, pero eso de convertir en periodista a cualquier hijo de vecino porque se le ocurrió decir ‘buenos días’ me parece demagogia”, contestó al preguntársele su opinión sobre el periodismo ciudadano.

Aquella fue tan solo la primera muestra de su verbo incandescente que, ya de por sí, era garantía de una buena conversación.

Sobre periodismo. “Los amarillistas no son los periodistas, sino los periódicos. En toda ciudad del mundo hay periódicos dedicados a los sucesos y tienen gran venta o circulación. Lo que pasa en Costa Rica es que los periódicos serios los envidian y tratan de acercarse a ellos. ¿Para qué?”, opinó Cañas, y agregó: “Un periódico no debe dar solo lo que la gente quiere ver, sino tener un concepto de lo que la gente debe leer”.

A partir de ese momento, las opiniones y los consejos se apoderaron de las palabras del profesor.

Según Cañas, los libros que todo periodista costarricense debe leer son Historia de Costa Rica, de Eugenio Rodríguez, Campaña del Tránsito, de Rafael Obregón, El espíritu del 48, de José Figueres Ferrer, La guerra de Figueres, de Guillermo Villegas, Pedro Arnáez, de José Marín Cañas, Murámonos Federico, de Joaquín Gutiérrez, Gentes y gentecillas o Mi madrina, de Carlos Luis Fallas, Cuentos de angustias y paisajes, de Carlos Salazar Herrera, y la poesía de Jorge Debravo.

Claro, también lanzó una advertencia: “Si lee solo cinco libros, no va a ir a ninguna parte”.

¿Cuáles son sus periodistas favoritos? “Siempre me ha sorprendido Rogelio Fernández Guell, asesinado por los Tinoco; como renovador del periodismo, José Marín Cañas, y, por su cultivo del idioma, Joaquín Vargas Coto”.

Sobre libros. Para este momento, Alberto Cañas ya era don Beto y la conversación giraba sobre el placer de leer y la literatura.

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¿Qué opina de los libros electrónicos? “A mí me gusta leer con un lápiz y garabatear para marcar un párrafo que me gusta. Por eso, me quedo con los libros”, contestó.

Tras una breve pausa, Cañas agregó: “Además, un libro es una cosa que uno ama. Cuando leo un libro, lo guardo porque algún día volveré a él, porque en ese libro hubo algo que quiero leer dentro de diez años para ver si me genera la misma impresión. Esas cosas no se pueden hacer con una pantalla”.

Confesó que hace poco releyó Los momentos estelares de la humanidad, de Stefan Zweig, y volvió a sentirse como aquel muchachillo de 16 años que asistía al Liceo de Costa Rica.

“Ese 3% de lectores está llamado a dirigir la sociedad porque son los que saben”, sentenció.

De leer, don Beto pasó a escribir. En este sentido, la obra que más tiempo le tomó escribir fue La Segua. Dedicó dos años a descifrar la psique de esa mujer tan bella.

“Está basada en un juicio de 1750, que narra Anastasio Alfaro en su libro Arqueología criminal, sobre unas prostitutas de Cartago a quienes acusaron de enloquecer a un teniente”, contó Cañas.

Pendientes y chisporroteos. Casi 300 personas se sumaron al chat, entre ellas sus hijos Daniel y Alberto. “Dígale a papi que estoy escuchándolo”, escribió Daniel. “Yo también lo estoy oyendo”, saludó Alberto.

Ya la charla estaba más distendida y Cañas se dejó decir que nunca escribiría sobre su vida privada, y contó la anécdota sobre la llamada que le hizo una exnovia a la que dejó por fuera de sus memorias. “’Querías que contara lo que hicimos en Ojo de Agua’, le contesté”, comentó entre risas.

¿Qué le falta por hacer a Alberto Cañas? “Morirse”, respondió con la irreverencia y el humor que caracterizan a un ser inteligente.

Chat completo:

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