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La fotografía de Ana Muñoz: un personaje más sobre el escenario

Actualizado el 26 de febrero de 2017 a las 12:00 am

Aporte fotográfico. La huella de la fotógrafa Ana Muñoz en las artes escénicas del país incluye más de 100 montajes en dos décadas de trabajo

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La fotografía de Ana Muñoz: un personaje más sobre el escenario

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Imagen para el espectáculo para el Día del Trabajador del Teatro del 2014. Fotografía: Ana Muñoz.

Ana Muñoz es una fotógrafa poco común: a ella no le interesa tanto la imagen como resultado final de un largo trabajo o investigación; en cambio, le importa mucho del proceso de creación de la puesta en escena y poner sus trabajos artísticos al servicio del teatro. La suya es una fotografía que adquiere sentido en escena cuando los espectadores la cargan de significados. Su trabajo es un personaje más en el escenario.

En más de 20 años de trabajo en las artes escénicas, la fotógrafa ha participado en más de 100 montajes, con lo cual se ha hecho un nombre en el medio nacional. De hecho, un libro de la colección Desde la escena , de ediciones Tinta en Serie, reconoce su aporte en el uso de las tecnologías en nuestro teatro.

Esta artista (especialista en la fotografía comercial y publicitaria) y docente en la Universidad Veritas ayuda a contar historias desde poéticas imágenes marcadas por una mirada sensible a los temas de género, de las relaciones humanas y de distintas luchas.

Conversamos con esta profesional, agradecida por todas las posibilidades que le ha dado la fotografía y el teatro.

–¿Cómo pasó de la foto comercial –la especialidad que estudió– a la artística? Parecen mundos diferentes.

–Son mundos diferentes pero sí se tocan. Volví a Costa Rica y empecé a trabajar con diferentes agencias de publicidad como freelance y un día una amiga, Roxana Ávila, me invitó a participar en un homenaje a Sor Juana Inés de la Cruz; allí vi a todas estas mujeres con las que me hemos trabajado, en diferentes momentos, y que siempre están vinculadas de alguna manera con el teatro: Sylvie Durán, Nerina Carmona, Roxana y conocí a María Bonilla. Enganchamos en la manera de trabajar, en la visión y en los intereses comunes que teníamos. Allí empezó todo; eso fue en 1995.

Cada fotógrafo tiene su definición y características para su trabajo. Para usted, ¿qué es la fotografía? ¿Cuál es la función?

–La fotografía es como un lapicero o una máquina de escribir; en realidad, es la herramienta. Hay algunos que decidimos contar historias o expresarnos a través de esa herramienta, como lo hacen otros a través de una máquina de escribir o de la pintura. Es la forma que escogimos para hablar; está al servicio de lo que uno quiera decir.

”Me interesó el teatro por lo efímero del teatro. No me interesaba en ese momento la permanencia de la imagen: el colgar una imagen en la pared y que eso fuera el punto final; me interesaba más la interacción y la forma en que nacían cosas nuevas a partir de la interacción con los actores y la interacción el escenario. Cuando uno pone una foto en el escenario, en función de un espectáculo de teatro, esa imagen se queda en el recuerdo de quien vio la puesta en escena y, a partir de allí, crece y gana nuevos significados dependiendo de aquel que la ve. No hay una definición fija de que esta foto significa esto o se queda en ese contexto, sino que, de alguna manera, sigue viviendo en la memoria de quienes vieron la obra y en las múltiples interpretaciones de los espectadores…, y todas las funciones son diferentes. Entonces, eso efímero del teatro fue lo que me llamó la atención y allí empecé".

–¿Eso efímero de teatro le llamó la atención por un deseo de darle permanencia o porque trabaja en esa misma línea?

–Es por trabajar en la misma línea de los efímero. En realidad, el planteamiento fotográfico que uno hace –en la forma que lo hace– muere con cada función y se convierte en otra cosa a partir de los espectadores. Ese recuerdo, esa interpretación, ya no es mía. Me interesa la impermanencia; una imagen es plurisignificativa en el sentido de que no determino donde termina la interpretación de esa imagen. Y como las funciones son vivas, cada una es diferente, esa imagen adquiere diferentes significados; eso va más allá de mi propuesta. Tal vez es que tengo poco respeto por la permanencia de la imagen. El discurso está vivo porque no tiene un punto final; parís la foto y de allí ella agarra vida propia sola; ya no es mía.

”La imagen nace con cada función debido a que hay una interpretación nueva. Eso me interesaba, pero no el hacer un juicio permanente porque uno está en constante cambio”.

–Se aleja de la idea de que la fotografía reproduce la realidad, de la idea de que documenta “la verdad”. Sus imágenes son construcciones, ficciones, mentiras creíbles…

–Tendríamos que definir la diferencia entre verdad y realidad... La foto, como yo la entiendo, siempre es una construcción, siempre es una ficción. Parte de la verdad de quien la construye y eso aplica a todos los géneros de la fotografía. La fotografía documental, como en el periódico, parte de un hecho real, pero, al final, siempre es la interpretación de aquel que toma la foto.

”A mí me interesa como una herramienta para crear estos mundos que tienen una apariencia de realidad, pero solo la apariencia; no quiere decir que no sean verdad”.

–También es un trabajo que ha tenido un carácter muy experimental...

–Cuando empezamos esto en el teatro, nadie lo estaba haciendo en Costa Rica. Fue todo un descubrimiento que esto creaba un lenguaje expresivo con el que se podían hacer cosas muy interesantes. Por supuesto, hubo que solucionar problemas técnicos; al principio, trabajábamos con proyector de diapositivas y hubo un momento en que había cinco proyectores en escena y uno corría de uno a otro. Conforme fue avanzando la parte tecnológica y digital, nos pasamos a videobeam y esto hizo un poco más fácil la parte técnica.

”La parte conceptual se mantiene igual; es un proceso creativo como cualquier otro. Nosotros empezamos con la propuesta de la obra; con algunos directores hay una forma de trabajo más dirigida, en función de qué necesita en escena, y en el caso de María y de otras personas es una colaboración desde la visión de cada una. Al igual que la luz y la música, uno hace propuestas partiendo de la obra y de los intereses personales de cada uno y el tipo de cosas que uno quiere crear y expresar”.

–¿Qué tipo de puesta en escena ha tratado de hacer en sus imágenes?

–Siempre se parte del espacio donde suceden estas cosas, se trabaja en conjunto con las necesidades de la obra en sí y se va proponiendo una solución visual a una idea que trabaja en conjunto con actores, luz, música y otros elementos que intervienen en el teatro. No es un trabajo que hago sola. En principio, hay una propuesta visual, me interesa trabajar este tipo de imagen, este tipo de estética, este tipo de contenidos, y conforme avanza el trabajo en los ensayos, aquello se va adaptando, va creciendo, va cambiando. Al final funciona como un todo.

Ana Muñoz es directora de la Escuela de Fotografía de la Universidad Veritas. Estudió diseño en la UACA y foto en Portfolio Center  de Atlanta.
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Ana Muñoz es directora de la Escuela de Fotografía de la Universidad Veritas. Estudió diseño en la UACA y foto en Portfolio Center de Atlanta.

–¿Cómo describe su mirada?

–Uno parte de los temas que le intrigan uno, de quién soy en el mundo que me tocó vivir. Es a partir de intereses específicos en cuanto a género, en cuanto a relaciones humana, en cuanto a maternidad, que tienen que ver con una mirada femenina, que es desde donde una observa el mundo. A partir de búsquedas personales que uno hace de igualdad, justicia, intolerancia… Son cosas que uno va aprendiendo o viviendo cuando se va conformando como ser humano; en algunos momentos, ha sido un poco más reaccionaria esa mirada, ha sido de queja y de plantear esas desigualdades y, en otros momentos, hay ciertas cosas que le dejan de importar. Si bien hay un tema que aparece en casi todas las imágenes, que tiene que ver con el género y cómo una se relaciona con él, en algunos momentos hay variedad en la forma de aproximarse a los temas dependiendo de lo que uno esté viviendo en ese momento.

”El trabajo personal da una plataforma para explorarse a sí misma y la constante puede haber sido el tema del género, siempre a través de todos los cambios que una va teniendo en la vida”.

–¿Cómo dialogan sus imágenes con el teatro? La imagen es otra de las voces, no la única como en una galería. ¿Cómo hacer para que no sean ilustración?

–Por lo general, justo eso es lo que no son, ilustraciones, sino complementos de la acción, del discurso que ya se está desarrollando en la escena. Los elementos que intervienen en la puesta en escena son diferentes voces. Las imágenes también tienen un papel; de pronto, pueden servir de ancla para algo que está sucediendo en escena, pero, al mismo tiempo, plantean un pensamiento sobre lo que se está diciendo en esa obra. En algunos casos –los menos– sí me ha tocado hacer cosas que son ilustrativas; en este caso, uno suple la necesidad de otro, pero no interviene tanto con su aporte creativo.

–¿Qué le ha dejado a la fotógrafa ese trabajo tan experimental con el teatro?

–Algunas veces digo que hacer foto es más barato que ir al psicoanalista. La mayoría de los temas que se tratan en estas puestas en que yo he participado tienen que ver con las relaciones humanas, ese discurrir, ese pensar, esas preguntas y respuestas lo hacen crecer a uno como ser humano. Uno no es la misma persona que empezó en la primera lectura de la obra, uno crece como ser humano.

–Después de más de 100 puestas en que ha intervenido, ¿qué ha sido lo más satisfactorio?

–Ese darte cuenta de que cuando uno empieza una obra y cuando termina, no sos el mismo ser humano; ese cambio es una de las cosas más ricas. El teatro me ha permitido conocer gente maravillosa, gente muy afín, y me ha llevado a viajar por el mundo. Realmente, el teatro ha sido muy bueno conmigo.

La fotografía de Ana Muñoz: un personaje más sobre el escenario
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La fotografía de Ana Muñoz: un personaje más sobre el escenario

–¿Cuál ha sido una de esas puestas en escena que la ha marcado?

La mujer que cayó del cielo , esa obra ha estado activa como 10 años. Es un tema que es mundial, sumamente humano: la diferencia, la tolerancia. Esa obra giró tanto y tuvimos la experiencia de que se viera en el norte, en el sur, por Europa; nos llevó por todas partes y encontramos historias similares. De alguna manera, el mundo se hizo más pequeño y estábamos todos más cercanos, eso le cambia a uno la vida, la visión del mundo, la visión del otro…

–Me llama la atención que usted habla poco de las fotografías como resultados y prioriza los procesos para realizar esas imágenes. ¿A qué se debe este énfasis?

–El proceso es lo importante, es lo que lo cambia a uno. Cuando la imagen está, para mí, deja de importar. Con Sussy Vargas, amiga cercana e historiadora, tenemos esta discusión constante porque yo, por lo general, no conservo nada, solo ahora que todo es digital y queda en el disco duro. La foto en sí como resultado final carece de importancia. Lo que me envuelve, me hipnotiza es la puesta en escena, es todo sucediendo allí y, cuando se apaga la luz y terminó la función, aquello ya no existe, quedó solo en la memoria ; es la experiencia de la puesta en escena. Lo que uno se lleva en esta vida son esas experiencias .

–Para muchos fotógrafos, el proceso es prioritario, pero está detrás de una imagen final, que lo vale todo...

–Si te das cuenta mi imagen final es el conjunto sobre el escenario. Tengo imágenes conceptualizadas para funcionar en el escenario; por aparte no tienen el mismo sentido. Usualmente, no fueron diseñadas para funcionar de forma independiente.

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Doriam Díaz

ddiaz@nacion.com

Editora de Entretenimiento y Cultura

Periodista y egresada de la Maestría de Literatura de la UCR. Se especializó en la cobertura noticiosa de temas relacionados con teatro, danza, música, literatura, artes plásticas, patrimonio y arquitectura. Editora de Áncora.

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