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El fin del mundo sigue

Actualizado el 05 de abril de 2015 a las 12:00 am

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No es bueno reírse de las profecías del fin del mundo –sobre todo si no han resultado– pues cualquier día puede ser el Fin del Mundo, y, después, ¡qué papelón! Sería muy incómodo entrar en la oficina que ya no existe para dar explicaciones sobre nuestro tonto escepticismo a los compañeros que ya no están.

Lo peor es que nos sería difícil pedir una segunda oportunidad, salvo que creamos en el eterno retorno, o seamos cofrades de alguna religión maya o hindú, pues todas estas imaginaciones postulan la recreación ad infinitum del universo . Tales creencias equivalen a exclamar en pleno meneo del fin del mundo: “¡Tranquilos, que esto no se acaba aquí!”.

La historia cíclica resulta como un servicio universal de ómnibus, de modo que, si se nos pasa el cataclismo de las 12, podemos esperar algunos eones por otra efusión de alaridos, muertes, sunamis, terremotos, saunas de lava y tormentas de fuego pues todo este espectáculo viene incluido en las promesas de salvación.

Después de mucho tiempo de no sonar en el Occidente, el mito del eterno retorno está de vuelta.

Un cultor del mito del eterno retorno (“Mit-Et-Ret” en adelante, aunque ya no lo mencionaremos) fue don Friedrich Nietzsche cuando se ponía muy griego (fue un asombroso conocedor del idioma de Platón).

Como se sabe, aunque no mucho, los griegos –pocos, pero sí quienes lo creían– pensaban que el universo se repetiría en cualquier momento, o, en el peor de los casos, que seguiría así como hasta ahora estaba ayer.

En el 2011, se garantizaba el fin del mundo para un día de mayo
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En el 2011, se garantizaba el fin del mundo para un día de mayo (Wikicommons)

Por cierto, esa continua remodelación del universo nos ofrece grandes ventajas; un ejemplo: más oportunidades para encontrar las llaves.

Quienes no compartían de buena gana el cuento del eterno retorno eran los troyanos porque les hacía muy poca gracia seguir perdiendo la guerra de Troya ad æternum en cada reencarnación del universo, y hasta con el mismo truco del caballo pues ya se lo sabían desde el cataclismo anterior: “¡Si al menos este otro Ulises inventase algo diferente...!”, pensaban. Los comprendemos.

El fin del mundo también incluye especialidades porque no brinda siempre el mismo grand finale . En algunos casos –los más impacientes–, cae una lluvia de fuego o se abre la tierra, y ya está. En otros casos, un profeta llega, juzga a la gente, incluso a la que ya ha muerto, e instaura un reino terrenal de felicidad para los buenos. Los otros se hunden en tormentos al escoger de sus malas acciones.

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Siempre hay muchos profetas que nos garantizan fines de mundo, mas, por alguna razón, no aciertan. Profeta es el falso profeta que aún no se equivoca.

Cuando los profetas fallan, como la profetisa Ercolina Sacan ( vide el libro de Mark Zerov Breve historia del fin del mundo , p. 276), algunos tornan a predecir, de modo que nos reprograman el fin del mundo cual si fuese cita médica: “Hoy no se acaba, mañana sí”.

Al fin de tantos falsos fines, el único fin que importa es el que podemos evitar cuidando este planeta, que no tiene retorno.

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