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La figuración perfecta de Juan Carlos Herrera

Actualizado el 08 de febrero de 2015 a las 12:00 am

Nuevos Retratos.  Juan Carlos Herrera ofrece 33 dibujos de figuras humanas en la Escuela Casa del Artista

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Dibujo de una “miniserie” femenina realizada con lápices de colores.

“Me gusta pero me asusta”, exclama una amiga ante su propio retrato. Parece que la amiga de Juan Carlos se inclina hacia la poesía –al menos, hacia las rimas de emergencia–, pero su retrato se inclina hacia una pared. En esta galería, algunos retratos ya están colgados, pero otros aún esperan elevarse a las alturas. En pocas horas se inaugurará una exposición de Juan Carlos Herrera, quien ya lo sabe todo de la pintura, menos algo que nunca aprenderá: pintar mal.

Como aquella joven, habría que ser retratado por ese genio para sentir el pavor que inspira el verse a uno mismo sobre un lienzo: siendo otro, desdoblado, flotante, como dicen que uno se ve cuando tienta a la muerte en las salas de operaciones.

Herrera ha abierto una exposición de 33 dibujos hechos con diversas técnicas en la Escuela Casa del Artista. Todos son obras figurativas: retratos y cuerpos de un realismo más lujoso que el de la realidad.

Series magníficas. Con 26 años, como si hubiese nacido –cual Minerva de la bidimensión– de la cabeza de Da Vinci o de Paco Zúñiga, con todas las armas de la pintura listas, Juan Carlos demuestra que es ya es el tremendo artista que será: uno de los números uno del arte figurativo costarricense. Juan Carlos es un artista que sabe dibujar: dos caracteres que ahora no suelen andar juntos.

“Mi arte es figurativo en sus múltiples técnicas, pero no me llamaría hiperrealista ni impresionista. ¿Que cuánto me toma hacerlas? Cada obra pide su tiempo: un día o semanas”, dice Juan Carlos.

Esta exhibición es la sexta individual que brinda Herrera. En el 2010, en la Rectoría de la UCR, ofreció Retratos, exposición compuesta por trabajos al óleo. La segunda muestra se tituló Retratos 2, y se abrió en la Rectoría en el 2011. Herrera también entonces brindó la exhibición Pinturas , en el Centro Cultural Figueres Ferrer, de San Ramón.

Igualmente en el 2011 (vaya año productivo), Juan Carlos comenzó un ciclo de cuatro exhibiciones que él llama Lo cotidiano. La primera exposición data de marzo del 2013, cuando ofreció Paisajes en la Galería Nacional: 15 óleos ambientados en calles, parques e interiores de San José.

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Retrato hecho con rapidógrafo y acuarela.
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Retrato hecho con rapidógrafo y acuarela.

La segunda exposición, de 18 acuarelas-retrato se montó en septiembre del 2013 en la Galería Siegfried Schosinsky, del Banco de Costa Rica. La tercera exhibición es la que acaba de abrirse, y la cuarta exposición de la serie Lo cotidiano se abrirá a fines de este año bajo el nombre de Retratos : obras de gran formato y ejecutadas al óleo.

Juan Carlos emplea diversos materiales: grafito, carboncillo, lápices de colores, “Pilot”, sanguina, tinta, pastel, tiza, acuarela y rapidógrafo –lo que no sabemos bien qué sea, pero suena muy moderno y puede averiguarse–.

Precisión, indeterminación. “Un artista no debe hacer todo igual”, opina Herrera, y es cierto: mejor es no buscar muchas constantes en estas obras. Algunas son minuciosas, acabadas, como los retratos de Mari (lápices de color) y de Kim; en este, Herrera empleó pastel seco sobre un boceto hecho con el mismo material.

Dibujo  en colores al pastel.  Las obras no llevan título.
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Dibujo en colores al pastel. Las obras no llevan título.

Otros dibujos son más sueltos, como si la prisa observase el reloj de Juan Carlos. Ejemplos son el retrato de Laura (tinta), de líneas casi geométricas, y un semidesnudo de Kim, en el que, conforme se alejan del rostro, los trazos pierden exactitud e insinúan un “principio de indeterminación”. A menos precisión, la mancha manda.

Pedro Parra, profesor de Diseño Gráfico de la Casa del Artista, afirma: “En las obras de Juan Carlos Herrera leo a un joven inquieto en búsqueda de las variables posibles en el dibujo. Se atreve con el color logrando excelentes resultados. Juan Carlos Herrera llegará a ser uno de los referentes en el dibujo en nuestro país”.

En algunos casos, Herrera ha empleado fotografías que él mismo toma y que le sirven para ejecutar los dibujos en su taller. En otros casos –“los más abocetados”, dice el artista–, trabajó del natural.

De esta última técnica, el ejemplo más llamativo es el dibujo al carboncillo que abre la muestra: Pablo, un amigo bailarín, posa de prisa, y el pulso impresionista de Juan Carlos vierte un claroscuro ansioso de luz, como si la mano del artista hubiese leído con pasión a Caravaggio; como si la luz, huyendo del Sol, ansiara la calma en las sombras de la habitación.

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En contraste con aquella prisa, un retrato de Mari se hizo solamente con lápices de color hasta conquistar una precisión hiperrealista –ese estilo que ofrece un mundo paralelo al universo–.

Entre amigos. Nueve retratos de formato pequeño nos devuelven las miradas de nueve amigos de Juan Carlos. La serie comenzó con un retrato Adriana ejecutado a la sanguina, un material (en barra) compuesto de óxido ferroso, que da varias tonalidades del rojo.

En algunos de esos retratos –como el de Steven– flotan pinceladas de acuarela: al azar, viviendo su vida sin ocuparse del dibujo y donando alegría a la mirada.

Ninguna obra lleva título, pero, en la conversación, el artista las identifica por los modelos que aparecen: estas figuras perfectas son el bosque de su amistad.

–En el dibujo de Juan Carlos noto la presencia –si no la influencia– de grandes dibujantes nacionales, como Francisco Zúñiga, Dinorah Bolandi y Raúl Aguilar, un artista algo olvidado. En cambio, Juan Manuel Sánchez era un dibujante “minimalista”, de trazo muy sintético –describe Esteban Calvo Campos, historiador del arte y coordinador de investigación de la Escuela Casa del Artista.

Maestría probada. La exhibición incluye series más pequeñas. Una se compone de bañistas –desnudos y semidesnudos– hecha con carboncillo y sanguina. Un retrato se da el lujo de mostrar al personaje hecho con sanguina sobre un papel también rojizo, y sin perder el contraste. El color del papel también es un color del artista.

Pablo reaparece en un retrato al pastel y a la sanguina, semicubierto con una tela blanca, como si vistiese de prisa una túnica romana: “cándida” (blanca) la llamaban los latinos. Pablo vuelve a retornar en un magnífico retrato al pastel, desafiante y en colores. El artista logra efectos de luz añadiendo leves toques de pastel blanco.

Tres cuadros de pequeño formato exponen manos de tres mujeres distintas, obras creadas con lápices de color. En su placidez, dos manos se cruzan y evocan las de ciertas madonnas renacentistas. Las mismas mujeres –tres jóvenes– aparecen a la par, de cuerpo entero, en colores violeta, naranja y rojo.

–¿Ha abandonado los temas de sus exposiciones anteriores?

–No. También pinto paisajes de ciudad. Todas mis series anteriores me han dado impulsos que aún sigo.

El director artístico de la Escuela Casa del Artista, José Edwin Araya Alfaro, opina: “Juan Carlos Herrera plantea su obra con capacidad y destreza gráficas. Retratos es una exhibición consolidada de un joven creador. Con rigor académico, Juan Carlos destaca la sutileza de la línea, el contraste con la mancha espontánea y fuerte, para ofrecer atisbos de vida en cada obra”.

Si a algunos nunca nos llega la inspiración, es porque siempre está de visita en el taller de Juan Carlos Herrera. El arte verdadero inquieta: “Me gusta pero me asusta” –cuando uno menos lo espera, salta la poesía–.

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