Entretenimiento

Literatura

El escritor Stanley Crawford es marinero a contracorriente

Actualizado el 27 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

Stanley Crawford Con una prosa dúctil y de ecléctico lenguaje, el autor estadounidense anticipa tendencias actuales

Entretenimiento

El escritor Stanley Crawford es marinero a contracorriente

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

This picture loads on non-supporting browsers.
Stanley Crawford ha trabajado en una comunidad agrícola desde los años 70. En el 2011, fue sujeto de un reportaje en The New York Times , que lo acompañó en la cosecha de ajo.

Cuando uno empieza a leer La bitácora del SS el Señora Unguentín, se percata de que ya está en altamar. El lenguaje de esta obra del estadounidense Stanley Crawford, publicada en 1972, recoge palabras, sonidos e ideas de todos los puertos por los que el barco del título peregrina. Desde que zarpa, empieza a diseñar su propia brújula.

El S. S. el Señora Unguentín es un barco imposible que sirve de hogar a una vida también imposible. En una barcaza diseñada para transportar basura, los esposos Unguentín viven durante 40 años alejados de la civilización.

La novela fue traducida por G. A. Chaves y Andrea Mickus para Ediciones Lanzallamas (2014) y tiene la forma de la bitácora de una embarcación, pero desprovista de fechas, horas, coordenadas y otros detalles que indiquen navegación o movimiento.

Juntos. El matrimonio Unguentín emprende una travesía que los lleva de costa a costa y a alejarse cada vez más entre ellos. Tras décadas a la aparente deriva, tras convertir el barco en una selva flotante, Unguentín se lanza por la borda y desaparece. Lo que nos queda es la bitácora de su esposa (¿prisionera?): confesión desbocada tras años de silencio.

Las oraciones de la señora Unguentín nos parecen extendidas a través del tiempo, estiradas por la corriente marina y repletas de sal. Son oraciones declarativas: la exposición de propósitos, recuerdos filtrados por el dolor, punzantes y, muchas veces, graciosísimas.

Hace unos años, Crawford explicó que, cuando empezó La bitácora... , estaba minando una veta descubierta por Gabriel García Márquez en Cien años de soledad . Crawford empezó a escribir este libro en 1969, justo antes de embarcarse hacia una vida lejos de las metrópolis literarias.

Desde los años 70, Crawford ha vivido con su esposa en una granja en Nuevo México, inmóvil, desinteresado por el éxito que quiso tener como escritor. Algunos de sus títulos han quedado descontinuados, pero resurgen cuando otra generación de autores estadounidenses lo encuentra –como Ben Marcus, quien prologó la última edición en inglés–.

Son siete novelas en cincuenta años (“Ahora considero quince años como el tiempo razonable entre concepción y ejecución, lo cual, por supuesto, no quiere escuchar ningún escritor joven”, dijo en BOMB Magazine).

PUBLICIDAD

Además, Crawford ha escrito una memoria de sus años como granjero, The Garlic Testament , y otros libros de memorias y sobre su trabajo diario. El próximo año se editarán dos libros más, según anuncia en su sitio de Internet.

La bitácora...  se encuentra en Libros Duluoz, Librería Andante y otras librerías.
ampliar
La bitácora... se encuentra en Libros Duluoz, Librería Andante y otras librerías.

Viaje. Cuando empezó a escribir La bitácora... , Crawford probablemente quería otra cosa muy distinta de la que terminó siendo. El autor dice que las voces narrativas son las que le van sugiriendo el desarrollo de la trama, sin limitarse por la forma, la gramática ni la estructura, y eso se nota en la historia de esta pareja.

Este libro es el de una mujer que se desahoga, se rehace y se entiende a través de lo que una relación da y quita. En cierto modo, los Unguentín experimentan con una nueva forma de relación para soportar la vida lejos del mundo habitable. Unguentín, opaco y alcohólico, “terminó siendo un cabrón feroz que me golpeaba hasta dejarme al borde de la muerte donde fuera que avistáramos tierra firme”, escribe ella.

Nada de esto quiere decir que sea un libro oscuro ni excesivamente pesado. Es una delicia de leer. Es triste y feliz a la vez: son párrafos deliciosos que uno quiere saborear palabra por palabra, sonido por sonido.

El uso de la bitácora es una técnica para crear verosimilitud en una situación extrema: tan extrema, que tiene que inventarse su propio lenguaje. Si para él y para la señora Unguentín parece placer y dolor desenmarañarlo, para uno, como lector, son dobles, porque todo es nuevo y el paisaje se recrea en cada página.

La novela puede ser rabiosamente ambigua –como Travel Notes y GASCOYNE, otras dos de sus novelas–, pero los nudos que sujetan sus vívidas emociones no se enredan solo porque sí. El ambiente marítimo, por sí solo, atenta contra la intención de cualquier aparato narrativo de contarlo y explicarlo todo –algo que Crawford no intentaría–.

La traducción meticulosa y atrevida de Chaves y Mickus preserva su capacidad para confundir y sugiere la multiplicidad expresiva de cada oración, volátil, frondosa y fértil.

  • Comparta este artículo
Entretenimiento

El escritor Stanley Crawford es marinero a contracorriente

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Fernando Chaves Espinach

fernando.chaves@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Coeditor del suplemento Viva de La Nación. Productor audiovisual y periodista graduado por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre literatura, artes visuales, cine y música.

Ver comentarios
Regresar a la nota