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El enigma del marfil en Centroamérica

Prueba definitiva. Se conservan restos de marfil traído a América Central por barcos esclavistas

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Los registros de los barcos (listas navales) consultados para estudiar el movimiento de esclavos africanos e indígenas, contienen mucha información sobre el marfil, denominado en ellas, en inglés, ivory o elephant’s teeth . Fueron cientos de colmillos de elefantes los que circularon como parte del cargamento desde África a América, pasando, en ocasiones, por América Central.

En los siglos XVIII y XIX, miles de elefantes fueron sacrificados para que sus colmillos fueran incorporados al comercio mundial. Cada colmillo pesaba unas 90 libras. En África eran llevados por los lugareños desde tierras interiores hasta los puertos, donde se cargaban en los barcos en los que también venían esclavos.

Procedencia del marfil. Entre 1688 y 1769, los barcos esclavistas procedieron de Angola, Cabo Verde, Guinea, Gambia y Senegal. Al alcanzar los puertos americanos –según las listas navales– transportaron también madera de tinte, caoba, cafeteras de brasso , malaquita, cera de abejas, ébano, pimienta, adornos varios, bienes británicos y esclavos africanos. Su dirección principal fueron los puertos de Charlestown (Carolina del Sur) y de Nueva York, aunque a veces pasaban por Bristol y otros puertos europeos.

Bóveda de marfil, cerca de 1890. Fotografía: Conneticut River Museum para LN.
Bóveda de marfil, cerca de 1890. Fotografía: Conneticut River Museum para LN. ampliar

Sin embargo, descubrimos que, en 1719, algunas de esas naves entraban por pasos de rutas de navegación marítima a las Antillas Menores, y llegaban a Barbados y Jamaica. Está claro entonces que hacían paradas antes de su arribo a Charlestown o a Nueva York.

Un caso se dio en 1722, cuando se informó de un barco provisto de colmillos de elefante que llegó a Nueva York desde Nueva Providencia, actual isla de las Bahamas. En 1736 se registran 800 colmillos de elefante contenidos en un barco que venía de África y que pasó a Port Royal, en Jamaica, antes de seguir a Charlestown. En 1753 se registró un barco con marfil, cuya ruta señala que llegó directo de Guinea a Jamaica.

La ocasión de esas paradas abría la posibilidad de recoger esclavos indígenas centroamericanos, capturados por los zambos mosquitos e intercambiados en Jamaica por otros bienes. Además, restos de barcos hundidos con cargamentos de colmillos de elefantes en Jamaica apuntan a señalar, con más fuerza, el paso de embarcaciones provistas de marfil hacia las islas del Caribe.

Entonces, sospechamos de que el marfil, como los esclavos, podría también ser objeto de trasiego allí, y, tal vez en otros puertos centroamericanos, como Omoa, en la costa caribeña de Honduras.

L los esclavos y e l uso del marfil. En África, el uso del marfil era común. Con la población africana esclavizada y traída a América, las islas del Caribe, las costas caribeñas centroamericanas –en especial las de Honduras y de Nicaragua, Costa Rica y Panamá– se vieron pronto salpicadas, aquí y allá, por poblaciones zambas, descendientes de africanos con indígenas.

Los esclavos africanos aportaron nuevas costumbres a los pueblos indígenas del borde caribeño centroamericano, las que se manifestaron en distintas zonas. Idiomas, religiones y otras prácticas se engarzaron; además, incluyeron prácticas europeas.

En Jamaica, desde 1688, destacó el aprecio de los pobladores por el dominó, el billar y los dados, juegos de origen europeo. Los esclavos asistían a tabernas donde podían jugar al dominó, que desde entonces se abrió espacio para convertirse en el juego nacional actual de algunas de las islas del Caribe.

En Jamaica, las casas de los más poderosos contaban con billares y mesas de juegos; además, había finos muebles incrustados con bellas figuras de marfil y de carey. Los aportes culturales se intercambiaban, y el carey era un bien que los europeos aprendieron a apreciar. Los esclavos africanos –como los de Zambese y de África Occidental– sabían cómo emplear el marfil para elaborar objetos como peinetas, pines y peines.

En 1688 en Jamaica, a solo 33 años de la toma de Jamaica por los ingleses, ya se describe un sector de artesanos especializado en la elaboración de peines. De hecho, de principios del siglo XIX datan instrucciones acerca de cómo tratar el marfil, el caparazón de las tortugas y el cacho de venado para la manufactura de peines.

En 1692 ocurrió un fuerte terremoto en Jamaica, que hundió Port Royal. No hace mucho, los buzos de la National Geographic Society rescataron peines de carey, finamente manufacturados y con una grabación en que se leen los números 1690, año en que fueron hechos. Por lo tanto, la costumbre de elaborar peines era también compartida por los esclavos africanos.

Marfil en Honduras. En el 2008 se realizó en Omoa un congreso de especialistas sobre la esclavitud africana e indígena en América Central. Al presentar allí los argumentos resumidos en los párrafos anteriores, concluí con la hipótesis de que la presencia de marfil era muy posible de localizar en ese puerto hondureño.

Esa hermosa noche, a la luz de la Luna en la fortaleza de Omoa, se me acercaron los arqueólogos Rosemary Joyce y Russell Sheptak , quienes habían excavado precisamente en el interior de la fortaleza. Me dijeron que al día siguiente buscarían entre sus materiales pues habían hallado algo que no pudieron identificar en el momento, pero que podría ser marfil. Efectivamente, eran trocitos de marfil.

Esa ha sido una de las ocasiones más interesantes para la disciplina histórica pues, junto con la arqueología, llegamos a comprobar la presencia del marfil en América Central. Recientemente me comentaron que han encontrado más piezas donde estuvieron las barracas de los esclavos, fuera de la fortaleza. Podríamos identificar marfil también en Nicaragua y en Costa Rica.

Marfiles y piojos. En general, los indígenas americanos han demostrado interés en arreglar sus cabellos. Guerreros, caciques, mujeres jóvenes, niñas, muchachos, empleaban distintos tipos de arreglos del pelo para demostrar status , poder o edad. Los pueblos indígenas hacían sus propios peines, unos de madera, otros de cuerno de venado, entre otros materiales. Con el arribo de los europeos fueron integrando los peines de marfil.

Los ingleses se habían afincado en el norte y en islas del mar Caribe, y regalaban peines a los pueblos indígenas. Por ejemplo, en 1754, en el este de los actuales Estados Unidos, se registra la entrega de doce docenas de peines de marfil.

En 1769, los zambos mosquitos de Honduras y de Nicaragua recibían peines de marfil de parte de los ingleses. En 1788 se registró la entrada en Matina, en un contrabando, de una docena de peines de marfil junto a veinticuatro más de cacho de venado.

Como se observa, las cantidades que llegarían hasta las elites de Cartago eran menores, lo que hacía que su precio fuese alto. Estos peines, llamados “marfiles”, se usaban especialmente para limpiar las cabezas de piojos, asunto que aún se recuerda.

Hoy día, los “marfiles”, aunque de plástico, mantienen ese nombre y se emplean con los mismos fines. Así, en el seguimiento dado a la circulación de los esclavos africanos e indígenas, hemos localizado rutas del marfil desde África a América Central en el siglo XIX. En Cartago, marfiles y esclavos africanos caravalíes, congos, y otros de Angola y de Guinea, fueron bienes de las elites.

La autora es historiadora y miembro de número de la Academia de Historia y Geografía de Costa Rica

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