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Los dragones viven entre la mitología y el cine

Actualizado el 28 de julio de 2013 a las 12:00 am

Viejos compañeros. Los dragones reaparecen en la imaginación a través del tiempo porque encarnan miedos fundamentales.

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El dragón ocupa un lugar privilegiado en la cultura por ser una bestia sumamente poderosa y temible. Matar a un dragón a menudo es la prueba más difícil del héroe, y así lo demuestran casos como los de Beowulf , San Jorge y Sigfrido . En algunas historias, los héroes alcanzan plenitud después de vencer a este monstruo; en otras, derrotarlo representa su último desafío. En todo caso, el dragón es una criatura tan portentosa que los mayores héroes deben vencer al menos uno durante su vida.

Los dragones chinos son una excepción puesto que su función es generalmente benéfica. Son representantes de la suerte, más similares a ángeles que a bestias. Hay mucho que decir al respecto, pero se podría mencionar como ejemplo que “Fuchur”, del libro La historia sin fin (1983; “Falcor” en las películas ) es heredero de esta tradición de dragones benéficos.

Serpientes y dragones. Desde tiempos inmemoriales, los seres humanos han usado a las serpientes como antagonistas. La serpiente es la gran enemiga de la humanidad en la historia del jardín del Edén relatada en el libro del Génesis . La serpiente gigante Apep, del antiguo Egipto, era vista como la malvada diosa del caos y la oscuridad que se oponía al dios del sol, Ra. una función similar cumplen las nagas (serpientes camboyanas) que hicieron guerra contra los espíritus del aire.

Cabe preguntarse si una serpiente de gran tamaño es lo mismo que un dragón: efectivamente, lo es. El propio término “dragón” proviene del griego 'drakwn' y se usaba para referirse a serpientes que saltan a la vista. En el Apocalipsis se escribe: “[...] y fue arrojado el gran dragón, la serpiente antigua que se llama el diablo y Satanás”. Se usan las palabras 'dragón' y 'serpiente' de forma indistinta.

Lo mismo sucede en la Teogonía (s. VIII a. C.), de Hesíodo, donde el monstruo Tifón posee “cien cabezas de serpiente, temibles dragones”. Además, el dragón que afronta San Jorge en La leyenda dorada (1260) era de Libia, una región famosa por sus serpientes.

Actualmente se favorece la imagen del dragón como un lagarto alado que escupe fuego, pero son esencialmente lo mismo serpientes monstruosas, como la Hidra de Lerna de los griegos, Yamata-no-Orochi de los japoneses y Iörmungandr de los nórdicos.

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Tiene mucho sentido que exista una relación directa entre las serpientes y la plenitud del héroe por el lugar que ocupan estos reptiles en la psicología humana.

Son ilustrativos los experimentos de los profesores de psicología Arne Öhman, del instituto Karolinska (Suecia) y Susan Mineka, de la universidad de Northwestern (Estados Unidos). Según ellos, el temor a las serpientes se adquiere socialmente como otros temores en humanos y diversos primates, pero con mucha mayor fuerza y velocidad.

Ambos investigadores encontraron que existe una predisposición natural “evolutivamente relevante” a temer a las serpientes, así como a otros factores de especial amenaza, como el fuego, las circunstancias que limitan el consumo de oxígeno, las criaturas de gran tamaño y las cosas que caen del cielo.

Grabado del japonés Youshuu Chikanobu que describe la pelea de Susanoo no mikoto contra Yamata no Orochi.
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Grabado del japonés Youshuu Chikanobu que describe la pelea de Susanoo no mikoto contra Yamata no Orochi.

Las serpientes ocupan un lugar privilegiado en nuestra psicología del miedo. Los dragones son serpientes voladoras gigantes capaces de lanzar fuego y veneno, y parecen ser una combinación de nuestros temores más profundos que realmente ponen a prueba el valor (en ambos sentidos) de los héroes.

El dragón está tan vinculado al miedo que su aparición siempre resulta espantosa. No se esfuerza por ocultarse, salta a la vista, e incluso desafía a sus enemigos con gestos horribles, como su mirada, su voz o su rostro.

En La Reina Hada (1590), de Edmund Spenser , Jorge teme al dragón, cuyos ojos se comparan con faros ardientes que advierten a los pueblos de enemigos armados. En la Teogonía , Tifón lanza un gemido que horroriza incluso a los mismos dioses. En La historia de Sigurd el Volsung y la caída de los Nibelungos (1876), de William Morris, el nombre del dragón, Fafnir, es reemplazado por “El Rostro del Miedo” al momento del combate.

Los ejemplos podrían multiplicarse pero el caso es siempre el mismo: el dragón se hace sentir a través del miedo.

Lo que guardan los dragones . Cuando el héroe mata al dragón, hace una conquista simbólica importante. Para matar a esta masa de temores, es imperativo que el héroe supere su propio miedo, demostrando su valor para alcanzar el destino que lo espera.

Convenientemente, el acto de matar al dragón deja al héroe un tesoro diseñado a su medida. Los dragones guardan reliquias, secuestran poblados o acumulan tesoros que son necesarios para que el héroe establezca su fuerza, gobierne sobre un reino u obtenga la libertad (o falta de ella) que viene con la riqueza.

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El dragón es una afrenta contra la naturaleza y, por tanto, el héroe no puede perdonarle la vida: debe morir pues la conquista del temor es todo lo que se interpone entre el héroe y su destino.

Cuando el héroe obtiene armas por vencer al dragón, estas siempre son de carácter sobrenatural y están diseñadas para proezas heroicas. La espada que Susanoo-no-Mikoto consigue es capaz de romper las espadas de los dioses, las flechas envenenadas de Heracles asesinan con un solo golpe, y el yelmo del espanto de Sigurd es insoportable a la vista de sus enemigos.

Cuando el héroe libera al pueblo sometido por el dragón, también alcanza soberanía sobre este. Tal es el caso de Zeus, quien perpetúa su gobierno sobre el Olimpo una vez que derrota a Tifón con el poder del rayo. Asimismo, en el Apocalipsis , el Jinete Vencedor obtiene dominio sobre la tierra una vez que derrota al Gran Dragón.

Las historias de San Jorge varían en ese aspecto. En La reina hada , del autor protestante Edmund Spencer, matar al dragón proporciona a Jorge el gobierno del Edén, mientras que en La leyenda dorada , del católico Jacobus de Voragine, matar al dragón permite a San Jorge evangelizar Libia. Santa Margarita, otra “matadragones” católica, repite aquel mismo patrón. Estos dos últimos no asumen el gobierno sobre sí, pero lo adoptan para Jesucristo y lo ponen en la posición de héroe.

La necesidad de los dragones. Cuando el héroe obtiene las riquezas del dragón, estas aumentan su poderío y sus opciones. Los héroes de El Hobbit (1937) alcanzan prestigio y preeminencia a partir del oro que roban al dragón rojo Smaug . El rey Beowulf garantiza el bienestar de su pueblo con el tesoro obtenido del dragón de fuego. Sigurd pasa de ser un príncipe sin tierras a un señor de los nibelungos luego de tomar el tesoro de Fafnir.

No obstante, los tesoros de los dragones suelen ser traicioneros y pueden condenar al héroe que los toma.

Cuando la misma historia es contada una y otra vez, se sabe que su mensaje es importante y sus enseñanzas resuenan en quienes las mantienen. ¿Cuál es entonces ese mensaje importante en las historias de dragones que provoca a repetirlas una y otra vez? Los dragones son necesarios para poder darle cara al temor y así poder afrontarlo. Las historias de dragones inspiran al lector a buscar su destino y a convertirse en una versión de sí mismo que pueda arrebatarlo.

Javier Viquez es Bachiller en Filología Clásica por la Universidad de Costa Rica y estudiante de la Maestría en Literatura Inglesa.

Gastón de Mézerville es Licenciado en Psicología por la Universidad de Costa Rica y estudiante de la Maestría en Literatura Inglesa.

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