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El doble nacimiento de la Escuela República de Chile

Actualizado el 20 de abril de 2014 a las 12:00 am

‘República de Chile’Desaciertos constructivos llevaron a levantar dos veces un edificio

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El doble nacimiento de la Escuela República de Chile

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Hacia 1910, al este de la calle del Turrujal –diagonal que unía de nordeste a suroeste la Estación del Atlántico con la futura plaza González Víquez–, empezó a gestarse un humilde barrio. Apenas trazado, a su cuadrante de nueve irregulares manzanas llegaron gentes a quienes los bajos precios del terreno y cercanas fuentes de trabajo, hacían atractivo el vecindario.

Pronto también, los vecinos empezaron a solicitar pajas de agua y electricidad para el sector. Fue entonces cuando dieron con una cañería que se encontraba “botada” en el plantel municipal, de donde, un viernes por la noche, la sustrajeron sin permiso y la conectaron en el caserío.

Informado del ilícito hecho el gobernador provincial, José Luján Mata, se fue de inmediato a indagar al Turrujal. Para su sorpresa, de primera entrada, se topó en el sitio un gran cartel que decía: “Bienvenido al barrio Luján”. Desde entonces –es de suponer que halagado–, el funcionario se volvió un activo colaborador en la adquisición de los servicios públicos de la barriada.

Recinto original de la Escuela República de Chile hacia 1927. Se desconoce el autor de la fotografía. Fotografía: Andrés Fernández para LN.
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Recinto original de la Escuela República de Chile hacia 1927. Se desconoce el autor de la fotografía. Fotografía: Andrés Fernández para LN.

Entre mirtáceas y maderas. Según Carlos Gagini (Diccionario de costarriqueñismos), turrujal es palabra derivada de ‘turrú’, un arbusto de la familia de las mirtáceas propia del Valle Central y que, cabe inferir, abundaba en aquel sitio al sureste del distrito Catedral.

Alejado del centro josefino, era un arrabal cuyas tierras eran consideradas malas para la agricultura por ser húmedas y arcillosas. Su desarrollo, entonces, vino con la construcción del tramo de la línea que uniría la estación del ferrocarril al Atlántico (1890) con la del Pacífico (1910), en alguna medida paralela a la dicha calle diagonal.

De ello se aprovechó la National Lumber Company para adquirir la finca más grande del sector, y el municipio josefino para construir las primeras calles y avenidas del futuro barrio. Aquella empresa maderera empezó así a vender lotes –con casa o sin ella–, a precios tan bajos como quince céntimos la vara cuadrada, con lo que el sitio empezó a definir su modesto perfil construido.

Los historiadores anotan Yanory Álvarez y Dennis Gómez: “La madera fue el material más utilizado en la vivienda popular […] por su bajo costo y por la facilidad de transporte desde la cercanía de los aserraderos ubicados en los alrededores del distrito Catedral. Por ello, en los barrios [como] Turrujal […] proliferaron este tipo de construcciones, además de que se edificaban más rápido; y generalmente […] había maestros de obras que podían llevar a feliz término la construcción” ( San José de antaño. Distrito Catedral ).

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Por otra parte, al amparo de la vía férrea, la ubicación en el sector de prósperos negocios que demandaban mucha mano de obra de entre las familias recién llegadas, fue trascendental en su desarrollo. Además de los citados aserraderos, estaban la jardinería Mil Flor –la empresa de floricultura más grande de San José–, así como la fábrica de cigarros de María Antillón, que contrataba gran cantidad de mujeres como “pureras”.

Honrando a Chile. Ya a principios de la década de 1920, la composición social del sitio se había ampliado. Por esto, en una entrevista realizada en 1998, el octogenario ebanista Víctor Castro Loría contaba que en el barrio Luján “había de todo, de todas las clases sociales, casas pobres [y] en algunos sectores casas buenas”.

No obstante, anotaba también que “en el barrio […] había mucho analfabeto, [y] la gente tenía que retirarse a otra escuela”, por lo general, a la primaria anexa al Liceo de Costa Rica. Sin embargo, una vez aprobado el nombre barrial por la Municipalidad, se formó su Junta Progresista, cuya primera tarea, a pesar de la escasa población, fue gestionar un edificio escolar propio.

De ese modo, el 20 de octubre de 1924, la Junta de Educación de San José compró el terreno ubicado al norte del barrio, sobre la avenida 12 bis y entre las calles 17 y 19. Adquirido el predio, fue la Secretaría de Educación por medio de la Oficina de Arquitectura Escolar, la que se encargó de diseñar y sacar a licitación la construcción de la escuela del barrio Luján.

Levantado entre 1925 y 1926 por el contratista Constantino Albertazzi y sus hijos, aquel fue un edificio imponente para la época y para el humilde lugar que lo albergaba; de una elegante arquitectura ecléctica y construido en bahareque francés. Esa técnica consistía en una estructura de madera recubierta con malla metálica y luego repellada con concreto; favorecía la velocidad constructiva y brindaba sólida apariencia a los inmuebles.

Inaugurada en marzo de 1927, para octubre de ese año la Junta de Educación josefina decidió llamarla Escuela República de Chile en reconocimiento a la ayuda que esa nación sudamericana brindaba a la nuestra en materia de educativa. Sin embargo, solo cuatro años después, la ilusión de los lujaneños con su bella escuela se vería frustrada pues la mala calidad de los materiales utilizados en su construcción dieron al traste con ella, hasta el punto de que debió demolérsela en 1932.

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Edificio definitivo de la Escuela República de Chile hacia 1933. El autor de la foto es anónimo. Fotografía: Andrés Fernández para LN.
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Edificio definitivo de la Escuela República de Chile hacia 1933. El autor de la foto es anónimo. Fotografía: Andrés Fernández para LN.

La nueva escuela. Encargado a partir de 1932 del Departamento de Construcciones Escolares y Edificios Públicos, fue el ingeniero-arquitecto José María Barrantes (1890-1966), quien entonces se hizo cargo del nuevo diseño arquitectónico y total reedificación en el mismo sitio.

Para ello, el diseñador se valió de una mezcla de los lenguajes arquitectónicos neocolonial hispanoamericano y Art Deco, resueltos en un tan armónico cuan señorial conjunto; edificado esta vez en concreto armado y ladrillo confinado, estructura metálica para los techos y acabados en madera, todo a cargo del personal del Taller de Obras Públicas.

La historiadora Sonia Gómez –que dedicó al edificio un relevante estudio– anota sobre su planta: “la distribución […] es en forma de ‘O’, con patio central. Se realiza a partir de pabellones longitudinales simétricos con amplios corredores alrededor de un patio. De los pabellones sobresalen, en la parte central, el cuerpo principal de acceso y el salón de actos. Los pabellones contienen cerca de veintidós espacios, en su mayoría del mismo tamaño, utilizados como aulas, oficinas o sala de reuniones”.

Al parecer, este fue el primer edificio escolar urbano de los muchos diseñados por Barrantes en los años sucesivos, y en él se nota ya el patrón que les imprimiría; se trata del simétrico modelo cuartelario aquí introducido por el conocido como Edificio Metálico (1892), un esquema reproducido luego por profesionales como Luis Llach y otros en sus diseños arquitectónicos escolares.

Todavía más que las del anterior, tanto la apariencia como la escala del nuevo inmueble contrastaban con las del barrio. Estrenada el 12 de octubre de 1933, la nueva Escuela República de Chile fue descrita así al día siguiente por La Prensa Libre : “El interior del edificio es bien amplio, con espaciosos corredores en donde los niños pueden efectuar sus juegos con gran desenvolvimiento. Las aulas son amplias, limpias y magníficas”.

“Todo en general revela una dirección acertadísima y sobre todo que se ha puesto al servicio de la construcción un aporte de buena voluntad y entusiasmo”. Pasados ochenta años desde aquella inauguración, aún cabe afirmar lo mismo de tan noble edificio josefino.

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