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La fina modestia de un pavo real

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En los Estados Unidos, el Día de Acción de Gracias es una bella tradición en la que todos dan las gracias menos los pavos. Desde el punto de vista darwiniano, el Día de Acción de Gracias es otra prueba de la evolución de las especies porque, en un solo instante, el pavo de la fiesta se transforma en pato.

No todos los pavos son iguales pues la zoología termina imitando a la humanidad como la naturaleza imita al arte. Cual los otros nobles, los pavos reales son pocos que se creen mucho.

Hasta cuando vuelan, los pavos reales miran por encima del hombro del ala a los otros pavos: la clase media de la especie, a la que se la reconoce ya que paga impuestos. Esa manía de los pavos reales es asaz peligrosa; además, es tonta pues, cuando se vuela y se mira por encima del hombro, no se ve a nadie.

Aunque los pavos reales se molesten cuando lean esto, debemos proclamar que son de bajos vuelos físicos e intelectuales: no se conoce un solo libro escrito por un pavo real (nos referimos a las aves).

Lo más ridículo es que, teniendo tan lindas plumas, los pavos reales no se dediquen todos a la literatura. Escribirían novelas de mucho colorido, y hasta tornasoladas, lo que sería inédito. Tal vez convenga esa inapetencia por la literatura en los pavos reales pues (como otros) acabarían cacareando su último libro.

No sabemos si los pavos cacarean o si hablan a gritos de otro modo; habría que averiguarlo, pero, más que los pavos, el tiempo vuela.

Hay pavos americanos, pero los pavos reales son originarios de la India y países de la localidad. En la India, los pavos reales son tan vanidosos que se creen vacas sagradas.

La vanidad es mala consejera, pero cobra poco; en cambio, ahora, los malos consejeros se han dedicado a vender consultorías.

La vida de los pavos ha interesado a ciertas personas, como James Chapin (1889-1964), quien –sobre todo de muy joven– fue niño prodigio. Lo único malo en él fue que no tocaba el violín, de manera que nunca sirvió para espantar a las visitas.

El pequeño James compensó tal defecto pues se dedicó al estudio de las aves, curso difícil de seguir ya que vuela. Chapin fue así uno de los mayores ornitólogos del siglo XX.

En 1915, en el Congo, un amigo regaló dos extrañas plumas a Chapin y le reveló que habían sido parte de un ave llamada ‘mbulu’, desconocida por los europeos. Muchos Viajes y 23 años tomó a Chapin encontrar al ‘mbulu’ ( Afropavo congensis ), único pavo real africano, si bien menos vistoso que el indio.

Tal ave revela una sorprendente inmigración: del sur del Asia al occidente del África en la era Terciario (Herbert Wendt: El descubrimiento de los animales , III, 9). De las otras especies de aves que viajaron así, muy pocas resistieron al “ultraje del tiempo” (Jorge Luis Borges dixit ). Un discreto pavo real obligó a rehacer teorías zoológicas con la apasionada ayuda de un niño prodigio que andaba mirando el cielo.

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